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HUMOR
LABORAL
Ya
casi nos habíamos olvidado de nuestra vieja y nunca
bien ponderada sección de Humor Laboral. Pero como
ya lo decíamos entonces, está bueno empezar
con una sonrisa.
El
perro y el carnicero
Un
carnicero estaba a punto de cerrar su negocio cuando vio entrar
a un perro. Trató de espantarlo, pero el perro volvió.
Nuevamente intentó espantarlo, pero entonces se dio
cuenta de que el animal traía un sobre en el hocico.
Movido por la curiosidad, el carnicero abrió el sobre
y en su interior encontró un billete de veinte dólares
y una nota que decía:
–
¿Podría mandarme con el perro un kilo de carne
molida de res y medio kilo de pata de cerdo?
Asombrado,
el carnicero tomó el dinero, colocó la carne
molida y la pata de cerdo en una bolsa, y puso la bolsa junto
al perro, pero olvidó darle a éste el cambio.
El perro empezó a gruñir y a mostrarle los colmillos.
Al
darse cuenta de su error, el carnicero puso el cambio dentro
de la bolsa. El perro se calmó, tomó la bolsa
en el hocico y salió del establecimiento.
El
carnicero, impresionado, decidió seguir al can y cerró
a toda prisa su negocio. El animal bajó por la calle
hasta el primer semáforo, donde se sentó en
la acera y aguardó con la bolsa en el hocico a que
la luz se pusiera en verde para cruzar. Atravesó la
calle y caminó hasta una parada de autobús.
El carnicero le seguía de cerca.
En
la parada, el perro vio llegar un autobús, se fijó
que no era el correcto y siguió esperando hasta que
llegó el autobús correcto. Subió al autobús,
seguido por el carnicero. El
carnicero, boquiabierto, observó que el can, sentado
muy correctamente en un asiento, miraba por la ventana con
atención, reconociendo el lugar donde debía
bajarse del autobús.
De
repente, el can se incorporó en el asiento y, erguido
sobre las patas traseras, tocó el timbre para bajarse,
siempre con la bolsa en el hocico. Perro y carnicero bajaron
del autobús. Caminaron por la calle hasta que el perro
se detuvo en una casa, donde puso las compras junto a la puerta
y, retirándose un poco, se lanzó contra ésta,
golpeándola fuerte. Repitió la acción
varias veces, pero nadie atendió al llamado del perro.
En
el colmo del asombro, el carnicero vio al perro tomar la bolsa
con el hocico, rodear la casa, saltar una cerca y dirigirse
a una ventana. Tocó con las patas el vidrio de las
ventanas del baño varias veces sin soltar la bolsa;
y regresó a la puerta de la casa.
En
ese momento, un hombre abrió la puerta y comenzó
a golpear al perro! El carnicero corrió hasta el hombre
para impedirlo, diciéndole:
–
Por Dios, amigo, ¿qué está haciendo?
¡Su perro es un genio, es único!
El
hombre, evidentemente molesto, respondió:
–
¡Qué genio ni nada! Esta es la segunda vez
en esta semana que al muy estúpido se le olvidan
las llaves, y yo en el baño!
MORALEJA
Por
más que te esfuerces y cumplas más allá
de tu deber en el trabajo, a los ojos de tu jefe siempre estarás
por debajo de lo que él espera de ti.
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PALABRAS
PERSONALES
¿Quiere
que su empresa vuele?
Simplemente, imite este ejemplo. Si puede.
Me
impactó profundamente un breve reportaje a Herb Kelleher
aparecido en la edición de enero-febrero de la revista
Gestión. Kelleher es el fundador y ex CEO
de Southwest Airlines, una empresa aérea con una flota
de más de 500 aviones, que realiza más de 3.300
vuelos diarios.
El
reportaje gira en torno a las “claves del éxito”
de su compañía, tanto como de su estilo de liderazgo.
Contrariamente a la corriente dominante en el pensamiento
managerial, que coloca al cliente en primer lugar, sosteniendo
que toda la gestión de las empresas y de su personal
debe estar orientada a una excelente atención al cliente,
Kelleher dice –casi con enojo– que lo más
importante y más valioso son las personas que trabajan
en la propia compañía. Incluso por encima del
cliente. O al menos por encima de muchos de éstos.
“No
respetaría a mi gente si dijera que el cliente siempre
tiene la razón –reflexiona Kelleher–. Hay
clientes insolentes, que tratan mal a nuestros empleados.
No tienen razón y no queremos darles ningún
servicio. No toleramos que abusen de los empleados”.
¿Y
cuál es la clave? ¿Cómo implementar un
programa, una política, un plan de acción, desde
la empresa, para que esta manera de pensar genere buenos resultados
para la compañía? ¿En qué escuela
de negocios se aprende? ¿Cuánto dura el curso
y cuál es el precio?
Respondiendo
a una de las preguntas de la entrevista, Kelleher ofrece una
pista del camino a recorrer para que cualquier organización
–grande o pequeña, de alcance local o global,
de servicios o de bienes de consumo– pueda alcanzar
el éxito en la implementación de un efectivo
plan que coloque a las personas que trabajan en ella en el
primer lugar, y que eso se traduzca en beneficios para la
empresa.
Kelleher
explica, no obstante, antes de revelar la clave, que Southwest
Airlines dejó de lado, hace ya un tiempo, unos programas
que desarrollaba periódicamente, y a los que asistían
empleados de gran cantidad de empresas de alrededor del mundo,
en los que la gente de Southwest Airlines intentaba transmitir
y compartir su manera de hacer las cosas. Algo parece que
fallaba en esos programas, porque –según lamenta
Kelleher– la gente “llegaba a la conclusión
de que era una idea muy difícil de implementar”.
Es
curioso. Es realmente muy curioso. Uno creería que
la fórmula revelada por Kelleher –la reproduciré
unas líneas más abajo– debería
ser fácilmente comprensible para cualquiera con un
nivel de formación muy por debajo de un MBA. De hecho,
hay personas con muy poca escolaridad que pueden entenderla.
Y no parecen necesarias grandes competencias gerenciales ni
planes demasiado sofisticados.
Me
pregunto –con asombro y preocupación– hacia
dónde marcha nuestra sociedad si las personas que están
al frente de organizaciones humanas no son capaces de sintonizar
la única frecuencia que puede conducirnos hacia un
futuro sustentable.
“Querían
conocer la fórmula –dice Kelleher para explicar
lo que sucedió con aquellos programas–. Pero
el enfoque humanista del buen trato a la gente debe nacer
del corazón”.
Hasta
pronto, y que Dios nos ayude.
Esteban
Owen
Editor
esteban.owen@serhumanoytrabajo.com
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PARA
PENSAR
Los
jefes que no amaban a sus empleados
Por José Manuel Arribas Vargas
“Cuán
gritan esos malditos, pero mal rayo me parta, si en concluyendo
este informe no pagarán caros sus gritos...”.
En
estos pensamientos “tenorios” se encontraba
Jaime Salmón, Director General de una multinacional
española, mientras cerraba el informe para la memoria
anual de su empresa.
A
Jaime le gustaba utilizar frases o párrafos de obras
o novelas, e incluso de películas. Le ayudaban a
centrar situaciones reales, le reconfortaba usarlas como
inicio de sus pensamientos y razonamientos, muchas veces
pensaba cómo actuarían los autores de las
mismas en las situaciones profesionales que él vivía.
Le
atraía la figura de Alatriste, cuando le definían
como un “hombre valiente”; así le gustaba
que le consideraran los demás. Cercano a los 50,
estaba en la plenitud de su carrera profesional y la cosa
pintaba bien, todavía tenía mucho trecho por
recorrer. Se consideraba un buen manager, incluso publicaciones
especializadas de prestigio le habían calificado
como “ejecutivo del año”.
Le
definían como un ejemplo de liderazgo, cumplía
con todas las competencias necesarias y requeridas para
este perfil, no sólo con las técnicas. Se
le consideraba un buen orador, dirigía y controlaba
de manera eficaz la gestión y planificación
de su empresa, y conseguía cumplir con los objetivos
y resultados que se establecían anualmente en el
Consejo.
Pero
algo le estaba inquietando según repasaba la Memoria
Anual. Fuera de su despacho, se oía en la lejanía
cierto jaleo. De repente recordó que era el cumpleaños
del Director de Operaciones, y que éste le había
dicho que iba a dar una copa para celebrarlo con los Jefes
de Departamento y con el resto del equipo.
Seguía
repasando el Informe, los ratios eran incluso mejores que
los que habían reflejado en el “budget”
de primeros de año, pero había una cifra que,
cuanto menos, le causaba estupor. Se suponía que
las condiciones de retribución de su Compañía
estaban muy por encima de la media, la actividad no sólo
se estaba manteniendo, sino que crecía, los planes
de desarrollo eran insuperables para la época que
se estaba viviendo, pero estaban teniendo resultados muy
diferentes las personas de un departamento y de otro, se
estaba desaprovechando mucho talento con los costes y esfuerzos
que esto suponía.
Le
tranquilizaba, aunque no le consolaba, que en Operaciones
estaba la plantilla más estable, con resultados óptimos,
y eso ayudaba a que la producción no se resintiera,
pero algo estaba fallando...
Los
ruidos poco a poco iban siendo más sonoros, y eso
le impedía concentrase en su trabajo. Tenía
dos opciones, la primera llamar a su secretaria y comunicarle
que no estaba en contra de esas celebraciones, pero que
no era necesario que pareciera la “copa de Navidad”;
o salir, brindar con el homenajeado y disimuladamente cortar
la fiesta.
Se
decidió por esta segunda. Se puso su chaqueta, se
apretó el nudo de la corbata y abrió la puerta.
Mientras
se dirigía hacia la fiesta comprobó cómo
el ambiente que se respiraba era distinto a los eventos
de la Empresa en los que él participaba. La atmósfera
que rodeaba el evento era más propia de amigos que
de compañeros; en el centro estaba el Director de
Operaciones bromeando con algunos ingenieros de su equipo.
A
Jaime le llamaba la atención la forma que tenía
su Director de gestionar a su equipo. Este le respetaba,
pero a la vez tenía un trato muy cercano, y era incuestionable
que los resultados de su división eran de los mejores.
Su
primer impulso de participar en la fiesta y hacer que se
disolviera lo antes posible, fue frenado por otro mayor,
su curiosidad por ver cómo se comportaba su Director
de Operaciones con el equipo.
Por
primera vez, sintió cierta torpeza, ya que por mucho
que observaba no sacaba nada en claro, no entendía
cómo conseguía ese ambiente con su equipo
y cómo cuando estaba en pleno zafarrancho, éste
funcionaba mejor que cualquier cuerpo de élite.
Decidió
volver a su despacho y llamó al móvil de su
Director, le dijo que sentía no poder acudir a su
fiesta, pero que le gustaría poder felicitarle personalmente
cuando terminara. Para ello le esperaba en su despacho.
Intentó
volver a su trabajo, y al final, con mucho esfuerzo consiguió
abstraerse de la fiesta y volver a su concentración.
A
la hora, el Director de Operaciones apareció en su
despacho, fue felicitado cordialmente por Jaime, y antes
de marcharse le dijo:
-
Algún día me tienes que explicar cuál
es tu secreto con tu equipo-.
El
Director se dió la vuelta y le dijo con total tranquilidad
y firmeza:
-
¿Has leído la trilogía de Millennium?
–
Sí -le contestó Jaime-. ¿Por?
–
¿Sabes qué es lo opuesto al amor?
–
¿Qué quieres decir? -preguntó de nuevo
Jaime.
–
Lo opuesto al amor no es el odio, es el miedo, y eso hace
que las personas se distancien de las personas cuando no
las consideras como un igual a ti. No me refiero a nadie
en especial -puntualizó el Director-, pero si me
lo permites, quería plantearte algunas cuestiones:
-
Puedes
tener a la gente en cuenta o contar con la gente. Si te
decides por lo primero, lo óptimo es cumplir, en
el mejor de los casos, con el presupuesto. En el segundo
caso, dotarás a tu equipo de poder para conseguir
resultados más altos que los establecidos en los
presupuestos.
-
Puedes
tener la cultura de que el error es igual a fracaso, o
puedes establecer que el error es una oportunidad de aprendizaje.
En el primer caso, tu gestión se basará
en la exigencia, y en el segundo en buscar la excelencia.
-
Puedes
gestionar a tu equipo bajo el paraguas de la obligación
o del compromiso. En el primer caso, las cosas se hacen
porque se tienen que hacer, y en el segundo caso las cosas
se hacen porque es de nuestra incumbencia hacerlas bajo
la responsabilidad que hemos elegido.
-
Puedes
gestionar creando expectativas, o puedes gestionar de
manera abierta, con peticiones y ofertas. En el primer
caso, sólo tú sabes lo que quieres que ocurra,
y en el segundo caso comunicas abiertamente lo que quieres
que ocurra, con la aceptación o no de tus planteamientos,
y con la posibilidad de reformular los compromisos.
-
Puedes
discutir o puedes dialogar. En el primer caso, partes
de que tú tienes razón, y en el segundo
admites que existe lo tuyo y lo mío, ambos pueden
ser igual de válidos.
-
Puedes
rodearte de mediocres y así establecer la jerarquía
y el liderazgo, o puedes rodearte de los mejores y tu
liderazgo se base en la autoridad que te da tu equipo,
en base a la confianza que generas en el mismo.
-
Puedes
escuchar simplemente o puedes escuchar empáticamente;
si actúas de manera empática te será
más fácil darte cuenta de lo que sienten
los demás, saber cómo les está afectando
lo que digo o hago, o lo que otros dicen o hacen.
El
Director de Operaciones se mantuvo en silencio. Sabía
que Jaime era una persona inteligente y que en ese momento
estaba reflexionando sobre lo que había oído.
Hacía rato que ya no quedaba nadie en la oficina,
y sólo se oía el aspirador lejano de algún
limpiador de turno de noche.
Jaime
entendió que lo que le habían dicho era una
forma de gestionar diferente y que iba a necesitar ayuda
si quería ponerla en marcha.
– ¿Puedes desarrollar un poco más estas
ideas y presentarlas mañana, por la tarde, en el
Comité de Dirección? -le preguntó Jaime
a su Director.
–
Estaré encantado de poder poner estos planteamientos
en “código de acción”. Mañana
por la tarde lo tienes.
Se
despidieron y Jaime se quedó unos minutos más
recogiendo. Se sorprendió sonriendo para sus adentros
y pensó: “Mañana será otro día”.
José
Manuel Arribas Vargas, es Director en la Consultora
Persona.
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CAPACITACION
Y FORMACION EMPRESARIAL
Capacitación
o Coaching, ¿cuál elegir?
Por Pablo Buol
En
la actualidad existe gran cantidad de experiencias y estudios
que ponen de manifiesto que, en el ámbito empresarial,
el coaching es una efectiva estrategia para potenciar la
productividad, la motivación y la mejora general
del clima laboral.
¿Qué
sucede, entonces, con la capacitación tradicional?
¿El coaching viene a reemplazar a la capacitación?
¿Cómo obetener un mejor rendimiento de la
inversión? ¿Cuándo conviene capacitar
y cuándo hacer coaching?
Si
consideramos que el coaching, en su esencia original, está
orientado a modificar comportamientos, hábitos, creencias,
paradigmas, entonces podemos afirmar que el coaching no
es una herramienta de capacitación, porque lo que
busca lograr es una transformación de la persona,
el equipo o la empresa, mientras que la capacitación
se dirige a desarrollar conocimientos, técnicas,
procedimientos.
El
supuesto básico de la capacitación es que
existe una verdad, una forma correcta de hacer las cosas,
y son los expertos quienes la “poseen”. En este
sistema los “alumnos” son ignorantes, y el proceso
educativo consiste básicamente en “traspasar”
el conocimiento de los expertos a los ignorantes.
El
coaching, por el contrario, propone que quien debe encontrar
las respuestas adecuadas para el asunto que lo inquieta
es el propio sujeto. La diferencia relacional y emocional
que ambas metodologías generan es abismal. En un
caso, las personas son vistas como cajas vacías que
deben seguir instrucciones predeterminadas; en el otro,
como fuente de conocimiento.
En
otras palabras, la capacitación implica la transferencia
de habilidades y conocimientos al cliente. El profesor es
el experto. En el coaching, el coach no es el experto, el
coaching no da respuestas, sino que hace preguntas, investiga
junto al cliente. El entrenador explora el presente y diseña
el futuro junto al cliente, quien aprende en el proceso.
Podemos
afirmar que la capacitación tradicional sigue siendo
fundamental en el desarrollo empresarial. Es importante
implementar procesos de capacitación cuando debe
aprenderse una nueva técnica o incorporar nuevos
conocimientos. Por ejemplo, la implementación de
un nuevo sistema informático, el lanzamiento de un
nuevo producto al mercado, adquisición de nuevas
maquinarias, ampliación del negocio, profundización
de un idioma, etc.
En
cambio, el coaching tiene mejores resultados cuando lo que
se busca es desarrollar competencias, o sea, un cambio de
actitudes. Por ejemplo, mejorar la comunicación,
el trabajo en equipo, desarrollar la motivación o
el liderazgo, son procesos de transformación de actitudes.
Para el desarrollo de estas competencias no alcanza con
adquirir conocimientos conceptuales. La persona o el equipo
deben estar activos en su desarrollo, explorando y sorteando
las dificultades y los obstáculos individuales, grupales
y del contexto.
La
capacitación está orientada al aprendizaje
de temas concretos, en cambio el coaching está orientado
a desarrollar las acciones necesarias para lograr determinados
resultados.
La
capacitación y el coaching juegan un rol preponderante
en la empresa. Y ambas estrategias pueden aplicarse simultaneamente,
tanto sea en forma individual como grupal, ya sea por profesionales
internos o externos a la organización.
Tanto
la capacitacion como el coaching pueden realizarse tanto
en forma individual como grupal, para solucionar un problema
actual (reactiva) o para mejorar el desempeño (proactiva),
puede realizarse tanto por personal interno de la empresa
como por consultores externos. Lo esencial a tener en cuenta,
tanto en unas como en otras, es que sirvan a la estrategia
y los objetivos organizacionales y, a su vez, que agreguen
valor a la persona o al equipo que se está capacitando
y/o entrenando.
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PROGRAMA
INTERNACIONAL A DISTANCIA (ONLINE)
Formación
en Coaching Empresarial
Consultoría y Capacitación Organizacional
INSCRIPCION
ABIERTA HASTA EL 3 DE MARZO DE 2010
El
Coaching Ontológico es una disciplina emergente
que permite colaborar con las personas, los equipos
y las organizaciones para que se hagan cargo de
los nuevos desafíos que nos presenta el mundo
actual, cambiando aquellas prácticas que
les causan inefectividad y malestar, por otras que
permitan generar entornos de confianza y entusiasmo,
incrementando la calidad y la efectividad en los
distintos ámbitos de la vida cotidiana.
Es
un programa de formación profesional de Coaches
Ontológicos orientado a generar un proceso
de transformación personal y profesional,
aumentar nuestro poder de acción a través
del desarrollo de la capacidad de aprendizaje, habilidades
de inteligencia emocional y de destrezas de creatividad,
liderazgo y comunicación efectiva, que permiten
formar entrenadores profesionales que pueden desempeñarse
en el ámbito personal y organizacional.
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REPORTAJES
Conversando
con Tim Sieck:
“La gente no renuncia a su empresa,
renuncia a su jefe”
Reportaje
por Alejandro Formanchuk
En
una charla con Alejandro Formanchuk, el Director Consultant
de Novations y especialista en Gestión y Desarrollo
de Talentos repasa las claves a tener en cuenta para motivar
a las personas de acuerdo con sus perfiles personales. >>>
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FORMACION
EMPRESARIA
Capacitación
o coaching, ¿cuál elegir?
Por
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Una
tendencia muy usual en la actualidad es priorizar el coaching
en reemplazo de la capacitación. Pero, ¿cuáles
son los escenarios y las razones que hacen que una u otra
técnica sean preferibles? >>> Lea
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una estrategia de marketing interno
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Inteligencia
Exitosa:
el arte y la ciencia de alcanzar objetivos (I)
Por
Abel Cortese
La
Inteligencia Exitosa es definida como la habilidad intencional
para adaptarse a diferentes ambientes, moldearlos y seleccionarlos
para lograr propósitos propios o compartidos. >>>
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MAILS
DE NUESTROS LECTORES
EN RESPUESTA A NUESTRAS PALABRAS PERSONALES
EN EL NEWSLETTER ANTERIOR
¿Valores
trascendentes
para empresas intrascendentes?
He
tenido la oportunidad de leer un artículo que usted
publica bajo el nombre de ¿Valores
trascendentes para empresas intrascendentes?
Quisiera aprovechar por ello la oportunidad de expresar
algunas reflexiones al respecto.
Me
parece interesante y sugestivo el tema a tratar y de hecho
creo que tiene hondas implicaciones para la posterior
pregunta en torno a la relación existente entre
esa trascendencia y la aclamada eficiencia a la que se
le rinden tantos tributos, muchos de ellos contrarios
a lo que demanda la trascendencia misma.
Sería
muy interesante que pudiera ahondar su investigación
al respecto averiguando por el desarrollo del concepto
“persona” tal como lo ofrece una correcta
antropología cristiana. Resulta ser que en mis
estudios me he encontrado que lo que define o da esencia
al concepto persona está vinculado a la dimensión
de “relación”. El ser humano es por
naturaleza un “ser en relación”. Esto
lo “lanza” al reto de buscar ser persona y
por ello se puede decir que se es más persona en
la medida en que se vive con profundidad y coherencia
lo que demanda esta dimensión de la existencia.
Me parece oportuna esta reflexión sobre todo en
la medida en que este paso de salir de sí mismo
(lo cual supone una previa y profunda relación
consigo mismo muy difícil para el mundo de hoy
en medio de incompletos y errados prototipos de aproximación
a sí mismo) está, a mi modo de ver, estrechamente
vinculado a la experiencia de trascender, salir de sí
mismo a la búsqueda de una experiencia de encuentro
capaz de satisfacer las demandas más autenticas
de ese dinamismo de encuentro y relación que marcan
al hombre.
Esta
búsqueda de trascendencia se orienta inicialmente
a la experiencia de encuentro con otros semejantes a mí,
pero al mismo tiempo muy diferentes, con el otro, con
el tú, para conformar un “nosotros”
que además necesita trascenderse en la búsqueda
de una relación con la naturaleza, una transformación
(en la cual el trabajo tiene un lugar muy importante)
que construye cultura y sociedad. Pero además dicha
dinámica de encuentro y trascendencia se desborda
en la búsqueda de un encuentro último y
definitivo con quien llamamos Dios.
Todo
esto me parece interesante porque sí estoy radicalmente
convencido que las exigencias del ámbito laboral,
en variables tan específicas como la eficiencia,
la eficacia, el desarrollo de competencias, la cultura
organizacional, el estilo de liderazgo y dirección,
en fin, tantas variables de lo que se vive en el día
a día de las empresas, está en estrecha
relación de dependencia con la posibilidad de ofrecer
al ser humano lo necesario para que se desarrolle partiendo
de lo que su realidad más honda le reclama. Es
en este sentido que resulta sumamente preocupante descubrir
como las coordenadas en las que se piensan muchas de estas
cosas terminan atropellando o reduciendo a su mínima
expresión la posibilidad de un trascender, de un
relacionarse, de un salir de sí mismo que realice
a la persona.
Los
valores en cuanto cualidades que posee la realidad y que
cualifican la posibilidad de entablar relaciones que promuevan
la trascendencia del ser humano, tienen que lograr permear
las acciones humanas para que sean realmente humanas y
no, como sucede en la mayoría de los casos, expresiones
de una fatal dimisión de lo humano.
Bueno,
en realidad mucho hay que decir por ser un tema muy interesante
e importante... por ahora sólo unas pinceladas
de lo que logro ver a partir de su propuesta.
Saludos
cordiales y gracias por promover este tipo de reflexiones.
Elkin Fernández
Para
mí los valores son indicadores de conductas. El
actuar demuestra los valores que tenés más
que la habla. Los valores son la consecuencia de los modelos
mentales e influyen en todo lo que experimentamos como
realidad, seamos conscientes de ellos o no. Es cierto
que hay cada vez más discusión sobre el
tema, pero a veces puede llegar a faltar la explicación
de cómo los valores influyen directamente a los
resultados.
Johannes Uske (http://metainteligencia.blogspot.com)
Considerando
a la espiritualidad como la práctica de los valores
humanos en situaciones de vida, un camino hacia la gestión
de esta cuestión es un liderazgo basado en valores,
en donde haya acciones coherentes con lo que se pregona
y así de a poco ir contagiando y enseñando
con el ejemplo. No es tarea fácil, pero tampoco
imposible. Y en esto de conocernos a nosotros mismos,
es conocer el potencial de valores que tenemos desde nuestra
esencia y animarnos a practicarlos. Saludos.
Miguel Guidardini
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PARA
PENSAR
El
cielo y el infierno
UNA VIEJA PARABOLA ZEN
Un
guerrero llamado Nobushige fue a visitar a Hakuin, célebre
Maestro Zen, y le planteó la siguiente pregunta:
–
¿Existen verdaderamente, un infierno y un paraíso?
–
¿Quién eres? -pregunto Hakuin.
–
Un samurai –respondio orgulloso.
–
¿Tú, un samurai? –exclamó Hakuin–.
Nada puedo enseñarte. Eres tonto. Eres indecente.
Eres una deshonra, una vergüenza para la estirpe
de los samurais. ¡Fuera de mi vista! ¡No te
tolero!
Nobushige
se enfureció de tal forma que comenzó a
sacar la espada mientras Hakuin continuaba a más
y mejor con sus insultos.
–
¡Ah!, al menos tienes una espada, pero probablemente
eres demasiado estúpido como para lograr cortarme
la cabeza.
Nobushige,
alzó la espada en el aire dispuesto a todo. El
monje miró al samurai fijamente a los ojos y le
dijo suavemente:
–
He aquí que se abren las puertas del infierno.
El
samurai quedó paralizado, comprendió cuán
piadoso era aquel monje que había arriesgado su
vida para explicarle qué era el infierno. Bajó
la espada y cayó de rodillas ante él, lleno
de gratitud.
–
He aquí que se abren las puertas del cielo –dijo
el viejo maestro.
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