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Desde
hace décadas los dirigentes de empresas realizan intensos
y costosos esfuerzos para mantener su posicionamiento en el
mercado: para crecer, en el mejor de los casos o, en situaciones
extremas, para mantener su organización a flote. Los
programas de mejora abarcan todas las funciones clave de la
empresa como comercialización, producción, tecnología
y automatización de tareas administrativas. Entendiblemente,
en todos los niveles jerárquicos, en forma paralela
al aumento de la complejidad de los negocios y trabajar en
la indispensable mejora de la efectividad organizacional,
se ha incrementado el nivel de estrés en los integrantes
de las instituciones, dada la posibilidad, siempre presente,
de perder el empleo, preocupación, por cierto, prácticamente
desconocida en los remotos 1970’s.
No
deja de llamar la atención que un territorio del que
pocas empresas se ocupan es el desarrollo humano de su personal
(totalmente distinto a la capacitación técnica).
Curiosamente, en los Estados Unidos –país en
el que mantienen registros estadísticos pormenorizados
en múltiples actividades económicas– se
reporta que el “negocio” del desarrollo humano
ha superado los 15.000.000.000 de dólares anuales.
Esta estratosférica cifra se refiere específicamente
a lo que pagan individuos, en lo personal, para vivir mejor,
superarse, enfrentar mejor sus desafíos o, simplemente,
para reducir su estrés mejorando su paz interior. Aunque
las condiciones prevalecientes en ese país son completamente
diferentes a las de México, son claramente indicativas
de la necesidad creciente que tienen las personas de ser lo
que pueden ser, independientemente del lugar donde residen.
Un
buen número de empresarios rechaza, por principio,
dedicar recursos financieros para algo que es “estrictamente
personal y no tiene nada que ver con la razón de ser
de la compañía”. ¿Será cierto?
¡Absolutamente NO! Estoy convencido, por evidencias
concretas, que cuando las personas crecen como seres humanos,
la calidad, el servicio, la productividad –y mucho más–
se dan por añadidura; que trabajar en el desarrollo
humano y la superación personal de los colaboradores
de una empresa es uno de los mejores aceleradores de la efectividad
organizacional. Desafortunadamente, como ocurre con las grandes
verdades, no son comprendidas por la mayoría.
Con
la intención de que el lector reflexione sobre este
tema, describiré algunos síntomas que se observan
en múltiples organizaciones, relacionados con el crecimiento
de sus integrantes como seres humanos:
-
Apoyo a colegas. ¿Cuántas evidencias
tienen de que los integrantes de una empresa se ocupan
de ayudar a que sus colegas (cualquier compañero)
sean más efectivos, aportándoles ideas,
sugerencias, observaciones, información que les
ayude a alcanzar los objetivos de su puesto y ayudarlos
cuando están abrumados de trabajo?
-
Distorsiones. ¿Existen empleados que tienen
opiniones e interpretaciones equivocadas sobre lo que
“debiera ser” en la compañía,
pero quienes conocen la “verdad” no se ocupan
de explicarlas adecuadamente a los que están “desviados”,
para corregir sus distorsiones?
-
Escuchar. ¿Hay jefes a los que no les
interesa escuchar a colaboradores, perdiendo sus buenas
ideas, talento, buenas intenciones y experiencia?
Para
concretar lo antes mencionado y no dejarlo solo en ideas subjetivas,
comentaré a grandes rasgos el proceso de transformación
organizacional que aplico en empresas, porque la última
etapa se enfoca precisamente en el ingrediente clave del desarrollo
humano de sus integrantes, como plataforma fundamental para
un desempeño superior.
Criterios
del proceso:
1.
Las personas que trabajan en una empresa:
-
saben cuáles son los problemas / oportunidades que
tienen;
-
conocen o son quienes mejor pueden identificar las alternativas
para resolverlos / aprovecharlas;
- son
quienes deben analizar esas alternativas y decidir cuáles
seguir;
-
finalmente, son los únicos que pueden y deben ejecutar
lo necesario para ponerlas en marcha.
Condiciones
indispensables:
2.
Las personas con mando tienen responsabilidad total sobre
el proceso para impulsar la efectividad de su organización.
Son los protagonistas principales. No pueden, ni deben, tomar
un papel pasivo, como espectadores del proceso, porque son
los modelos para los colaboradores de menor jerarquía.
Aunque son unos cuantos –menos del 10% de integrantes–
son quienes hacen la mayor diferencia en la compañía,
porque tienen autoridad sobre el mayor número de miembros
de la empresa (“como es arriba es abajo”, dice
el Kibalion). Por esta razón, para impulsar la efectividad
organizacional, es indispensable la convicción, la
participación y el compromiso decidido de todas y cada
una de las personas en puestos con mando. Los jefes deben
ser los primeros en evidenciar el cambio conductual en su
persona. Si lo hacen, el cambio en quienes les reportan ocurrirá.
Si no lo hacen, los resultados serán menores, además
de generar frustración en las personas al no ver en
ellos los comportamientos que deben mostrar en primer término
los superiores jerárquicos.
3.
Los propósitos del proceso son: establecer un lenguaje
común, proporcionar información y herramientas
que faciliten la toma de acciones y la realización
de los cambios indispensables para el objetivo básico
de: mejorar productividad / calidad de productos o servicios
y resultados financieros en la empresa. En otras palabras,
a diferencia de los cursos cuyo propósito es transferir
conocimientos (que pueden o no aplicarse, a discreción
individual), el entrenamiento ejecutivo sobre transformación
organizacional es para que se ponga en práctica, de
inmediato. Demanda, necesariamente, un papel altamente participativo,
protagónico, de todos los mandos.
4.
Durante el proceso se designan “Líderes del Cambio”,
cuya labor será mantener seguimiento implacable a objetivos,
acuerdos y planes de acción, para continuar avanzando
“más allá” constantemente, sin parar.
5.
Todas las personas que trabajan en la empresa, aun los que
no están en su nómina (personal “outsourceado”),
deben participar en el proceso. Este proceso inicia –y
es más intenso– con las personas en posiciones
con autoridad jerárquica.
MÓDULOS
DEL PROCESO PARA EJECUTIVOS (todas las personas con mando):
a)
LA LUCHA POR LA EFECTIVIDAD ORGANIZACIONAL
Propósito: tomar conciencia de los obstáculos
/ desafíos asociados a impulsar la efectividad en una
organización y cómo es factible liderar el cambio
eficazmente.
b)
COMUNICACIÓN EFECTIVA
Propósito: corroborar por qué razones la comunicación
es “columna vertebral” del liderazgo, de la sinergia
indispensable para el trabajo en equipo y del clima organizacional,
entre otras cosas.
c)
DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN PREVALECIENTE EN
LA EMPRESA Y OBJETIVOS QUE SE COMPROMETEN A LOGRAR PARA QUE
LA COMPAÑÍA SUPERE SU NIVEL DE EFECTIVIDAD
d)
LIDERAZGO SITUACIONAL Y ÁREAS DE EFECTIVIDAD
Propósitos: identificar los estilos gerenciales que
más ayudan a impulsar los resultados esenciales en
cada puesto gerencial, en cada departamento y las expectativas
de clientes internos sobre sus proveedores internos.
e)
HABILIDADES GERENCIALES PARA DIRIGIR Y EVALUAR COLABORADORES
Propósito: identificar los estilos y habilidades gerenciales
que utiliza un gerente efectivo para dirigir, evaluar y mejorar
continuamente, sobre la marcha, el desempeño de colaboradores.
f)
EMPOWERMENT
Propósito: analizar los beneficios del empowerment
del personal como medio para mejorar productividad / calidad
de productos – servicios y resultados financieros.
g)
HABILIDADES PARA EL LIDERAZGO DE LA PROPIA VIDA
Para desarrollar un liderazgo efectivo es necesario, primero,
ser el líder de la propia vida. La superación
personal de quienes ocupan puestos gerenciales o de supervisión
juega un papel fundamental para concretar la transformación
organizacional. Aunque el crecimiento individual es una decisión
personal, conocer las habilidades para el liderazgo de la
propia vida es un apoyo esencial para mejorar el desempeño.
Las
habilidades para el liderazgo de la propia vida incluyen:
-
El conocimiento de uno mismo.
- Actitudes,
porque la actitud es todo.
-
Trascendencia de las creencias sobre uno mismo.
-
Las consecuencias de nuestro permanente soliloquio.
-
Poder de los pensamientos, el origen de todo.
-
Visión y metas en la vida.
-
Administración del tiempo.
-
Inteligencia emocional y paz interior.
PROCESO
PARA LAS PERSONAS EN PUESTOS SIN MANDO
Este último módulo de Habilidades para el liderazgo
de la propia vida – desarrollo humano – se imparte
a todo el personal de la empresa, enfatizando en su caso:
-
Qué ventajas y beneficios tiene para una persona
desplegar actitud de dueño, comparada con la actitud
de empleado habitual.
-
Qué ventajas y beneficios individuales y organizacionales
acarrea que todos se comuniquen responsablemente.
-
Cuáles son los obstáculos para el cambio personal.
Cómo se pueden superar.
-
Desventajas de “vivir viendo el pasado o el futuro”.
-
Por qué cuando las personas crecen como seres humanos
hay mucho más que se da por añadidura, en
lo personal, familiar y laboral.
Concluyo
con lo expresado por Vince Lombardi:
“El
diccionario es el único lugar en que ÉXITO está
antes que TRABAJO.
El trabajo duro es el precio que debemos pagar por el éxito.
Estoy convencido que puedes lograr cualquier cosa si estás
dispuesto a pagar el precio”.
El
precio lo pagamos todos, sin excepción. Los resultados
de ese pago se traducen en éxito o fracaso en lo personal,
en lo familiar, en lo laboral y en lo organizacional. |
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