Cuando
ante los ojos del personal por nómina,
los cuerpos de ventas se han vuelto un fastidio,
la empresa necesita un cambio de actitud urgente.
AGUILA
(o uno de los lados)
–
¡Ay, ya vienes otra vez con asuntos de tus clientes!
–escuché que un empleado le decía con
fastidio a uno de los comisionistas al verlo llegar. Recordé
cuántas veces fui testigo –y cómplice
por no decir algo– de comentarios similares: “¡Qué
lata dan los de ventas! No sabes todas las broncas que me
voy a echar encima por sacar tu contrato; sólo traen
problemas; nos dan mucho trabajo.” ¿Qué
esperaban? –pensé–. ¿No se supone
que tener trabajo a raíz de todo lo que conlleva realizar
una venta, es bueno para la empresa y para todos los que trabajan
en ella? Por primera vez reflexioné en esto y traté
de encontrarle la cuadratura al círculo.
El
menor esfuerzo
Llega
a suceder que el personal con sueldo fijo cambia de actitud
frente a su trabajo: se relaja su sentido de responsabilidad,
descuida su profesionalismo, olvida el cuidado para hacer
las cosas bien a la primera siempre, disminuye su espíritu
de servicio, deja de ser creativo y entusiasta, la rutina
lo absorbe y lo fastidia, desciende su motivación...
Poco a poco trabaja menos y peor, considera el trabajo como
una carga, una obligación abrumadora, un fastidio tal,
que ¡hasta pagan por hacerlo!
Favorecidos
por la creencia “haga lo que haga, me pagan lo mismo”,
la comodidad y el menor esfuerzo empiezan a ganarle terreno
al esmero y la dedicación.
El
mal necesario
Un
punto de vista que llega a tener el personal de nómina
sobre los vendedores, es que son un fastidio, un mal necesario
para la empresa y, como se actúa en consecuencia a
tales razonamientos (irracionales, por cierto), el gran afectado
es el servicio al cliente: las cosas se hacen mal y/o se dejan
de hacer. Esto, tarde o temprano, repercutirá en una
baja considerable de las ventas, porque los clientes ya no
confían en la empresa y se van a comprar a otro lado.
Sólo
hasta entonces, los comisionistas son los responsables de
las ventas: cuando van mal. Lo cierto es que siempre lo han
sido. Ellos son quienes generan los ingresos de la empresa.
¿Proveer de recursos a la empresa para solventar los
gastos (incluyendo los sueldos), es el verdadero significado
de “mal necesario”?
La
razón de ser
La
empresa es una maquinaria delicada y compleja, en la que cada
persona, cada área, es un engranaje vital para su funcionamiento
general; cada cual tiene su razón de ser, su objetivo,
su función, su labor, su tarea. Todo contribuye a los
resultados del grupo y, sobre todo en una empresa de servicios,
todo repercute en el cliente, para bien o para mal.
Es
un error pensar que “como los de ventas son un fastidio,
se pueden hacer las cosas como sea, pues al cabo se gana lo
mismo”. No se gana lo mismo. Es cierto que puede percibirse
el mismo sueldo sin que intervengan los resultados reales
del trabajo, pero en términos de “ganar”,
todos pierden: un cliente no satisfecho hoy es la posibilidad
de una venta no realizada mañana.
Antes
que sea tarde
Cambiar
los puntos de vista del personal –sobre todo los de
tanto peligro como los expuestos–, es una tarea que
requiere inteligencia, paciencia y comunicación constante.
Valerse de estrategias comunicativas y utilizar indistintamente
los canales formales y los informales, segmentando el tipo
de mensajes que se enviarán por cada cual, facilita
la labor e incrementa las expectativas de los resultados.
Por
la vía formal, los mensajes deben invitar a la reflexión,
vigilando que sean congruentes con la comunicación
oficial de la empresa, acordes a su cultura y filosofía
corporativas, procurando que sean estimulantes y pro-positivos.
Los que se transmiten a través de la red cultural –aprovechando
esos roles subrepticios que juegan los individuos en las organizaciones,
independientemente de sus puestos– pueden ser más
crudos y directos, para hacer entender al personal que cuando
la empresa deja de vender, se acaba el trabajo y se pierde
el empleo. Si el personal comprende que “patear el pesebre”
lo perjudica a él mismo, la comunicación habrá
ganado esta batalla a favor de todos.
SOL
(o el otro lado)
Al
hacer un cuestionamiento directo al personal sobre si ayuda
a facilitar la labor de los comisionistas, seguramente se
obtendrían respuestas del tipo “sí, pero”:
Si
bien es cierto que en una empresa de servicios, el apoyo al
área de ventas es indispensable para obtener buenos
resultados cuantitativos y de servicio, también es
cierto que el servicio y la operación de la empresa
se ven seriamente comprometidos y/o afectados, cuando en la
venta se sobrepromete al cliente y se le ofrecen cosas fuera
de políticas y procedimientos.
Aprender
nuevas formas
Una
venta bien podría realizarse totalmente sin la intervención
de ninguna otra área, pero quienes hacen realidad todo
lo ofertado por los comisionistas en cada venta, son las demás
áreas de la empresa. Por ello es importante que los
comisionistas involucren en la negociación a las áreas
participantes ANTES de realizar una promesa al cliente; que
consulten si se puede cumplir con el ofrecimiento que se piensa
realizar; conozcan las limitantes que prevalecerían
y resuelvan cómo solucionarlas.
Así,
los comisionistas establecen compromisos compartidos: involucran
a las áreas desde el principio y les dan la oportunidad
de prepararse para todo el trabajo que conlleva cumplir a
tiempo y en forma con las promesas de una negociación,
tanto normal o especial, como fuera de políticas y
procedimientos.
Generar
sinergia
Cuando
se trabaja mediante compromisos compartidos, todas las áreas
de la empresa pueden planear su participación en el
proyecto y los resultados son favorables. Esa sensación
de que se deben resolver los problemas a como dé lugar
(porque siempre se tiene que dar todo el apoyo a los comisionistas),
y ese pensamiento de que la tarea de apoyarles es un fastidio,
desaparecen de las otras áreas.
Automáticamente,
cuando los comisionistas involucran a otras áreas desde
el principio, se genera un proceso de sinergia: comunicar
la idea ==> conocer y analizar la situación ==>
tomar decisiones conjuntas ==> planear y distribuir actividades
==> compartir responsabilidades ==> cumplir con lo prometido
==> brindar atención y servicio adecuados ==>
satisfacción en el proceso ==> gozar de resultados
conjuntos.
Personal
y comisionistas se habrán desempeñado bajo un
verdadero trabajo en equipo.
Una
misma moneda
Un
lado es que las áreas administrativas, operativas y
de soporte –el personal por nómina–, apoyen
a los comisionistas como parte de su labor cotidiana; el otro
lado es que las áreas de venta establezcan compromisos
compartidos. Así se concluye el ciclo y todos actúan
en el mismo sentido.
Todo
esto es una actitud que va mucho más allá de
que cada uno enfrente su trabajo responsablemente cada día.
Compartir
la responsabilidad y desarrollar la labor de manera conjunta
implica volverse cómplices de las demás áreas;
ayudarles y dejar que ayuden con la parte que le corresponde
a cada cual (realizada bien y a tiempo, por supuesto), aprender
a identificar y resolver las necesidades y los requerimientos
del otro; ser conscientes de que todo lo que se hace repercute
en el cliente y en los resultados. Conlleva un cambio total
de ideología y comportamiento en las formas habituales
de hacer en la empresa. Requiere un esfuerzo planeado, consistente
y prolongado de comunicación en todos sentidos: formal,
informal, en cascada, en grupos naturales de trabajo, en grupos
interáreas... para lograr que el cambio sea entendido
y aceptado por las personas, e implantado con éxito
en la empresa.
Al
final, los resultados numéricos de la empresa serán
indicadores de que todo el esfuerzo invertido en el cambio
de actitud interno, valió la pena.
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