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    APRENDIZAJE CON GRANDES BENEFICIOS
Aprender a motivar a los colaboradores, el principal desafío para los gerentes
 
       
   

Ser gerente en una empresa es el fruto de haber demostrado conocimientos y destrezas destacados en un área técnica específica. Pero la principal responsabilidad propia de la función gerencial es la de lograr que los colaboradores desarrollen sus tareas específicas, generando un entorno favorable para que cada uno brinde lo mejor de sí, aportando a los objetivos del conjunto.

Desarrollar las habilidades gerenciales, en ese sentido, requiere unos aprendizajes distintos de aquellos que llevaron a un profesional a alcanzar ese cargo.

El aprendizaje de las habilidades para motivar a los colaboradores es una de las claves para el logro de los resultados que redundarán en los máximos beneficios económicos para la organización, tanto como en el éxito en el desempeño profesional del gerente.

Ser Humano y Trabajo pone al alcance de sus Usuarios un curso totalmente online y a distancia para ayudar a todos aquellos que tienen la responsabilidad de liderar personas, a adquirir las técnicas y las habilidades para lograr un compromiso auténtico y sustentable por parte de sus colaboradores.

 
   
 

José Manuel Arribas VargasMOTIVACIÓN LABORAL
Del Mundial de Fútbol
al Tour de Francia:
emoción y motivación
para el logro de resultados

Por José Manuel Arribas Vargas *

 

Pasada la resaca del Mundial de fútbol, donde la pasión y el coraje de la antigua furia española, hoy la roja, nos ha hecho olvidar la crisis, la incertidumbre, la subida del IVA y tantos otros recuerdos de que se iniciaba el verano (europeo), volvemos a la realidad de nuestras vidas, tenemos debate sobre el estado de la Nación, el IPC, las vacacions...

Qué nos queda ahora para poder disfrutar y ver cómo las gestas de los héroes deportivos se pueden trasladar a nuestros quehaceres personales y profesionales. Pues, señoras y señores, tenemos el “Tour de Francia”.

Todavía están en nuestras retinas las gestas de los héroes solitarios como Indurain o Lance Armstrong, pero ahora tenemos a dos hombres y un destino, emulando las andanzas de Butch Cassidy y Sundance Kid, están el español Contador y el Luxemburgués Schleck.

Ambos tienen que escapar de sus perseguidores, y los dos tienen un objetivo: vestir el maillot jaune a su llegada a los Campos Elíseos.

Son humanos, son personas como nosotros, pero tienen un objetivo y están comprometidos con él.

Hablemos de la importancia de estar comprometidos con nuestro objetivo: muchas veces nos encontramos con profesionales que cumplen adecuadamente la función que se les exige, pero que realmente no sienten el compromiso con el mismo y por tanto no deja de ser algo transitorio el hacer que tienen encomendado.

En algunos casos el compromiso se mantiene por la expectativa de reconocimiento y de recompensa, en otros por buscar el apoyo de la organización en la que se trabaja, y en algunos casos también por encontrar la capacitación necesaria para ejercer una función.

El compromiso, dentro de sus muchas definiciones, se ha dicho que es “la fuerza relativa de identificación y de involucramiento de un individuo con una organización”.

En algunos libros de management se determina como factor fundamental para el desempeño, que relaciona la voluntad de las personas con su capacidad, y que es un paso más allá de la motivación. Sin este último factor el compromiso se convierte en obligación y es así como se sienten algunas personas con sus empleos, obligados con los mismos a cambio de una remuneración.

En cualquier caso, para estar comprometidos hay que tener herramientas y, desde mi opinión, es imposible conseguir el mismo si no le ponemos disciplina, método, tiempo y por supuesto emoción.

Sin la emoción y la motivación, entiendo que es muy difícil que después de casi 200 kilómetros pedaleando, alguien tenga las fuerzas suficientes para escaparse de sus perseguidores y coronar un puerto de categoría especial como el de la Madeleine.

Y ahí tenemos a los dos, buscando su objetivo y, a diferencia de sentirse obligados a ganar, la libertad de decisión de estar ahí les hace estar comprometidos con la victoria. Cuando nos sentimos obligados y fallamos nos surge el sentimiento de culpabilidad, y ello nos paraliza y nos convierte en víctimas de nuestros errores; sin embargo, cuando nos sentimos comprometidos, al ser libres en nuestra elección, cuando fallamos nos hacemos responsables de los mismos y ello conlleva tener capacidad de acción y de solución de los fallos o errores.

Esta es otra diferencia entre compromiso y obligación: en el compromiso basamos nuestras acciones en la búsqueda de la excelencia, los fallos o errores son oportunidad de aprendizaje; en la obligación nos basamos en la exigencia de los resultados, y los fallos o errores son fracasos imposibles de solventar.

Otro punto mediante el cual podemos diferenciar si estamos obligados con nuestros objetivos o, por el contrario, comprometidos con los mismos, es el sentimiento de sacrificio o de esfuerzo al que nos enfrentamos cuando tenemos que actuar frente a ellos.

No tengo su respuesta, pero creo que si les preguntáramos tanto a Contador como a Schleck, e incluso al resto de los corredores que conformaban la lucha por buscar un nuevo líder de la carrera, si su espíritu es de sacrificio o de esfuerzo cuando están en el ascenso de la Madeleine, me atrevo a aventurar que contestarían al unísono que para ellos estar encima de una bicicleta pedaleando y luchando con las inclemencias del tiempo y de los grados de desnivel, es algo que les supone un esfuerzo y no un sacrificio, ya que es parte de la consecución del reto.

Ellos analizan cuál es el coste y cuál es el beneficio que conlleva todo desarrollo de un reto. Si el beneficio es superior al coste de su esfuerzo, entonces están en consonancia con su reto.

Recuerdo que un ex director de RR.HH., que hoy se dedica a otras funciones dentro de su organización, presentó en una ponencia una pirámide de compromiso, basada en la de Maslow. En ella se partía de un primer escalón donde las cosas se hacen porque se consideran útiles, la consecuencia es que nos retribuyen por ellas. En un segundo escalón las cosas se hacen porque nos compensan y recibimos reconocimiento por los resultados. En un tercer escalón se hacen porque nos satisfacen y el resultado es que hacemos las cosas cada vez mejor. En un último estadio hacemos las cosa porque estamos motivados por la realización de las mismas, es en ese momento cuando hacemos nuestros los objetivos o retos y desde ahí nace el compromiso.

Mientras pensamos en ello nuestros protagonistas cabalgan de nuevo en sus bicicletas camino de su objetivo y a nosotros “… siempre nos quedará París”.

 
         
  José Manuel Arribas Vargas es Licenciado en Derecho por la UCM (España), Master en Recursos Humanos por el Instituto de Empresa, Diplomado en Asesoría Jurídica de Empresas y Diplomado en Derecho Laboral por la Escuela de Práctica Jurídica. Además es Coach Ejecutivo certificado por la ICF (International Coach Federation). Es Director de la consultora Persona, y Colaborador de RRHH Digital.  

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