| |
Antes
de implantar algo en materia de comunicación corporativa,
considere seriamente si la empresa está dispuesta a
darle el mantenimiento adecuado.
Tradicionalmente,
hacer comunicación en las empresas se ha visto con
un enfoque simplista y se cree que “cualquiera puede
hacerla”. Es así que muchas organizaciones tienen
administradores, especialistas en recursos humanos, capacitadores,
diseñadores, filósofos y literatos, empíricos,
reclutadores y seleccionadores, ingenieros industriales, psicólogos,
etc., realizando la función comunicativa al interior
de la empresa. Esto, por supuesto, para los comunicólogos
organizacionales es una falta de respeto, pero más
allá de las visceralidades de carrera, implica una
gran desventaja para las empresas, porque corren el riesgo
de invertir en un arma de doble filo sin saberlo.
Si
bien es cierto que el simple hecho de que una empresa reconozca
la importancia de la comunicación al interior de las
organizaciones y tenga interés en implementar algo
en la materia, ya es un gran logro en sí mismo para
la comunicación, también lo es el hecho de que
si no se lleva a la práctica de la mejor manera, podría
aportarle a la empresa más desventajas que beneficios,
lo cual implica el mayor problema con que tradicionalmente
se ha enfrentado la comunicación en las organizaciones:
es ineficiente, resulta cara y, a final de cuentas, es vista
como charlatana.
Por
sí sola una acción de comunicación no
es la panacea para las necesidades comunicativas de las organizaciones.
Editar una publicación periódica, por ejemplo,
o tener un tablero de avisos, no es garantía de que
la empresa se esté comunicando con su público
interno o que esté satisfaciendo la necesidad comunicativa
que tiene y, mucho menos, que lo esté haciendo de la
mejor manera. Para todo el mundo es fácil decir “hay
que hacer un boletín interno”, y creen que con
eso ya está cubierta la comunicación en la empresa.
Error. No se puede saber si está cubierta, si esa publicación
es fortuita, sale cuando se puede, su planeación y
redacción de textos carecen de objetivos e intenciones
bien definidos, por mencionar sólo algunos factores
que inciden en la satisfacción o no de una verdadera
necesidad. Es decir, si no está hecha de manera profesional
(y no me refiero a una impresión cara, con fotos apantallantes
y esas cosas), sino como un traje a la medida perfecta de
las necesidades de la empresa, el esfuerzo es infructuoso
y se convierte en un gasto.
Antes
de determinar un producto comunicativo, se debe conocer la
necesidad a la que responde. Muchas personas caen en el error
de “fusilarse” productos comunicativos que, como
fueron exitosos en otras empresas, creen que correrán
con la misma suerte en todas. Primer doble filo: lo que funciona
para el vecino, puede ser mortal para uno mismo.
Lo
ideal sería que cada empresa contara con un especialista
en comunicación organizacional –pero no todas
han llegado a esa etapa de madurez todavía–,
que estableciera un plan estratégico de comunicación,
considerando a la función comunicativa de manera global
(al igual que lo son las funciones administrativas, operativas
y de ventas, ante las que ninguna empresa tiene reserva en
cuanto a su importancia, necesidad y utilidad), de tal modo
que dicho plan administrara y ejerciera la función
comunicativa de forma sistemática en la organización.
Establecer
un plan de comunicación dentro de una organización
es bastante más complejo de lo que generalmente se
ha creído. Para que las empresas eviten los dobles
filos que pudieran representarles las acciones aisladas y
no expertas, lo recomendable es –aunque resulte reiterativa–
contar con un especialista en comunicación organizacional,
de planta o como asesor, que aplique los cuatro pasos básicos
que sistematizan la función en las empresas:
1)
Investigación y Audición
Para conocer el estado que guarda la empresa, saber cuáles
son sus necesidades y emitir un diagnóstico que sirva
de base para proponer el traje a la medida que se requiere.
2)
Planeación y programación
Se decide y propone la forma de solucionar el problema o de
satisfacer la necesidad encontrada. En esta etapa se crea
el traje a la medida de la empresa. Se planean y calendarizan
las estrategias que se llevarán a cabo y se presenta
“en blanco y negro”, de la forma más completa
posible (incluyendo recursos requeridos, presupuestos y formas
de evaluación), el plan de comunicación para
su aprobación. Es importante que todo lo que se proponga
realizar sea acorde a los recursos (humanos, materiales y
económicos) con que cuenta la empresa, a su cultura
y filosofía corporativas, y repercuta en el alcance
de los objetivos corporativos.
3)
Comunicación (Implantación)
Esta fase implica llevar a cabo lo planeado y aprobado, de
la forma en que fue pensado y programado.
4)
Evaluación
Esta etapa es muy importante, pues con ella se conoce qué
tanto fueron aceptadas o rechazadas las estrategias planeadas,
aprobadas e implantadas, y cuán efectivas o no resultaron.
Con esta fase, que puede empezar desde el mismo momento en
que se implantaron las estrategias, se cierra un ciclo y comienza
el otro, en el que, por lógica, la fase 4, se convierte
también en fase 1, cuando el proceso se vuelve un continuo.
La
comunicación organizacional, bien llevada a la práctica,
es un proceso, un continuo, un esfuerzo permanente que debe
estar en la empresa como parte de su hacer cotidiano. Si no
se le va a dar mantenimiento constante, continuidad y seguimiento
a las acciones o estrategias de comunicación propuestas,
aprobadas e implantadas en una empresa, no vale la pena invertir
dinero ni esfuerzo en algo esporádico, eventual, circunstancial.
Segundo
doble filo: las acciones de comunicación aisladas,
a la larga, perjudican más a la empresa de lo que pueden
aportarle, porque la presentan como inconstante y poco respetuosa
con su público, lo cual terminará, lamentablemente,
restándole credibilidad frente a sus empleados, sobre
todo. Así que antes de implantar algo en materia de
comunicación, debería considerarse seriamente
si la empresa está dispuesta a darle el mantenimiento
adecuado.
Ojalá
pudiera decir que la comunicación corporativa es un
esfuerzo único y aislado que, como por arte de magia,
da resultados favorables para la empresa. No puedo. Sería
una mentira. Enorme. En lo que tienen que pensar las empresas
al momento de tomar la decisión, es si están
dispuestas a invertir en un esfuerzo sistemático, metodológico,
planeado y medible; un esfuerzo que se traduce en acciones
y estrategias continuas y permanentes, efectivas y a la medida,
que redundan en una gran serie de beneficios para la organización.
Así
que, vaya para todas las empresas: si confían en la
comunicación como un elemento vital para la organización
y están dispuestas a invertir en ella, permitan que
sea un profesional especializado quien se haga cargo de demostrar
sus alcances y resultados. No se arrepentirán.
Y
para ustedes, profesionales de la comunicación organizacional,
sean conscientes de la enorme responsabilidad y confianza
que las empresas ponen en su capacidad y experiencia. Aventúrense
cada día, con metodología, planeación,
conocimiento y entrega, a concebir, implantar y evaluar cada
traje a la medida que su empresa necesita.
|
|