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Las
personas tenemos dos tipos de necesidades: materiales y de
espíritu. Para mitigar las necesidades materiales es
preciso tener comida, ropa, vivir en un lugar adecuado, tener
dinero para sufragar la educación de los hijos y cubrir
unos niveles mínimos de bienestar. Sin embargo las
necesidades de espíritu muchas veces no están
cubiertas en el ser humano: ser dueños de nuestro propio
destino, encontrar aliciente a lo que hacemos en el trabajo
y en nuestra vida personal (amigos, familia, amor). La sociedad
actual se caracteriza por enfatizar y perseguir las necesidades
materiales a cambio de olvidar muchas veces las necesidades
de espíritu.
Cada
día vivimos materialmente mejor, los productos que
compramos son mejores, el confort es mayor. Sin embargo la
riqueza no debe ser un fin sino sólo un medio para
alcanzar otras metas más importantes en la vida (Aristóteles).
Por eso hay valores muy importantes en las organizaciones:
reconocimiento del trabajo, comunicación, trato justo,
formación de las personas y sentido del trabajo, que
constituyen los parámetros de un buen clima laboral
y una gran parte de las necesidades de espíritu.
Muchos
empleados pueden tener las aptitudes necesarias para realizar
su trabajo, pero tal vez no estén funcionando al máximo
de su capacidad por no estar en un ambiente agradable.
El
tejido empresarial moderno tiene claro que el activo más
importante de cualquier compañía es su factor
humano. Parece claro también que el hombre que trabaja
ha dejado de ser una máquina generadora de
dinero. Partiendo de estas premisas, los directivos deberán
cuidar y potenciar al máximo este activo implantando
en la compañía un clima laboral propicio para
los empleados. Es evidente que existen tantas formas de satisfacer
a los trabajadores, como número de ellos. Pero tampoco
se trata de que el equipo directivo invente mil maneras distintas
de cubrir necesidades y deseos de cada individuo, ya que se
pueden distinguir una serie de pautas comunes de comportamiento
en el colectivo de trabajadores cuando se analizan las necesidades
de espíritu.
Se
ha comprobado que los cimientos de un buen clima laboral se
relacionan con los siguientes parámetros: la calidad
directiva, la satisfacción en el puesto de trabajo,
la conciliación del trabajo con la vida familiar, la
carrera profesional y, en menor medida, las prestaciones de
tipo social.
La
calidad directiva
Se trata, sin duda, del aspecto más relevante. El éxito
de un proyecto de empresa parcial o total depende del liderazgo
de la dirección general y el equipo directivo, quienes
deben transmitir entusiasmo y crear buenas relaciones con
honradez, respeto y lealtad, adaptándose a las habilidades
y emociones de sus empleados.
Asimismo,
estos últimos tienen que percibir que quienes
encabezan la compañía pretenden lograr los objetivos
que se ha marcado la organización y no sus metas personales,
que reconocen el derecho del trabajador a equivocarse alguna
vez cuando delegan en él, le permiten tomar decisiones
y muestran interés por su trabajo.
La
función directiva debe basarse en los valores y el
compromiso ético. Influye activamente, entre otros,
en el trato personal, en la delegación de responsabilidades,
en el reconocimiento y en la comunicación.
- La
persona espera siempre recibir un buen trato de
la dirección de la empresa, de sus responsables directos
y de sus compañeros de trabajo.
- Un
buen director general debe apostar por una estructura horizontal
en el organigrama de la empresa que facilite la delegación
de responsabilidades. De ese modo, fomenta la iniciativa
de la persona que asume riesgos y gestiona su propio trabajo
tomando las decisiones oportunas, lo cual es clave para
lograr el cumplimiento de objetivos.
- A
cualquier persona le gusta que se reconozca su
labor, bien con dinero o sin él. El dinero es un
factor motivador muy importante y al empleado hay que retribuirle
su trabajo de forma justa, pero el dinero no resulta necesario
para felicitarle por un buen resultado; y lo mismo ocurre
a la hora de aconsejarle y enseñarle cuando comete
errores.
-
La comunicación se da en dos vertientes: la corporativa,
a través de la que el trabajador está informado
y conoce la misión de la empresa, su organización,
situación económica y planes futuros; y en
el día a día, para conseguir
una buena comunicación ascendente, descendente y
horizontal con objeto de que el empleado perciba una política
de puertas abiertas que le permita:
- Acudir
a cualquier responsable con la máxima confianza
para exponerle los problemas que pueda tener o realizar
cualquier sugerencia, y además tenga la confianza
y seguridad de que lo que exponga va a ser tenido en
cuenta.
-
Que el empleado conozca la opinión que sus responsables
tienen sobre su trabajo.
-
Que el empleado perciba la utilidad de su trabajo, transmitida
también por sus responsables.
-
Que el empleado perciba que la organización y
sus responsables directos le agradecen su trabajo.
La
calidad directiva está asociada al cumplimiento de
las responsabilidades sociales de la empresa. Hay responsabilidades
internas con los propios trabajadores, como las comentadas
anteriormente. Pero las empresas tienen también compromisos
con los accionistas que aportan el capital, con los clientes
que compran los productos, con sus proveedores y con el entorno.
La empresa debe ser una ayuda para la comunidad y no una carga.
Satisfacción
en el puesto de trabajo
Un
altísimo porcentaje de empleados no ocupa el puesto
que le correspondería según su preparación
y deseo, lo que provoca su desmotivación. A veces el
puesto les viene grande porque no tienen la formación
adecuada, lo que provoca ansiedad en el trabajador. O, al
revés, personas con unos conocimientos y habilidades
superiores al puesto que ocupan. Además, existen otros
factores no motivadores: puede haber un clima laboral malo,
o escasez de retribución, o falta de reconocimiento.
También el estrés y enfrentarse a una tarea
rutinaria.
La
seguridad y las condiciones laborales también se relacionan
a veces con este parámetro. El espacio, la iluminación,
la calefacción, la climatización, la ergonomía
y la ausencia de elementos nocivos para la salud (ruidos,
humos, gases, polvo…) resultan muy importantes; el empleado
tiene que regresar a su hogar en las mismas condiciones
de salud con las que inició su jornada.
Conciliación
del trabajo con la vida familiar
La
sociedad está demandando cada vez más la solución
de este problema.
En
pleno siglo XXI existe una nueva realidad laboral y social
en la que los dos cónyuges trabajan y la disponibilidad
de su tiempo fuera del trabajo es escasa, lo que origina:
-
Falta de tiempo para la educación y cuidado de los
niños y la atención de los ancianos.
- Disminución
progresiva y amenazadora de la tasa de natalidad como consecuencia
de que los padres no quieren adquirir el compromiso del
cuidado de más hijos y su educación.
El
problema es importante ya que la familia es la columna vertebral
de una sociedad equilibrada y los niños de hoy son
el capital humano de la sociedad del mañana.
De ahí la importancia de que las empresas instalen
los programas de conciliación ya que la no
conciliación provoca insatisfacción laboral,
enfermedades psíquicas, falta de actitud y compromiso
de los trabajadores, así como bajas en la organización.
Los programas de conciliación precisan de características
básicas como:
-
Compaginar el horario de la empresa con los horarios de
los centros educativos de los hijos.
- Horarios
laborales flexibles.
- Posibilidad
de medias jornadas de trabajo y de empleo compartido.
- Permisos
de excedencias.
- Flexibilidad
en la forma de trabajar: lugares satélites de trabajo,
teletrabajo, rotación de puestos, etc.
- Programas
de luces apagadas.
- Servicios
propios o subvenciones para guarderías y cuidado
de niños y ancianos.
Todo
ello encaminado a que los padres tienen que tener tiempo para
estar con sus hijos, ya que además de la necesidad
de disfrutar de la familia, la educación de los hijos
es responsabilidad plena de los padres y las guarderías
u otros centros, sean públicos o privados, no les pueden
sustituir en este cometido.
Una
sociedad económicamente globalizada, donde continuamente
se pregona que el éxito de la gestión se basa
en la atención y satisfacción del cliente, la
calidad hacia el mismo, debería darse cuenta
que este concepto cobra todavía más importancia
si se trata de la atención y calidad hacia los hijos.
Pero
invertir tiempo suficiente en los hijos, educarlos y cuidarlos
en todo momento, implica también entrega y renuncias
por parte de los padres. Sin ello, de nada valen los programas
de conciliación ni la legislación de ayuda promulgada
por los Estados para resolver este problema.
Carrera
profesional
Permite
al empleado superar su reto profesional, tanto en el terreno
del conocimiento como en el de su promoción. La empresa,
en la medida de sus posibilidades, debe tener programas
de formación, con el fin de profesionalizar a
sus trabajadores y potenciar su capital intelectual. La formación
supone una inversión, no un gasto.
Prestaciones
de tipo social
Este
parámetro, aunque de menor importancia que los anteriores,
puede también afectar al clima. Se refiere a servicios
como comedor, guardería (cada vez más demandada),
becas de estudio para hijos de empleados, celebraciones, acceso
a acciones de la compañía, flexibilidad de horario,
planes de pensiones, premios y concursos diversos, seguro
de vida, transporte a la empresa, promoción de actividades
deportivas, préstamos financieros con ventajas respecto
a los del mercado e instalación de zonas de descanso,
entre otros.
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