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¿Valores trascendentes para empresas intrascendentes?

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Esteban OwenDesde un punto de vista discursivo, un creciente volumen de literatura de management se hace eco de ciertas ideas precursoras que reconocen la necesidad de operar en el mundo de los negocios sobre la base de valores trascendentes. Pero, ¿qué entendemos cuando hablamos de valores trascendentes? Si nos atenemos a la Real Academia Española, nos estaríamos refiriendo a algo “que está más allá de los límites de cualquier conocimiento posible”.

Wikipedia se explaya más en el concepto, y explica que “la trascendencia se refiere a ir más allá de algún límite. (…) Generalmente el límite es el espacio-tiempo, lo que solemos considerar como mundo o universo físico”. Y todavía más: “En la tradición filosófica occidental, la trascendencia supone un ‘más allá’ del punto de referencia. Trascender significa la acción de ‘sobresalir’, de pasar de ‘dentro’ a ‘fuera’ de un determinado ámbito, superando su limitación o clausura”.

Pero la literatura de management que yo he leído coloca en la categoría de valores trascendentes cuestiones como la ética, la honestidad, la transparencia, la integridad. Incluso no faltan autores que ubican esas competencias en la órbita de la espiritualidad.

Yo no digo que eso me parezca mal, ni que no esté de acuerdo. Creo que todos esos valores nos ponen, efectivamente, en el camino de una espiritualidad que se proyecta más allá de las fronteras del universo regido por las leyes de la física newtoniana.

Me pregunto, simplemente: ¿y eso es todo? ¿Lo “trascendente” se limita a un conjunto más o menos reconocido de actitudes, conductas y comportamientos que hacen más llevadera la convivencia entre los seres humanos? ¿No hay nada más?

Una extensa tradición humana, compartida por gran diversidad de pueblos, culturas y religiones, habla de una búsqueda interior a través de un camino de aprendizaje en el que el hombre y la mujer, cada ser humano, se reconoce habitando una realidad efímera, en la esperanza y con la expectativa de realizar los logros que lo habiliten para acceder a una realidad de una naturaleza diferente, infinitamente más elevada. Es a éso a lo que estas tradiciones llaman trascendencia, y es allí donde ubican la esencia de la espiritualidad.

¿Tiene todo esto algo que ver con la efectividad, piedra angular de las teorías de gestión empresaria?

Volvámonos a las grandes corrientes de sabiduría espiritual, tanto de Oriente como de Occidente, y nos encontraremos una y otra vez –expresado de las más diversas maneras– con el consejo que nos enseña a trascender la dualidad entre el mundo de las posibilidades físicas y el de las potencialidades cósmicas.

Las grandes tradiciones espirituales, no obstante, no se dejan seducir demasiado fácilmente con la tentación de hechizos que nos garanticen poner a Dios de nuestro lado, así sin más, ni poder abrir el cofre de recursos del universo para tomar de allí a nuestro antojo.

Una de las primeras reglas de toda travesía espiritual –y toda existencia humana está destinada a serlo– es la búsqueda interior para encontrarse consigo mismo. Cada uno consigo mismo. Y encontrarse consigo mismo es encontrarnos con nuestra razón de ser, con aquello que vinimos a hacer en esta vida.

No es una fórmula para la fama ni para la riqueza material o económica de las personas. Sí es un camino seguro para estar alineado con la inteligencia infinita. Y para presenciar y beneficiarnos de las muchas veces sutiles –a veces desconcertantes, a veces sorprendentes– intervenciones de aquél que llamamos Dios.

No tengo del todo claro de qué manera las empresas podrían gestionar toda esta cuestión, orientando políticas y acciones que reconozcan y promuevan la dimensión espiritual de las aptitudes de sus colaboradores, que se traduzcan en una mayor efectividad individual y organizacional. ¿Habría que definir todo un conjunto de “competencias espirituales”?

En todo caso, mi premisa es que nuestra efectividad y nuestra armonía como personas y como profesionales o trabajadores, se articulan y potencian cuando nos encontramos con nosotros mismos, y ese encontrarnos con nosotros mismos no es sin nuestra esencia espiritual.

El desafío para las empresas –para quienes las dirigen– es traducir toda esta cuestión en una comprensión de la dimensión y la misión trascendente de las organizaciones, generando un movimiento hacia adelante en la evolución de la especie humana.


Esteban Owen es Fundador y Director de Ser Humano y Trabajo.

Última actualización el Miércoles, 03 de Febrero de 2010 13:27  

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