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Mucha
gente se pregunta para qué sirve la comunicación
interna. La inquietud es totalmente válida. Los comunicadores
tenemos que explicar con precisión los alcances de
nuestra actividad profesional y los beneficios que podemos
brindarle a una organización. Cuanto más claros
seamos, más puertas se nos van a abrir.
En
este texto presento lo que, en mi opinión, son las
siete dimensiones clave donde la comunicación interna
puede y debe intervenir para aportarle valor a una organización.
Cada área está conectada entre sí, todas
forman un sistema y me las imagino trazando un recorrido espiralado
(no circular), donde al finalizar cada giro se modifica su
forma.
Hace
varios años que aplico este “Modelo de las 7
Dimensiones” porque delimita de forma clara y concreta
los campos de acción y porque, además, es una
herramienta muy útil para realizar diagnósticos
y planes de comunicación.
Las
siete dimensiones son:
1)
Esencial: que la organización exista.
2) Operativa: que la gente sepa hacer su trabajo.
3) Estratégica: que sepa por qué debe hacerlo.
4) Valorativa: que sepa cómo debe hacerlo.
5) Motivacional: que quiera hacerlo.
6) Aprendizaje: que sepa cómo lo está haciendo.
7) Inteligencia: que proponga cómo hacerlo mejor.
1.
Dimensión Esencial
En
primer lugar, pensemos que una organización nace a
partir de una conversación, es el resultado de un “compromiso
conversacional”, como dice Rafael Echeverría.
Esto significa, básicamente, que todo comienza con
un diálogo, con una palabra fundadora que pone a andar
la rueda.
Por
ejemplo: antes de que China armara los Juegos Olímpicos,
fue necesario que un chino le haya dicho a otro: “¿Qué
te parece si hacemos los Juegos acá?”. Del mismo
modo, antes de que una familia se vaya de vacaciones a una
playa, alguien tuvo que manifestar que le parecía buena
idea ir a descansar a ese lugar, y realizar las negociaciones
correspondientes con los que no estaban de acuerdo.
En
fin, no importa la magnitud del proyecto ni las complicaciones
posteriores, siempre debe haber lo que yo llamo un “PVI”
(Puntapié Verbal Inicial) porque todo emprendimiento
humano brota de una comunicación (lo cual nos demuestra
que no sólo los dioses crean mundos a partir de la
palabra).
Una
vez que el proyecto está configurado, la comunicación
vuelve a entrar en juego para ponerlo en marcha. Los libros
dicen que una organización son dos o más personas
que se vinculan para alcanzar sus objetivos. Esta vinculación
consiste en que los miembros coordinen sus actividades, tiempos,
espacios, recursos y responsabilidades. ¿Cómo
logran hacerlo? A través de la comunicación,
desde luego. De hecho, si buscamos su raíz etimológica,
descubrimos que la palabra “comunicación”
significa “poner en común”. Por eso la
considero un recurso clave, porque tanto una familia, una
empresa multinacional o una Nación, deben generar espacios
de encuentro para alcanzar sus metas.
Incluso
podríamos decir que la comunicación es más
que un “recurso”, es el “ser” de la
organización, su combustible, su fluido vital. Alimenta
todas sus áreas, es multidimensional, une cada parte
y es indispensable para su existencia y supervivencia: si
no hay comunicación, la actividad organizada no existe.
Hay
un ejemplo que me encanta y que uso frecuentemente en mis
cursos para ilustrar este punto: el relato bíblico
de la Torre de Babel. ¿Recuerdan lo que hizo Dios para
detener ese emprendimiento? No mandó un rayo o un huracán
para destruir la torre, sino que optó por algo más
sutil y efectivo: le cambió el idioma a los que la
estaban construyendo para que no pudieran entenderse entre
sí. De este modo quebró la organización
pulverizando la comunicación. Fue una decisión
acertada, porque si simplemente hubiese demolido la Torre,
yo creo que a las pocas semanas los hombres la hubieran comenzado
a construir de nuevo. Así de porfiados somos.
2.
Dimensión Operativa
La
comunicación permite crear la organización y
generar el acuerdo de base. El paso siguiente es que las personas
se pongan en acción para alcanzar los objetivos pautados.
Hora de trabajar.
La
comunicación interna juega un papel central en esta
etapa porque, a través de las acciones correctas, puede
lograr que todos sepan lo que tienen que hacer, por qué
están ahí y qué se espera de ellos. Lo
básico, lo operativo, lo esencial.
Esto
implica comunicar:
-
Para quién están trabajando: qué es
la organización, cómo está integrada,
qué lugar ocupa en la sociedad, en el mercado, etc.
-
Dónde están trabajando: cuál es su
lugar dentro de la estructura, a quién responden,
cómo son los vínculos y las relaciones.
-
Cuáles son las normas de trabajo: horarios, procedimientos,
códigos, lugares, espacios, normativas, etc.
-
Qué tienen que hacer hoy: información acerca
de su puesto, su trabajo y sus actividades.
- Qué
tienen que hacer mañana: todo lo que impacta, como
ser los cambios de procedimiento, de horarios, de tareas
o de responsabilidades.
3.
Dimensión Estratégica
Cuando
implementamos acciones de comunicación interna dentro
del plano estratégico, lo hacemos con el objetivo de
que los miembros de la organización sepan por qué
hacen lo que hacen.
Un
buen ejemplo lo brinda esa historia de los tres hombres que
están poniendo ladrillos, y que cuando le preguntan
a cada uno acerca de su trabajo, el primero responde que está
“colocando un ladrillo arriba del otro”, el segundo
“levantando una pared”, y el tercero “construyendo
una iglesia para el pueblo”.
Las
diferentes respuestas se deben, justamente, a las diferentes
“comunicaciones estratégicas” que cada
uno recibió por parte de la organización, y
uno puede suponer que la última persona es la que va
a brindar lo mejor de sí porque:
-
Se siente orientada: ya sabe hacia dónde está
yendo. Conoce el rumbo, los objetivos, la visión
y misión de la organización.
-
Se siente comprometida: sabe cuáles son sus objetivos
personales y cómo su esfuerzo permite alcanzar metas
globales.
-
Se siente respetada: ya no es más un simple “colocador
de ladrillos”.
-
Se siente valorada: alguien le explicó la trascendencia
de su trabajo y le confió cuál es el objetivo
final.
-
Se siente motivada: trabaja por una causa mayor y más
importante.
- Se
siente integrada: forma parte de un equipo y conoce cuál
es el impacto de su tarea sobre el resto.
- Se
siente contenida: conocer el objetivo de la tarea permite,
entre otras cosas, bajar la conflictividad y el malestar
que genera la incertidumbre. Las personas que no reciben
comunicación estratégica pueden llegar a juzgar
que muchas de las cosas que hacen son inútiles o
que la organización se las ordena por capricho, malevolencia
o estupidez.
4.
Dimensión Valorativa
Quiero
ponerle un condimento más a la historia que acabo de
mencionar. Si hilamos más fino, creo que la última
persona va a dar su mayor esfuerzo si además de conocer
el objetivo, lo comparte. Es decir: si está convencida
de que vale la pena que el pueblo destine sus recursos para
construir una iglesia. Caso contrario, va a abandonar la tarea
o, peor aún, va a boicotear el proyecto.
Esto
nos invita a reflexionar acerca de la importancia de lograr
que los valores y objetivos de la organización sintonicen
con los de los miembros que la integran (y viceversa). Cuando
trabajamos la “Dimensión Valorativa” buscamos
generar esta comunión para que la gente se implique
profundamente con su tarea, experimente la trascendencia de
sus acciones y se sienta orgullosa por la manera en que “se
hacen las cosas”.
Porque,
en definitiva, las organizaciones de todo el mundo tienen
objetivos similares: fabricar automóviles, armar un
concierto de música para comprarle un tomógrafo
a un hospital, mudarse a un nuevo hogar, aprobar un examen,
brindar servicios financieros, triunfar en una elección
legislativa, construir rutas o ganar un partido de fútbol.
Lo que diferencia a cada organización es la forma de
alcanzar esas metas.
Por
eso, una persona puede ingresar con mucho entusiasmo a una
empresa pero a la semana huir despavorida por lo que vio,
por lo que descubrió, por el modus operandi, por la
forma en que ahí se consiguen y se hacen las cosas.
Si volvemos al ejemplo de los tres hombres, pensemos qué
sucedería si uno de ellos se entera de que los fondos
para construir esa iglesia provinieron de una donación
que hizo un narcotraficante, y que esto fue avalado por el
cura del pueblo, ¿seguiría levantando la pared?
Entonces,
gestionar la “Dimensión Valorativa” implica
comunicar:
-
Cómo se hacen las cosas en la organización.
-
Cuál es la cultura, los valores, las normas, los
códigos, los principios y la ética.
- Qué
está permitido y qué no.
-
Qué cosas se perdonan y cuáles no.
-
Qué es lo que está por encima de todo.
Desde
luego que además de enunciarlo (la parte más
fácil) se debe demostrar con hechos. No hay nada más
inútil y contraproducente, por ejemplo, que empapelar
una empresa con afiches que enumeran los valores corporativos
al tiempo que se llevan adelante prácticas que van
en la dirección opuesta.
La
comunicación de valores es una de las más difíciles
de gestionar porque debe ser 100% verdadera, demostrable y
aplicable. No hay margen de error. En una organización
pueden modificarse los objetivos, las tareas y las responsabilidades,
pero los valores no son flexibles, no son circunstanciales.
La organización nace con principios (aunque no los
escriba y no sea conciente de ellos) y se tiene que hacer
cargo de su elección y sus consecuencias. Si nace con
buenos valores y los comunica correctamente, logra integración,
unidad, fortaleza y atracción.
5.
Dimensión Motivacional
La
persona sabe hacer su trabajo, sabe por qué debe hacerlo,
sabe cómo hacerlo… ahora falta lo más
importante: ¡que quiera hacerlo! Esta es la piedra angular
del proceso porque no nos sirve de nada tener al mejor delantero
si no quiere patear al arco.
Motivar
al otro es un desafío, demanda un trabajo artesanal,
personalizado y minucioso, porque cada persona tiene intereses
particulares. Cuando uno trabaja la “Dimensión
Motivacional” busca generar comunicaciones positivas
para que la gente:
-
Se sienta orgullosa de formar parte de la empresa.
-
Vea perspectivas de crecimiento y oportunidades.
-
Sienta que la empresa es justa y que cada uno tiene lo que
realmente merece.
- Se
sienta comprendida, valorada y escuchada.
-
Se sienta tratada como una persona, no como un “recurso
humano”.
-
Tenga una actitud positiva que favorezca el buen clima y
las relaciones interpersonales.
5.
Dimensión Aprendizaje
Mientras
la persona realiza la tarea, es oportuno abrir una “Dimensión
de Aprendizaje”. Básicamente es un espacio de
comunicación en el que se le brinda retroalimentación
acerca de cómo está llevando adelante su trabajo,
si es preciso que realice algún ajuste, cambie algo
o siga tal cual. La clave es que cada miembro sepa cómo
puede mejorar lo que está haciendo.
Pensemos
que la organización vive en “equilibrio dinámico”,
y que para seguir en el mismo lugar –ni siquiera para
avanzar– debe realizar ajustes constantemente. Esto
implica que el espacio de aprendizaje debe ser simultáneo
a la tarea. ¿De qué sirve darle feedback a una
persona cada doce meses? Es disparatado. Es como si un director
técnico viera jugar a su equipo sentadito y calladito
y recién le diera sus indicaciones cuando terminaron
los 90 minutos. No le sirve a nadie.
Entonces,
los comunicadores debemos procurar que la organización:
-
Abra espacios de diálogo.
-
Defina claramente lo que espera de una persona.
-
Preste atención a la gente y a su desempeño.
-
Busque medidas objetivas de evaluación.
-
Accione con justicia.
-
Transmita que los ajustes son normales y positivos en sí
mismos.
-
Elija personas adecuadas para dar retroalimentación.
-
Asuma el feedback como una cultura y no como una herramienta.
- Brinde
retroalimentación en forma constante y no sólo
a fin de año o cuando lo exige alguna normativa externa.
6.
Dimensión Inteligencia
Finalmente,
llegamos a esta dimensión, a la que yo llamo “inteligencia”
porque implica abrir un espacio de diálogo donde las
personas puedan brindar sus ideas y sugerencias acerca de
cómo mejorar la organización.
El
impacto de esta dimensión es gigante para la organización
porque:
-
Le permite crecer, aprender y mejorar.
-
Puede adelantarse a los cambios o a los problemas.
-
Motiva a la gente, porque a todos nos gusta que nos traten
como personas inteligentes y nos escuchen, nos valoren,
nos premien las ideas y nos permitan llevarlas adelante.
- Potencia
el capital humano.
Este
espacio participativo también puede darse al comienzo
del proceso, en la etapa “operativa”. Ahí
mismo las personas pueden hacer propuestas y definir conjuntamente
el plan de acción. Pero también es útil
que se abra al final del recorrido, una vez que ya hicieron
el trabajo, una vez que tienen experiencia. Es el famoso “feedback
ascendente”.
Conclusiones
espiraladas
Mihaly
Csikszentmihalyi (¿se puede pronunciar el apellido?)
dice en su libro “Creatividad: el fluir y la psicología
del descubrimiento y la invención”, algo muy
interesante: “Cada ámbito da la bienvenida a
cualquier idea que contenga la promesa de expandir su dominio
sobre los recursos sociales. La Asociación Americana
de Psicología sería feliz si cada escuela, cada
empresa comercial y cada familia tuviera su propio psicólogo
permanente”.
Mi
intención con este texto es que la comunicación
interna encuentre, gane, conserve y amplíe espacios
cada vez más genuinos dentro las organizaciones, que
no la lleven a sobredimensionar sus promesas ni a desestimar
su inmenso poder de acción y transformación.
En
definitiva, frente a la pregunta inicial acerca de la utilidad
de la comunicación interna, podemos responder que es
la herramienta que permite que la organización exista
y que la gente:
-
Sepa hacer su tarea.
-
Sepa por qué hacerla.
-
Sepa cómo hacerla.
-
Quiera hacerla.
-
Sepa cómo la hizo.
-
Proponga cómo hacerla mejor.
En
definitiva, la comunicación interna sirve para generar
valor desde siete dimensiones complejas, interconectadas y
mensurables.
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