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Una
mezcla peligrosa y casi letal en las empresas hoy día
es la que presenta el individuo “Encantador Acosador”.
Solamente al escuchar esta expresión, nuestro cerebro
nos lleva inevitablemente a pensar en una incoherencia lingüística.
Podríamos pensar que un personaje Encantador no podría
ser un Acosador, o que un Acosador no podría llegar
a ser un Encantador. Para contextualizar esta expresión
intentaré definirla.
Encantador:
en el ámbito empresarial, esta persona es aquella cuya
personalidad privilegiada le permite ser querida por los demás
de una manera casi inmediata; este tipo de persona “encanta”
a los demás con su facilidad de expresión, de
entrar en confianza, de iniciar amistad, de mostrar bondad,
de parecer la persona que seguramente solucionará los
problemas que la empresa tiene.
Acosador:
el individuo acosador, en el término real y habitual,
es aquella persona que se aprovecha de su poder o altura a
nivel jerárquico, que intimida de muchas maneras a
sus víctimas. Al pensar en situaciones de acoso, es
inevitable pensar en el acoso sexual, que es más común
de lo que pensamos, pero en este contexto hablaré del
acosador moral, que utiliza su autoridad para satisfacer sus
necesidades, y que no acepta sus errores e intenta culpar
a los demás.
Ahora,
si hablemos del Encantador Acosador, que es un personaje cada
día más común, por lo general es una
persona que parece exitosa en lo laboral, aparentemente exitosa
con su familia, pero que ha empezado a utilizar sus grandes
habilidades y conocimientos para lograr sus objetivos por
encima de quien sea. Gracias a su gran facilidad y su personalidad
encantadora hace que sus superiores confíen casi de
inmediato y se sientan orgullosos de tenerlo como su colaborador.
Asimismo con sus subordinados, quienes inicialmente sienten
que tienen al mejor jefe del mundo, el más amable,
el más comprensivo, el más atento, el más
transparente, el más bondadoso, el más acertado,
el más capaz, el más amigo, y quizá me
quedé corto porque sus cualidades por lo general son
innumerables y muy grandes.
Este
personaje es consciente de sus cualidades y sabe que puede
lograr mucho haciendo uso de ellas. Por esta razón
se convierte en victimario casi sin darse cuenta, se encarga
de aceptar que todas las personas a su alrededor lo admiren
y no quiere que este escenario casi perfecto se acabe. Por
esta preocupación empieza a victimizar a algunos de
sus subordinados, quienes a su vez no se dan cuenta de que
son víctimas hasta que las consecuencias empiezan a
afectar su desempeño y, peor aún, sus vidas.
No quisiera dejar esta idea sin dar algún ejemplo que
nos permita identificarlo de una mejor manera.
–
Juanito fue contratado por un jefe Encantador Acosador, y
su proceso encantador duró algunos meses. Juanito podría
disponer de algunos permisos extra y otras prebendas sin ningún
problema, empezó a verse y sentirse beneficiado y privilegiado,
sin enterarse aún de que era una víctima. Un
domingo, en una ciudad muy lejana de su hogar en un viaje
de trabajo, cayó en cuenta que hacía ya varios
meses no pasaba un domingo o un día festivo con su
esposa y su pequeña hija, que se estaba perdiendo lindos
momentos al lado de su familia, sólo porque su jefe
encantador se aprovechó de su posición y a Juanito
ya le era casi imposible librarse de trabajar un fin de semana,
sin pago extra además.
El
final de esta historia no fue el mejor, y en la mayoría
de los casos el final no es bueno. Por eso es tan importante
identificar a estas personas para lograr que sus cualidades
y habilidades le den buenos resultados a la empresa, y no
los que sin duda lograrán si se les da la libertad
que se ganan inicialmente.
Sólo
me resta aclarar que le llamé “Encantador Acosador”,
y no “Acosador Encantador”, por simple lógica,
no olvidemos que siempre esta persona empieza siendo un Encantador,
pero si lo permitimos termina siendo un Acosador, cuyo desempeño
será menor al esperado y sus resultados y apariencia
se irán a pique tarde o temprano.
Lo
más triste de todo es que estas personas Encantadoras
terminan siendo Acosadoras solamente cuando se lo permiten,
y precisamente allí está el reto y a su vez
la invitación para empresarios, gerentes, jefes de
Recursos Humanos, en fin, para todo líder.
Logremos
que esos encantadores con tantas cualidades continúen
siendo “Encantadores”.
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