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Se
puede tener el producto correcto, se puede contar con tecnología
avanzada, se puede estar realizando el proceso correcto, y
hasta es probable que se pueda tener el personal adecuadamente
capacitado, pero, ¿se posee el modelo de interrelaciones
humanas adecuado mediante el cual operan el producto, la tecnología,
el proceso y la gente? (Musgrave/Annis)
En
un paso más para alcanzar la comprehensión de
la variable "humano” en el desarrollo de las organizaciones,
es necesario dar un salto cualitativo en la relación
de la organización con su gente, a través de
la integración de modernas tecnologías blandas,
en un proceso que incorpora trabajar y atender todas las dimensiones
de las personas que con-forman, forman con, la organización.
Es
necesario redefinir las políticas organizacionales
orientadas a sus recursos humanos, hacia una nueva modalidad
que se encuadra en asistir, asesorar, orientar, acompañar
y ayudar a la persona en su rol laboral, profesional, técnico,
hacia un desarrollo que integre sus necesidades y responsabilidad
en el ámbito laboral, con sus necesidades y responsabilidad
en el ámbito personal y el de las relaciones interpersonales.
Resolver problemáticas de carácter, situacional,
emocional, cognitivo y conductual, en la búsqueda del
desarrollo personal y profesional, desde un fundamento teórico
y práctico basado en un enfoque integral.
Rosabeth
Moss Kanter, refiriéndose al factor gente como el elemento
estratégico del éxito organizacional, afirma
lo siguiente: "Hoy se conocen las características
generales de la organización del futuro; en cambio,
aún falta elaborar el contrato social del futuro, que
motivará a la gente para trabajar con ella". Las
organizaciones aspiran permanentemente a que su gente posea
atribuciones para resolver problemas, tenga iniciativa y haga
los esfuerzos necesarios para el cumplimiento de los objetivos
y las necesidades organizacionales.
En
casi todas las empresas la mayoría de su gente pone
todo su cuerpo y su mente a disposición del trabajo
diario, pero esto no basta para la evolución y el desarrollo
sostenido de las organizaciones, dentro del contexto de cambio
en el que se desenvuelven. Porque en una sociedad de cambios
permanentes donde la incertidumbre es una constante, es muy
difícil lograr un compromiso verdadero entre la gente
y la organización donde se desempeña. Consecuentemente,
podemos afirmar que un verdadero compromiso, necesita algo
más que cuerpo y mente.
Integrar
las dimensiones que conforman al ser humano facilita que la
gente aporte ese “algo más”, de manera
de poner no sólo el cuerpo y la mente, sino también
el alma y el corazón, en una nueva relación
de colaboración comprometida, indispensable para que
la organización sobresalga.
En
la realidad organizacional contemporánea abundan las
contradicciones, y ellas tienden a confundir. No obstante,
se trata de que el liderazgo gerencial logre combinar los
elementos aparentemente contradictorios y con ello pueda lograr
resultados organizacionales más comprensibles. Los
líderes organizacionales trabajan en escenarios de
alta competitividad donde quisieran estar siempre preparados.
Esto produce, muchas veces, angustia, incongruencias y disonancias
entre el pensar, sentir y hacer.
A
través de un proceso integrador se genera congruencia,
cuerpo-alma-mente-corazón, resultando en un conocimiento
individual, grupal y organizacional que transforma la vivencia
y el manejo de la complejidad de los escenarios cambiantes,
convirtiendo las paradojas en ventajas, a través de
la obtención del compromiso necesario, de una variable
“humano” más predecible.
Una
gran proporción de los problemas de la eficiencia y
la efectividad que se afrontan en la actualidad en las organizaciones,
y en la vida personal, está relacionado con dificultades
que se presentan en la forma de llevar adelante las relaciones
interpersonales. Toda relación humana, profesional,
laboral o personal, es una relación comunicacional
en la que interactúan cuerpo-alma-mente-corazón.
Las
organizaciones son organismos vivos, construidos y operados
por y para personas. Hoy ya se sabe que no es sólo
a través de la comprensión racional de los asuntos
que se logra el cambio; que no es suficiente la mera declaración
de que hay que cambiar para que se ejecuten las acciones correspondientes;
que no basta un contrato para un óptimo rendimiento.
Generar
compromiso en los equipos de trabajo, entusiasmo por el futuro,
capacidad de reacción ante las permanentes emergencias
y crisis que se presentan en las organizaciones requiere de
habilidades en el conocimiento y el manejo emocional y en
los valores y creencias, que el management tradicional en
general no ha desarrollado. Fredy Kofman plantea que: “El
management es mucho más de lo que generalmente se entiende.
Mi percepción es que hay una especie de frontera implícita
en esta disciplina que es técnica, la frontera se establece
hasta donde llega lo técnico... Creo que hay que ir
más allá de esa frontera, darse cuenta de que
el management es más que lo que tradicionalmente se
entiende, incluye al fenómeno humano y a las interacciones
de las personas. No hay empresas sin personas...”. Saber
los “por qué” no implica solucionar los
problemas, son simplemente explicaciones.
Para
diseñar un proceso de transformación organizacional,
desarrollar la habilidad de aprender, mejorar continuamente
y enfrentar los desafíos, el activo más importante
es la gente, que incluye, principalmente, a los equipos gerenciales,
a los líderes organizacionales; con el fin de que definan
y logren las metas, aumenten la efectividad y realicen sus
propios logros, facilitando un mejor desarrollo de sus competencias,
mediante un proceso dinámico e integral de crecimiento
personal y profesional. Para su efectividad y eficiencia,
las necesidades tanto organizacionales como personales deben
integrarse en un aprendizaje que coordine armónicamente
las cuatro dimensiones primordiales que conforman a las personas.
Todos
parecieran estar de acuerdo en que los recursos humanos siguen
siendo el recurso estratégico por excelencia de toda
organización que pretenda dar una respuesta diferencial
en el mercado. Pero cierta mirada reduccionista limita el
uso del recurso humano en función de lo que necesita
el negocio. Por ello el concepto “recurso”, que
significa: conjunto de elementos disponibles para resolver
una necesidad o llevar a cabo una empresa. Recursos naturales,
hidráulicos, forestales, económicos, humanos(1),
asimila muchas veces a la variable “humano” a
un objeto valioso que trabaja (ej.: capital intelectual).
Pero
en la realidad del presente, mirando el futuro, es necesario
dar un salto cualitativo hacia el concepto “factor humano”,
que quiere decir: hombre que hace algo(1), devolviendo así
el valor de persona humana. Los recursos, entonces, son medios
en manos del factor humano, que es quien da sentido a la realidad
empresarial.
Esta
nueva mirada implica un cambio de paradigma organizacional,
definido a través de una política orientada
en dirección de la responsabilidad social de la organización.
Este cambio precisa de “atrevimiento”, que es:
determinarse a algún hecho o dicho arriesgado(1), y
“coraje”, que quiere decir: fuerza, intrepidez
del corazón(1). Es un área donde hay que agregar
más osadía, en términos de ideas: no
estar solamente dependiente de lo que el negocio necesita,
sino imaginar, con una mirada integradora y codependiente,
lo que el negocio podría necesitar. Así la mirada
deja de estar puesta solamente en la administración,
la técnica, la normativa, con todo lo que ello implica
desde una gestión moderna, más allá,
aún, del paradigma de la importancia del conocimiento,
como variable que hace la diferencia, para crear un nuevo
paradigma ampliado a todas las dimensiones del ser humano:
cuerpo-alma-mente-corazón.
La
gestión del factor humano dentro de la organización
debe comprometerse en el área de las relaciones humanas
interpersonales, siendo la dirección principal de la
tarea a desarrollar, la de integrar, alinear y buscar coherencia
entre las necesidades de la organización y la de cada
uno de sus miembros. Para ello es necesario invertir en la
gente.
Existen
hoy teorías, técnicas e instrumentos correspondientes
a tecnologías blandas (Counseling Psicológico
Organizacional), que implican el acompañamiento a las
personas o equipos de trabajo a partir de sus necesidades
profesionales y personales para el mejor desarrollo de su
potencial, desempeño y rendimiento, lo que permite
una construccción integrada para la superación
de las dificultades y la realización de proyectos y
objetivos compartidos. Son procesos que se interrelacionan
e integran entre sí, para construir un despliegue congruente
en el desarrollo de los roles profesionales, laborales y personales.
Estas
metodologías facilitan a las personas dentro de la
organización la oportunidad de tomar perspectiva, de
adquirir marcos de lectura que le permitan comprender mejor
lo que vive, y contemplar por sí mismo modificaciones
de comportamiento y modos de actuación asertiva. Se
funda en el mayor desarrollo de la autonomía personal,
en la búsqueda de alternativas que le permitan a las
personas: encontrar soluciones a las dificultades; mejorar
aquellos aspectos de su vida que crea necesario desarrollar,
mejorar, incentivar; así como generar posibilidades
de creación de nuevos campos de bienestar en su vida
personal y laboral, utilizando los factores de resiliencia
como capacidad individual y/o grupal de superar las dificultades
y construir la vida proyectándose en el futuro Se trabaja
al mismo tiempo con los propios límites y recursos,
de manera de aprender a manejar el equilibrio entre la necesidad
de asumir riesgos y contar con los factores de protección
necesarios para “no morir en el intento”.
(1)
Diccionario de la Real Academia Española
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