| |
Participé
en un seminario sobre comunicación corporativa. El
primer orador era un estadounidense, quien pronunció
un muy buen discurso sobre los problemas y desafíos
de gestionar la comunicación interna en un mundo globalizado.
Todo lo que dijo tenía sentido... para él, su
cultura y su país:
-
Las empresas no conectan emocionalmente con su personal.
- Nuestras
herramientas no son atractivas, no captan la atención.
- Nuestros
mensajes internos no pueden competir con el bombardeo de
mensajes externos.
- Debemos
aprender a ser más “publicistas” y contrarrestar
el “efecto paisaje” que provocan nuestras comunicaciones
internas.
- No
logramos que la comunicación interna sea excitante.
- Nuestro
CEO no es carismático y nuestra empresa no es “sexy”.
- Las
herramientas de comunicación que utilizamos se quedaron
en el tiempo.
- No
le estamos sacando el jugo a las nuevas tecnologías,
por ejemplo no aprovechamos el teléfono móvil
de cada empelado como un soporte de comunicación
interna, etc.
Mientras
escuchaba a mi colega, pensaba: lo que está enumerando,
¿son problemas de comunicación? Y de ser así...
¿son “nuestros” problemas”? No. O
al menos no todavía...
Yo
hablé inmediatamente después y, para asombro
de todos, borré 49 de las 50 filminas que tenía
preparadas y conservé una sola que llevaba por título:
“Comunicación interna: problemas argentinos,
soluciones argentinas”. Acto seguido desafié
a la platea a pensar cuáles eran las verdaderas complicaciones
que tenemos los “latinos” (ya que los asistentes
provenían de distintos países de esta parte
del mundo) a la hora de desarrollar planes y acciones de comunicación
interna.
Las
respuestas de los participantes fueron muy parecidas (¡unidad
latinoamericana!) y, salvo por pequeños matices, la
mayoría reconoció padecer las mismas dificultades
en sus empresas... ¡las cuales nada tenían que
ver con las que sufría nuestro par de Estados Unidos!
Tiempo
después incorporé estas conclusiones a mis seminarios,
y en cada lugar al que me invitaron a dar charlas las puse
a prueba y obtuve respuestas similares: la gente se sentía
“hermanada en los padecimientos”. ¡Más
unidad latinoamericana!
A
continuación presento el listado de los principales
problemas de comunicación interna que detecté
en gran parte de las empresas a las cuales asesoré
en los últimos años. Este listado está
enriquecido, además, con los aportes de muchísimos
profesionales del área, quienes me confiaron sus ideas,
puntos de vista y opiniones. Como toda lista, es incompleta
y perfectible. Así que estás invitado a que
la enriquezcas.
Problemas
por falta de credibilidad
- La
empresa y los jefes no son confiables.
-
El personal no cree en lo que le dice la empresa.
-
Se duda de la honestidad, de la ética y de la forma
de hacer negocios de la empresa.
-
No se cumple lo que se promete.
Problemas
por falta de coherencia
-
Los jefes no dicen lo que piensan y no hacen lo que dicen.
-
Abunda el doble discurso, e incluso se lo utiliza como “arma”.
-
Hay distintas versiones sobre los hechos y nadie se ocupa
de aclarar nada.
-
No se predica con el ejemplo. Las declamaciones son “cáscaras
vacías”.
-
La empresa no es coherente entre lo que dice puertas afuera
y puertas adentro.
Problemas
por una cultura basada en el secretismo y la desconfianza
- La
empresa se guarda información, no comunica todo lo
que debiera.
-
El personal siente que la empresa le esconde información
porque no confía en ellos.
-
La dirección cree que cuanto menos sepa el empleado
sobre la marcha de los negocios, mucho mejor (salvo cuando
a la empresa le va mal y ahí sí se muestran
los “números” y se pide que “todos
se ajusten el cinturón”).
- La
información no llega en tiempo y forma.
Problemas
por un liderazgo negativo
- La
empresa y sus líderes no comunican, informan.
-
El líder cree que hablar es comunicarse.
-
También cree que comunicarse con su equipo es una
obligación y no una responsabilidad inherente a su
tarea.
- El
líder no conoce a su receptor ni le interesa hacerlo.
- Cree
que lo importante es lo que uno dice y no lo que el otro
entiende.
-
No tiene voluntad de diálogo.
Problema
por un mal manejo del poder
- Todos
creen que cualquier tipo de información es poder...
y que el modo de acumular poder es reservando información,
callándose la boca.
- Los
mandos medios filtran la información (cuando circula
hacia abajo o hacia arriba).
-
Se quiere utilizar a la comunicación interna como
herramienta de manipulación o de “maquillaje”.
-
Se subestima a la gente, se la pretende engañar,
se le quiere vender lo que no es.
Problemas
por falta de confianza en la comunicación
-
La empresa no cree que la comunicación interna sea
una herramienta de gestión estratégica y la
ve más como un símbolo de modernidad o una
acción de marketing dirigida al público interno.
-
La comunicación interna es un costo, no crea valor.
- El
área de Comunicación Interna está en
una zona periférica de la empresa, sin peso político,
sin recursos.
- Los
líderes ven a la comunicación como un fin
en sí mismo (hacer la revista interna) y no como
un medio para alcanzar otros fines (motivar al personal,
por ejemplo).
- Se
confunde la comunicación con las herramientas de
comunicación.
-
Se cree que la comunicación interna es “propiedad
y responsabilidad” del departamento de Comunicación
Interna y no de toda la empresa.
Problemas
por una mala estructura organizacional
-
La estructura es verticalista y autoritaria.
-
Es burocrática: impide la comunicación rápida
y eficaz.
- La
estructura deforma la comunicación en cada relevo.
- También
impide que los vínculos sean fluidos.
-
No es permeable a la información.
Problemas
por subestimar al personal
-
La empresa considera que el empleado tiene que hacer lo
que uno le pide y nada más.
-
Cree que su opinión no es valiosa y que cada uno
debe ocuparse de lo suyo.
-
Por ende, nadie escucha al personal, sus dudas, problemas,
ideas.
- Tampoco
se incentiva la participación, motivación
o integración.
Basta
de problemas, pensemos soluciones
Cuando
analizo estos problemas profundos de comunicación,
automáticamente pienso en la catarata de “sub-problemas”
que provocan. Pero también, en dos acciones para intentar
solucionarlos de raíz. Veamos:
1)
Cultura y Herramientas
En
primer lugar, estoy convencido de que para hacer una gestión
exitosa de comunicación interna (una gestión
que verdaderamente produzca cambios, mejoras y crecimiento),
tenemos que trabajar sobre la cultura de la empresa y olvidarnos
por un largo rato de las herramientas, porque como se puede
apreciar, todos los problemas que detallamos párrafos
atrás no se solucionan editando una revista (por más
linda, bien escrita o diseñada que esté), ni
armando una Intranet o propiciando cinco reuniones semanales.
Al contrario, si no atacamos los problemas de base (falta
de confianza, de coherencia, etc.), todo mensaje que montemos
sobre la estructura va a hacer que el techo se caiga más
rápido... (Es igual que con la comunicación
externa. Si uno vende un producto malísimo y pese a
eso le hace mucha publicidad, lo que va a lograr en definitiva
es que fracase más rápido).
Por
eso insisto en separar “herramienta de comunicación”
y “comunicación en si misma”. Para muchas
empresas, editar una revista interna, tener reuniones semanales
o colgar un buzón de sugerencias supone convertirse
en una empresa que hace “comunicación interna”.
Y si tienen más de una revista, más de una reunión
y más de un buzón, le dirán que hace
“mucha comunicación interna”. Y si la revista
tiene 28 páginas a todo color, las reuniones son un
salón con vista al mar y el buzón es muy lindo,
le dirán que hacen “buena comunicación
interna”.
Ojalá
fuera tan fácil. Hacer mucha y buena comunicación
interna no es hacer muchas y buenas herramientas. Y si bien
está claro que para gestionar la comunicación
interna necesitamos medios de comunicación, su eficacia
siempre va a estar supeditada a la plataforma cultural sobre
la cual edifiquemos nuestros mensajes. En un artículo
que escribí hace unos años, decía: “Si
una empresa arrastra vicios como difundir mensajes contradictorios,
brindar poca información, abusar del doble discurso
o no ser coherente entre lo que dice y lo que hace, de poco
le va a servir que esos mismos mensajes salgan editados en
una bonita Intranet”.
Por
eso, mi propuesta es concebir y planificar la comunicación
como un modo de organización, de trabajo, una cultura...
una forma de entender al otro, de valorarlo, incluirlo, pensarlo...
La comunicación no ayuda a la organización,
la comunicación es la esencia de la actividad organizada
y es creadora de clima, hábitat, calor...
Desde
este enfoque, por ejemplo, una “mala comunicación
por parte de un jefe” no podría explicarse únicamente
a partir de su estilo personal de liderazgo, sus actitudes
o aptitudes, sino por la influencia que la cultura de la empresa
ejerce sobre el comportamiento de las personas que la integran.
El hombre no puede ser aislado del entorno en el que se desenvuelve,
y por eso el análisis de la comunicación no
puede prescindir de un estudio de las variables culturales.
Intervenir
en la cultura requiere más tiempo que editar una revista,
es obvio. Pero brinda más beneficios a largo plazo
porque ayuda a repensar las “costumbres comunicacionales”
de la empresa, es decir, los caminos culturalmente aceptados
o aprobados de conducta en situaciones específicas.
Aquí es cuando nos preguntamos: ¿qué
hace la empresa cuando debe comunicar X tema, qué hacen
los líderes cuando el personal requiere X información,
etc, etc.?
Finalmente,
recordemos que:
-
La cultura es el patrón de comportamiento de la organización,
es un marco referencial y, como tal, moldea el resto de
las actividades... entre ellas la forma en que nos comunicamos.
-
Nosotros, desde el área de Comunicación Interna,
podemos y debemos planificar una intervención para
modificar la cultura si queremos mejorar la comunicación.
Ambas cosas van de la mano, ligadas por un principium causalitatis.
2)
Pensar por nosotros mismos
Cuando
decidí borrar las 49 filminas de mi presentación
y dedicar las dos horas de mi charla a analizar los problemas
de comunicación en América Latina, lo hice con
la voluntad de sacudir un poco las ideas y orientar el análisis
a los temas de fondo. Ese día muchos creyeron que el
orador norteamericano se iba a molestar conmigo por cambiar
el plano de la discusión (ya que, a medida que avanzábamos,
quedaba claro que lo que él había contado era
interesante pero no nos era práctico). Por el contrario,
el colega escuchó atentamente, intervino y al terminar
el seminario agradeció públicamente por las
enseñanzas que se llevó sobre la realidad en
América Latina. Yo también aprendí y
mucho. La gran lección que me llevé es que hay
que desafiar las ideas “for export” y que, si
queremos realmente mejorar la comunicación en nuestras
empresas, tenemos que pensar cuáles son los problemas
que sufrimos en nuestra sociedad. Y ser sinceros, aunque duela.
No
sé si lo habrás notado, a lo mejor son sólo
ideas mías, pero todos los días me encuentro
con profesionales con mucho talento y conocimiento que devoran
sin masticar teorías, manuales y conceptos de gurúes
de todo tipo provenientes de Europa, Norteamérica,
Asia... Y luego repiten, repiten y repiten palabras en inglés,
eslóganes y casos de éxito que yo no entiendo,
no conozco y no me sirven. Y ojo, no tengo nada en contra
de los gurúes: los leo, los admiro, aprendo de ellos,
asisto a sus conferencias, ¡incluso en mi biblioteca
guardo con mucho aprecio un libro firmado y dedicado por el
mismísimo Tom Peters!
En
verdad, de lo que se trata es de ser críticos, de triturar
mentalmente estas obras, destilarlas y tomar sólo aquellas
cosas que sirven para nuestra cultura. Cuando Senge recomienda
eso de “aprender a aprender, el aprendizaje basado en
el reconocimiento de errores”, pienso que en mi país
nos cuesta mucho aceptar que nos equivocamos (más si
somos hombres, padres o jefes). O cuando Welch pregona eso
de “adorar el cambio y el riesgo”, respondo que
como argentino estoy harto de tanto cambio y de tanto riesgo.
O cuando el mismo Tom Peters alienta a los líderes
a “premiar los fracasos excelentes y castigar los éxitos
mediocres”, creo que se lo está proponiendo a
marcianos, no a argentinos.
En
definitiva, la clave está en probar y filtrar cada
suposición bajo el tamiz de nuestra cultura y, a la
par de ejercer este espíritu crítico, debemos
confiar en nuestra capacidad, en nuestras experiencias, y
producir conocimiento y teoría desde América
Latina para nosotros y para el mundo. Tenemos que escribir
más y tenemos que leernos más entre nosotros.
Por
eso, estimado lector, espero que este texto te haya sido de
utilidad y te pido que no aceptes al 100% todo lo que te digo
aquí. Somételo a prueba, fíjate qué
sucede en tu empresa, en tu región, en tu país...
aprovecha lo que te sirve y el resto tíralo al tacho
de basura o envíalo sin temor a la “papelera
de reciclaje”. Te agradezco por haberme acompañado
hasta acá y... ¡Espero leerte pronto!
|
|