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Ultimamente se está hablando mucho del mobbing, acoso psicológico o moral en el trabajo, que produce en las personas que lo padecen depresiones y angustias originadas por conductas despectivas y agresiones verbales de superiores, aunque a veces también pueden contribuir a ello compañeros del mismo nivel jerárquico. Sin llegar a lo anterior, los empleados de una organización pueden estar supervisados por directivos que siguen pensando, al igual que Taylor, que el ser humano normal tiene aversión natural por el trabajo y que debido a esta apatía hay que obligar a la persona, dirigirla y amenazarla con el castigo para que trabaje. Por otra parte, muchas personas no trabajan en el puesto adecuado. Según la consultora B&G Caliper en una evaluación realizada a más de un millón de personas en distintos años, el 80% de los profesionales trabajan en puestos erróneos y sólo un 20% trabaja en puestos donde puede desarrollar su potencial. Por estos y otros motivos resulta hasta lógico pensar que los domingos por la noche muchas personas comiencen a pensar en la eternidad que puede suponer cada uno de los días de la semana laboral que va a comenzar, siendo proclives a ponerse repentinamente enfermas o a notar síntomas preocupantes de dolores lumbares que le van a impedir, casi con toda seguridad, ir al trabajo el día siguiente. Dejando al margen a los malos trabajadores, que evidentemente los hay, es deseable que no existan organizaciones donde el transcurso de la jornada laboral se haga eterno y tedioso. Para ello es preciso, además de erradicar el mobbing, sustituir las ideas taylorianas basadas en la tarea y en el método por los razonamientos basados en la protección y el enfoque hacia la persona. Al igual que en un matrimonio, donde casi siempre una persona da más que la otra, entre la organización y los trabajadores debe suceder lo mismo. Sin embargo, no debe haber deudores ni acreedores. Una parte dará más que la otra. Lo importante es que cada persona, asumiendo su responsabilidad, sea honesta con los demás. Motivar al trabajador para que esté contento en la organización es una tarea compleja, ya que cada persona es diferente, percibe las cosas de forma distinta y, por tanto, se motiva también de distinta manera. Lo que vale para una persona no vale para otra. Muchas veces se ha considerado al dinero como único factor motivador. Esta teoría no solamente es errónea sino que, además, en el caso que fuese cierta, perjudicaría notablemente a las pequeñas empresas cuyos recursos económicos son más bien escasos. Aunque el dinero siga siendo un factor motivador, se pueden realizar acciones en las organizaciones sin el uso del mismo:
Nuevas formas de organización del trabajo: rotación de puestos, formación de equipos, horarios flexibles, semana laboral compactada, teletrabajo, períodos de vacaciones en Semana Santa y Navidades, etc. |
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Angel Baguer Alcalá.
Doctor Ingeniero Industrial, Consultor de Dirección, especialista en
Gestión Empresarial y Recursos Humanos. 11 años Director General
de la empresa GEIDE, S.A. Subdirector durante 7 años de la Escuela
Superior de Ingenieros de TECNUN (Tecnológico de la Universidad de
Navarra en España). Imparte actualmente en este centro las asignaturas
de “Economía” y “Recursos Humanos”. Autor de
los libros ¡Alerta!, ¡Dirige! y Un timón en
la tormenta, de Editorial Díaz de Santos.
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