A
modo de introducción
Todos,
en cada una de nuestras acciones, nos vemos obligados
a tomar decisiones que afectan inevitablemente el entorno
que nos rodea. A veces las decisiones tomadas no son las
mejores, pero nos ayudan a crecer. Sin embargo, detrás
de cada una de ellas se libra una batalla personal, oculta,
que rara vez sale a la luz.
Quisiera
compartir con ustedes este cuento en el cual describo
lo que a mi juicio son los enemigos escondidos detrás
de cualquier decisión.
El
cuento
Caminar
el Desierto implica mucho más que la voluntad de
uno por emprender un viaje. No basta cargar la bolsa en
los hombros y de tanto en tanto vaciar la pesada carga.
No es sólo eso. Es, por el contrario, mucho más.
Es enfrentarse a peligrosas verdades, tan desconocidas
e incisivas como el puñal certero clavado en la
espalda por el traidor. Verdades que sin querer van desnudando
el alma del peregrino para mostrarle quién es.
– Caminar el Desierto es mucho más –le
habría dicho el viejo mercader de pieles a Amej,
en un alto en su ruta a la Ciudad de las Verdades Eternas.
– Prepara bien tus sentidos para ver y escuchar
cuando en tu camino se presenten las Tres Plagas del Desierto.
Inmundas cualidades de algunos seres despreciables, que
por propia decisión han perdido su rumbo y, cual
asquerosas sanguijuelas, chupan la sangre del caminante,
ávidas de codicia.
El
viejo mercader sabía de lo que estaba hablando.
Hizo una breve pausa, y bebió un largo sorbo de
vino agrio.
Muchos
años atrás, según cuentan las historias,
hubo un joven mercader que supo cruzar el Desierto como
ningún otro lo había hecho, en busca de
la Ciudad de las Verdades Eternas. Se decía que
para encontrarla, no importaba lo que uno caminara, sino
lo que a uno le tocara vivir en su trayecto.
El
joven mercader estaba preparado para cualquier vicisitud.
Su arma más poderosa –se decía–
consistía en un viejo bastón heredado de
un sabio peregrino que había logrado llegar a la
Ciudad.
Sin
embargo, como a todos, le llegó el momento de enfrentarse
con las Tres Plagas. Ese día el calor era insoportable,
el sol se hallaba en el cenit, y el oasis más cercano
se encontraba demasiado lejos. De pronto, una anciana
mujer de cabellos blancos se acercó, y con sus
manos arrugadas por el paso del tiempo le ofreció
una jarra de vino fresco.
–
La próxima vertiente se halla a tres días
de viaje, acepta este humilde ofrecimiento y bebe de mi
vino. Sin pensarlo aceptó la invitación.
Su aspecto le recordaba a su anciana madre.
–
En quién más puedo confiar –pensaba
el joven mercader, acostumbrado a las tretas de los ladrones
de pieles. Y así fue que bebió de su vino.
Al
hacerlo, el sabor del vino fue transformándose
en su boca, desde una suave caricia de notas frescas de
damascos al hiriente amargor del agrio vinagre. Luego
de que su lengua se hinchara, el desvanecimiento sobrevino
de inmediato. Mientras, la anciana se iba transformando
en un ser asqueroso y repugnante.
–
Pobre estúpido peregrino, tus pieles y tu dinero
ahora me pertenecen. Pronto me verás de nuevo;
y no te olvides, YO represento a las Tres Plagas del Desierto:
la Traición, la Cobardía y la Corrupción.
Hoy te ha tocado la Traición.
Y
así fue como la imagen de las Tres Plagas del Desierto
se marchó llevándose todo lo que el joven
mercader poseía. Su boca sería testigo de
su presencia. De ahora en más, cada vez que bebiera
un sorbo de vino, éste se transformaría
en vinagre, para recordarle que la Traición estuvo
alguna vez alojada en su boca. Desde entonces, el joven
mercader no ha hecho otra cosa que reflexionar acerca
de la Traición, la Cobardía y la Corrupción.
Amej
pudo reconocer en el viejo mercader las historias que
se contaban por ahí, y sin detenerse preguntó:
–
¿Cuéntame qué has reflexionado?
–
Amej, aún hoy continúo haciéndolo.
Sólo puedo anticiparte que la Traición es
la peor de las Tres Plagas del Desierto. Ella se lleva
lo más preciado que un hombre puede dar... su confianza.
Quien ha traicionado no tiene perdón, no existe
una forma de reparo.
–
Amej, no pongas el cuidado de tu esposa ni de tus hijos
en manos del cobarde, ya que carece del espíritu
necesario para enfrentar la más mínima adversidad.
La Cobardía es la hermana menor de la Traición.
–
Y por último, cuídate de la Corrupción,
impune Plaga que actúa entre las sombras, esperando
el momento oportuno para entrar y destruir todo lo que
toca.
Y
una vez dicho esto, se marchó. Y se cuenta que
Amej se sentó en la arena del Desierto para reflexionar
acerca de lo dicho por el viejo mercader; y hasta el día
de hoy no se ha encontrado a peregrino alguno que haya
podido dar muerte a estas Tres Plagas del Desierto.
Diego
Ferrero es Lic. Administración Agraria
y especialista en temas de reingeniería de procesos.
Es Director de MANUFACTURING PEOPLE, consultora especializada
en reingeniería de negocios. Su carrera profesional
se desarrolló como gerente de compras en La Salteña
S.A. y luego como gerente de abastecimiento en Pillsbury
Argentina S.A. Anteriormente trabajó como jefe
de compras en Refinerías de Maíz S.A. –División
Industrial–.