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La
organización es un todo en el que la comunicación
es el aceite que facilita el adecuado funcionamiento del engranaje.
En
algunas organizaciones, la comunicación interna juega
un papel preponderante en el alcance de objetivos y metas,
cosa que debería ocurrir habitualmente en todas las
empresas.
Si
bien la planeación de las actividades propias de cada
organización y la fijación de sus objetivos
y metas, prácticamente han sido actividades que realizan
las áreas de Dirección o Gerencia General, Comercial
y de Finanzas, e incluso el Consejo de Administración,
cuando interviene en ella la función de comunicación
se logran mejores resultados.
No
se puede hablar de planeación estratégica en
una organización sin considerar a la comunicación,
pues por más que los responsables de fijar las cifras
a alcanzar y definir los cursos de acción a seguir
hagan esa parte, si la gente que trabaja en la organización
desconoce a dónde se tiene que llegar y cómo
se quiere hacerlo, difícilmente se lograrán
esfuerzos conjuntos y los resultados no serán los esperados.
Aquí
es donde entra en acción la comunicación interna.
Cuando
una organización considera a la comunicación
en la planeación estratégica y se involucra
al responsable de dicha función en los planes globales,
desde el principio se piensa en las formas más adecuadas
para involucrar a la gente en dichos planes, de tal modo que
la comunicación pueda cumplir su función adecuadamente
y se alcancen los resultados esperados.
En
estos casos, la función de la comunicación abarca,
entre otros, aspectos como:
- Difundir
entre el personal, en tiempo y forma, los planes y las acciones
que la empresa desea poner en marcha para alcanzar sus metas
y objetivos.
- Involucrar
al personal en dichos planes y acciones, desde el principio.
- Unificar
criterios entre el personal, sobre la forma en que se desea
llevar a cabo lo planeado.
- Establecer
o reforzar las bases sobre las que se sustentan las formas
de hacer en la organización.
- Encauzar
los esfuerzos del personal hacia un mismo fin.
- Resaltar
la importancia que tiene para el alcance de objetivos la
labor cotidiana de cada empleado.
- Impactar
en los resultados finales, la contribución que cada
empleado realiza con su trabajo diario.
- Facilitar
la aceptación de lo que se tiene que hacer y la forma
en que se hará.
- Vencer
la resistencia al cambio, si la hubiera.
- Crear
conciencia de la responsabilidad compartida que implica
la labor a realizar.
- Hacer
partícipes a todos los empleados de los resultados
obtenidos.
La
función de comunicación en las organizaciones
va mucho más allá de asegurarse que todos sepan
qué se planeó y cómo y cuándo
se hará. Se trata de captar la atención y confianza
de la gente, involucrarla en lo planeado, convencerla de lo
valioso que resulta su participación y hacerle saber
que un logro (o fracaso) individual, de equipo, de grupo,
también lo es de la organización en su conjunto.
Y para ello se vale de los canales, medios y productos comunicativos
que tenga a su alcance, dependiendo del tipo de organización
de que se trate, de su cultura corporativa y de los recursos
de que disponga (humanos, materiales y económicos).
Sin
embargo, todos los esfuerzos de comunicación interna
son infructuosos si en la organización existe la incongruencia:
si se dice una cosa y se hace otra. Por más que la
comunicación planee y difunda los mensajes adecuados
al caso, si los mandos medios y superiores hacen o dicen algo
diferente a lo que se comunica institucionalmente, los resultados
serán muy alejados de lo planeado.
De
ahí la importancia de considerar a la comunicación
como un elemento activo e importante en la planeación
estratégica de la organización, pues no sólo
estará al tanto de lo que se quiere lograr para comunicarlo
de la mejor manera, como ya vimos, sino que también
podrá retroalimentar a los mandos medios y superiores
sobre la forma en que se comunicará y en el sentido
que tendrán todas las comunicaciones para conseguir
lo planeado. Así, los mandos medios y superiores, con
la participación de la comunicación en la planeación
estratégica, se convierten en agentes de comunicación
que reforzarán todo lo que se comunique institucionalmente
y serán, además, facilitadores de las acciones
a realizar, pues cuando todos avanzan en un mismo sentido,
se genera una corriente que encauza los esfuerzos hacia un
mismo fin.
En
resumidas cuentas, el ejemplo arrastra. Si lo que se hace
en una organización, desde los mandos medios y superiores,
es igual a lo que se comunica formal e informalmente (si la
organización es congruente), el personal y toda la
empresa estarán en el mismo canal (y ésta gozará
de credibilidad y de la confianza de los empleados), facilitando
el alcance de lo planeado. Sólo así se puede
afirmar que la comunicación interna es exitosa y, por
supuesto, gozar de sus beneficios.
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