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La
nueva era de capacitación enfatiza competencias y busca
incesantemente resultados. Pero es necesario evaluar cuáles
factores garantizan eficiencia en cada proceso.
A inicios de los ‘90, las empresas definían el
contenido de la capacitación en función de las
necesidades internas. De ahí los conocidos planes de
“detección de necesidades de capacitación
tradicionales”, con presupuestos bastante significativos.
La medición de los resultados se evaluaba por la reacción
de los participantes que llenaban un formulario al final de
cada actividad.
Con
la globalización, la competitividad y la apertura de
mercados, se verificó un cambio drástico en
las empresas. El presupuesto se redujo, el área pasó
por grandes reestructuraciones y ahora los recursos deben
ser aplicados con mucho criterio y asertividad.
Capacitación
y competitividad pasan a ser aspectos congruentes en las organizaciones.
La competitividad exige mayor rigor al escoger la aplicación
de la capacitación, y sin capacitación no hay
competitividad.
Una
de las principales conclusiones de esta nueva era es el mayor
énfasis que se da a aquellos factores que diferencian
a las empresas. La capacitación, definitivamente, se
ha vinculado con mayor tenacidad a la estrategia. Antes, la
capacitación se limitaba a adecuar conocimientos, habilidades
y destrezas. Hoy, capacitar gente es el diferencial competitivo
de mayor peso para una organización, orientando más
el accionar a cambiar actitudes.
Capital,
tecnología y procesos son recursos accesibles y algunos
de ellos pueden ser copiados. “No capacite aquello que
puede copiar”, dice un dictado.
El
mercado de la capacitación
La
dimensión humana se hace notar en el mundo de los negocios.
Centenas de consultores y empresas de capacitación
ofrecen productos estandarizados, en la mayoría de
los casos con las diversas facetas y sutilezas del comportamiento:
lo emocional, capacidad de trabajo en equipo, inteligencia
emocional, iniciativa, liderazgo, etc.
Para
cubrir este mercado la caja de herramientas es grande y variada.
En ella caben botes inflables para bajar ríos, orquestas,
grupos teatrales, alpinistas, simulaciones de combate y un
sinfin de métodos que trazan interminables analogías
con situaciones que puedan servir de referencia para quienes
conviven en las oficinas. Las novedades no paran.
Al
final toda la actividad lúdica, que representa un respiro
a la monotonía, tiende a ser bien recibida por las
personas.
¿A
qué funcionario no le gustaría dejar por unos
días ambientes descoloridos para bajar caminos en un
recanto ecológico? ¿Quién no cambiaría
el molesto sonar de un teléfono por melodías
de Mozzart en una tarde cerca de una playa?
Inclusive
para el área de Recursos Humanos puede ser más
interesante optar por actividades lúdicas a confiar
docenas de ejecutivos a una sala decorada por transparencias
y con un facilitador poco entretenido.
Bueno,
pero la pregunta es obvia. ¿Todo esto funciona? ¿Cómo
medir subidas de montañas vs. desempeño en la
empresa? ¿Cómo medir un curso de 16 horas encerrado
en una sala? ¿Cómo generar líderes en
un curso de 10 horas?
Algunos
resultados pueden ser medidos pon la cantidad de mercadería
que pasa por la caja, pero los resultados de capacitaciones
comportamentales sólo serán notados si fueran
practicados día a día.
La
eficiencia de una outdoor training (actividad fuera de la
sala), no depende del tipo de actividad desarrollada, pero
sí del contexto en que es aplicada. A nuestro juicio
es necesario tener seguridad del propósito que se persigue
al optar por este tipo de experiencia, asociada a las limitaciones
de presupuesto que tienen las organizaciones.
Podemos
capacitar la habilidad de relacionamiento entre la gente haciendo
rafting u otro sistema. Pero tenemos necesariamente que trabajar
con los objetivos comunes de la organización, que no
siempre están traducidos. Eso significa entender y
practicar la visión como también los valores
y las aspiraciones estratégicas.
Si
eso no es considerado, todo el resto puede ser cosmético.
Por lo tanto, uno de los papeles del capacitador moderno es
diseminar la cultura de la empresa.
Lo
importante es dejar claro el objetivo del aprendizaje para
que el funcionario sepa cuál es el complemento que
él necesita para llegar al objetivo y de qué
modo él se ve beneficiado con esto, para orientarse
a seguir una trayectoria de desarrollo que lo conducirá
a mayores responsabilidades y a mejor remuneración.
La
clave. La búsqueda de un facilitador
El
maestro, el relator, el consultor (interno o externo) que
tiene el know-how esperado y necesario, debe no sólo
parecer, sino realmente SER el portador y facilitador eminente
del conocimiento que ofrece y debe impartirse. Saber hacer
claro para otros lo que es claro para él. Tener la
actitud, el modelo y el saber hacer del conocimiento o la
actitud que se desea impulsar, y además debe tener
la capacidad de manejarse con excelencia con las metodologías
y los modos diversos de enseñar y modelar el expertise.
Los participantes deben sentir su maestría y deberán
disfrutar paso a paso el proceso de aprender pues captarán,
en el ambiente provocado por el relator en el curso o taller,
el sentido y la utilidad práctica del conocimiento
que están adquiriendo.
Generalmente
estos “maestros” son pioneros de ciertos conocimientos
o sistemas y consiguen dar el impulso a modelos novedosos
de mejoramiento o de transformación de las maneras
habituales de hacer las cosas.
¿Por
dónde comenzar o qué hacer?
El
primer paso es tener claridad de dónde queremos llegar,
de cuáles son las intenciones del proyecto para, entonces,
evaluar las diversas alternativas de acción. El criterio
básico para definir prioridades es escoger programas
que produzcan resultados mensurables con impacto significativo
para el negocio o servicio que preste la organización.
Van
aquí unas sugerencias
- Piense
en proyectos que puedan ser desarrollados en el corto plazo
y con gran impacto en términos de beneficios para
el negocio.
- No
piense en cursos/seminarios; piense en problemas a resolver
o mejoras a concretar.
- Para
identificar problemas/mejoras, consulte a su cliente interno
y externo (casi siempre olvidados). En el contacto con clientes
internos dé prioridad a las áreas-fin, donde
cualquier acción tiende a repercutir más directamente
en el negocio o servicio (y más rápidamente
también).
- No
confíe apenas en sus contactos para identificar alternativas
de programas, consulte anuarios, guías, revistas,
bancos de datos existentes, web y lea libros y revistas
del área. Exija capacitadores estudiosos, investigadores,
innovadores y no copiadores de técnicas extranjeras.
- Escoja
programas usando el criterio: “¿yo los contrataría
si el dinero de capacitación fuera mío?"
Busque alternativas que produzcan beneficios tangibles (aumento
de las ventas, reducción de gastos, generación
de nuevos clientes, satisfacción medible de los clientes),
que contribuyan para mejorar el clima motivacional y que
traigan innovaciones diferenciales en relación a
la competencia/mejoras de procesos, de tecnologías).
- Escoja
programas de duración más corta, 2 a 3 días
como máximo
- A
pesar de correr el riesgo, céntrese en lo que es
válido ahora:
- Diferenciales
competitivos para los gerentes
- Ser
más competente como gerente que como técnico
- Liderar
más que gerenciar o dirigir.
- Administrar
procesos de cambio y transformación
- Negociando
para administrar conflictos
- Transformando
gerentes en emprendedores internos
- Trabajo
en equipo y no trabajo en grupo
- Piense
en el day after (día después) de la capacitación,
construyendo puentes afectivos durante el curso/seminario,
para que las personas puedan aplicar en su día a
día lo que aprendieron y vivenciaron.
- Considere
que toda capacitación es hecha para producir cambios,
y que no todos los participantes tienen condiciones inmediatas
de cambiar, demandando apoyo individual al momento que el
evento termine.
¿Cómo
hacerlo?
Muchas
veces el ejecutivo a cargo del área de capacitación
da mucho énfasis en el qué hacer en detrimento
del cómo hacer. El mejor producto del mundo no resiste
a una presentación inadecuada, o a una entrega al cliente
de algo que no atiende a sus necesidades.
Van
aquí unas sugerencias
- No
gaste toda sus recursos en el evento propiamente dicho (seminario,
charla, etc.); reserve parte de su dinero para la preparación
(definición de metas del proceso y producto, adecuación
de los objetivos y contenidos, etc.) y para el acompañamiento
de los resultados, beneficios para el negocio, etc.
- Piense
un poco en el marketing de su evento: trate de transformarlo
en algo diferente, algo especial. Haga un buen folleto electrónico
o en papel, un fax motivador para convidar a su cliente.
Recuerde la vieja regla: “un buen producto quedará
mejor con un buen embalaje”.
- Sea
riguroso en la definición de metas de procesos (aprendizaje-foco
en el individuo) y productos (beneficio para la organización).
Ambas deben ser expresadas en números para facilitar
la comparación del antes/después del evento.
- Una
buena metodología debe integrar dimensiones como
nuevas tecnologías e informaciones, cambios comportamentales
necesarios y conocimiento del negocio. El equilibrio entre
tales dimensiones es importante. Al escoger consultores,
déles la posibilidad de conocer al máximo
el negocio o el servicio de su empresa; descarte a los que
no estén dispuestos a hacer eso.
- Un
buen programa de capacitación debe equilibrar bien
los segmentos conceptuales y vivenciales. Temas “pesados”
pueden y deben ser tratados de forma suave y bien humorada,
creando así las condiciones ideales para su posterior
implementación.
- Tenga
especial atención a algunos de los pequeños
detalles que puedan hacer la diferencia entre el éxito
y el fracaso de un programa:
- Cumplimiento
de los horarios
- Limpieza
y arreglo del local
- Servicio
de almuerzo suave y bien equilibrado
- Calidad
del material didáctico a ser distribuido
- Retroproyector
limpio, bien enfocado, con tela visible a todos
- Vídeos
probados
- Iluminación
y ventilación
- Sillas
y mesas confortables
- Número
y tipo de participantes
En
resumen
Cada
vez más la empresa necesita lidiar con cambios, transformaciones
rápidas y profundas, y el área de Capacitación
tiene una contribución efectiva para dar sentido a
todo eso.
Trate
de no adivinar lo que su cliente necesita, habitúese
a preguntarle lo que quiere. Evite postutas de control, usted
está ahí para ayudar.
Las
oportunidades están ahí. Ese es su mercado,
ése es su cliente. Entregue su contribución
y muchas puertas se abrirán para usted.
En
un mundo donde la gente ahora ya no vale por lo que sabe,
sino por lo que hace con lo que sabe, el desafío para
el profesional de Recursos Humanos y Capacitación se
torna extraordinariamente desafiante. Y siéntase orgullo
de la responsabilidad que el cambio le ha dado. |
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