Tengo
la teoría de que las personas abandonamos las compañías
cuando vemos que nuestros intereses vitales (mejorar nuestro
bienestar, desarrollarnos profesionalmente) no pueden ser
satisfechos con nuestro trabajo en determinada empresa. Es
muy difícil que las personas nos motivemos por alcanzar
unos objetivos empresariales porque lo que realmente nos motiva
de modo duradero es lograr nuestros propios objetivos (los
otros los vemos como ajenos). Las empresas deben garantizarnos
con cierta certidumbre que nuestras metas serán cumplidas
y así –solamente así– nosotros nos
implicaremos a tope en la consecución de los objetivos
empresariales. Todo lo contrario, si tenemos la certeza de
que nuestros objetivos no serán satisfechos por las
empresas, tarde o temprano nos acabaremos marchando para otra
que sí nos dé esa esperanza.
Me
pregunto por qué algunas empresas solamente ponen en
valor a sus empleados importantes justo en el momento en que
ellos entregan su carta de renuncia.
Desde
mi punto de vista las empresas se preocupan muy poco por saber
cuál es la meta personal que persiguen sus empleados,
especialmente aquellos empleados valiosos para la compañía.
Es muy normal que se realicen evaluaciones anuales a los trabajadores,
pero estas evaluaciones se basan sobre todo en el pasado (resultados
cuantitativos y examen de competencias) y solamente en raras
ocasiones marcan alguna meta para el futuro (puntos de mejora
y plazos de cumplimiento). Casi nunca se habla sobre expectativas
y motivaciones del empleado, y mucho menos existe implicación
en el diseño de un plan de carrera que permita alcanzar
esas metas. Haciendo las cosas así, ¿cómo
es que luego las empresas se sorprenden de que un empleado
valioso se cambie de compañía?
Tenemos
muchas teorías de la motivación y podríamos
acudir a cualquiera de ellas. Yo en particular basaré
mi argumentación en la pirámide de Maslow. Los
directivos (no sé si el departamento de RR.HH. o el
inmediato superior del evaluado) deberían preocuparse
por averiguar cuál es el escalón al que aspira
cada empleado, qué necesidades particulares motivan
a cada trabajador. Habrá algunos que únicamente
ambicionan cubrir sus necesidades de reconocimiento. A estas
personas sus superiores deberán agradecerles constantemente
el trabajo bien hecho, deberán manifestarles su satisfacción
por el buen hacer y premiarles por ello. Si otro empleado
tiene afán de logro, la empresa deberá proveerle
metas que le supongan un reto profesional y recompensarle
por conseguirlas. Si otro empleado tiene deseos de desarrollo
profesional, deberá ofertarle cursos de formación
y diseñarle un plan de carrera que le permita alcanzar
las metas que ambiciona.
Si trabajamos de tú a tú con los empleados buscando
cuáles son sus objetivos vitales y diseñando
estrategias particulares que satisfagan las necesidades de
esas personas, la implicación y la motivación
de esos empleados será máxima y su contribución
a los objetivos empresariales estará garantizada.
Finalizo
repasando algunos aspectos: la gente busca satisfacer unos
objetivos vitales en el seno de la empresa. La empresa debe
preocuparse por saber cuáles son esas metas individuales
de cada uno de sus trabajadores, especialmente de aquellos
más valiosos. Si ambos objetivos se alinean (los personales
y los empresariales), se establece una sinergia tremendamente
productiva para ambas partes. Esta es la única manera
de conseguir la implicación máxima y duradera
de los empleados, algo que todas las empresas buscan pero
que pocas logran alcanzar.
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