Como
todos saben, la grafología es el estudio de la escritura.
Nos lleva a descubrir aspectos ocultos de la personalidad
del sujeto de interés o a confirmar los ya revelados
a través del conocimiento del mismo.
Por
tal razón es necesario contar con muestras caligráficas
de los postulantes a un cargo en el proceso de selección
de personal, con el fin de saber de antemano acerca de los
rasgos más destacados de la personalidad de los mismos.
La precisión de los datos arrojados por tal estudio
son sorprendentes.
En
un taller de grafología que realicé en El Salvador,
un grupo estaba elaborando un informe sobre la personalidad
a partir de una muestra elegida al azar de alguien que estaba
allí presente. No se conocía su identidad. Cuando
terminaron relataron en voz alta lo que habían escrito:
un perfil detallado de su temperamento. Al finalizar su descripción
oral, pedí que se pusiera de pie el sujeto descrito,
y lo hicieron dos personas en forma simultánea. Ambos
se habían reconocido en la descripción y habían
visto, al igual que todos los presentes, la letra que se estaba
analizando. Después de las risas y gestos de sorpresa,
los dos aseguraban ser los autores de la misma muestra estudiada.
Finalmente determinamos quién era el verdadero “dueño”,
pero lo increíble de la anécdota es la precisión
con la que dos personas con el mismo tipo de letra pueden
asegurar que además comparten los rasgos más
sobresalientes de su personalidad.
Por
eso los resultados de la grafología son altamente confiables.
Define con precisión el grado de vitalidad del sujeto,
su visión del futuro, su relación con el pasado,
su vinculación (o desvinculación) con los demás,
su grado de integración social, su nivel de ambición,
su facilidad o dificultad para subordinarse a una autoridad,
adaptarse a los cambios o liderar, sus posibilidades creativas,
en fin, todo aquello que pueda ayudar a mejorar la relación
con él en base a su conocimiento previo.
Por
ejemplo, si un sujeto se muestra extrovertido y su escritura
lo confirma, sabremos que es espontáneo para él
actuar de esa manera y difícilmente podamos cambiarlo.
Pero si observamos que al escribir se manifiesta como un introvertido,
estamos entonces ante el descubrimiento de su verdadera personalidad:
se sobre-adaptó al medio redoblando sus esfuerzos por
ser socialmente más dinámico, pero en realidad
le demanda un esfuerzo adicional. Valoraremos de otro modo
su característica en este caso, y sabremos que no sólo
fue capaz de hacer un esfuerzo por mejorar, sino que también
puede desarrollar con más destreza otras áreas
no tan relacionadas con el intercambio personal y la comunicación.
Por
eso encuentro muy útil este recurso para numerosas
áreas en una empresa. Y una herramienta de alto valor
en términos de liderazgo. Habitualmente recaigo en
una premisa: no se puede conducir a quien no se conoce. Cuánto
mejor jefe se puede ser si se consigue traducir el particular
dominio de la gente sobre su propia letra.
Las
posibilidades de la grafología son infinitas. En todos
los casos allana el camino de acceso hacia los demás.
Lo mismo que quizás pueda llevar meses atravesar en
la intención de conocer lo que subyace en cada uno,
se puede obtener a partir de la observación de su escritura
o su firma.
Hacer
o pedir un informe sobre los rasgos de todos los conducidos
no sólo manifiesta el verdadero interés del
jefe por acortar los caminos de llegada a ellos, sino que
también coloca a su alcance un “pequeño
duende” que le murmurará al oído muchos
de los secretos más guardados del subalterno en cuestión.
Y entregará también sus cualidades y defectos
para que en el ejercicio pleno del liderazgo transforme a
ese conducido en alguien mejor.
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