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Sí,
lo reconozco, el título es una provocación.
Y es exagerado. Pero concédame que hace honor a las
artes periodísticas y tiene bastante “gancho”.
“¡Basta de revistas internas!” no es un
ataque a esta noble herramienta de comunicación sino
una invitación a pensar cuál es el lugar que
se le da en las empresas a los medios, la planificación
y los mensajes.
No
sé si usted lo habrá notado, pero a veces yo
tengo la sensación de que las herramientas de comunicación
ocupan el lugar de la comunicación en sí misma.
“¡Necesitamos una Intranet, una revista y una
cartelera!”, se suele escuchar. ¿Pero de dónde
nace esta necesidad?, ¿quién la impone? Porque
lo más lógico (en un mundo que no siempre lo
es –como decía una publicidad) es que los objetivos
a alcanzar, los mensajes a difundir y los recursos disponibles
sean los que fijen los medios a utilizar. Digamos que comenzar
por el extremo opuesto, es decir por la elección a
priori de una herramienta, condiciona el éxito de cualquier
acción de comunicación.
Pregunta:
¿Qué es la televisión? Le doy dos alternativas:
a) El armatoste de 29 pulgadas que tiene en su cocina, habitación,
living y baño; b) Los programas que trasmiten las emisoras.
Ahora otra: ¿Qué es la comunicación interna?:
a) Las revistas internas o house organs, carteleras, intranets,
etcétera; b) Los mensajes que difunden. Si usted se
inclinó por las respuestas “b”, lo felicito.
Y si usted prefirió las “a”, también
le concedo razón ya que el medio, según esa
cita tan citada, a veces termina siendo el mensaje. (O me
va a decir que nunca escuchó a nadie gritar “¡tenemos
que estar en Internet!”, y cuando uno pregunta “¿para
qué?” responden: “¡porque hay que
estar en Internet!”).
Entonces,
si ambas opciones pueden ser correctas, ¿dónde
está el problema? El problema es que a veces las organizaciones
pueden caer en la trampa de pensar que gestionar la comunicación
interna es hacer sólo una bonita revista para sus empleados
llamada “Entre Nos”. Y la realidad es que una
revista o una cartelera o una Intranet en sí mismas
no resuelven nada, ni ayudan a alcanzar ningún objetivo
ni satisfacen una necesidad de comunicación.
De
lo que se trata, digámoslo ya, es de invertir en las
herramientas más efectivas. Esto es muy fácil
decirlo, me reprochará usted con razón, pero
acá el quid es saber cuáles lo son. Pues bien,
en vez de presentarle un decálogo del tipo “Utilice
Intranet cuando usted quiera… Utilice las carteleras
cuando usted pretenda…”, prefiero acercarle 15
variables de análisis que suelo utilizar cuando trabajo
este tipo de temas con las empresas:
1.
DIFICULTAD: ¿La herramienta de comunicación
que quiero desarrollar es de fácil elaboración
o no? ¿Necesitaré ayuda externa, de diseñadores,
fotógrafos, redactores, creativos?
2.
ALCANCE: ¿Cuál es el alcance de la misma, a
cuánta gente me permite llegar? ¿Me interesa
que mi comunicación llegue a muchos o a pocos, al personal,
a su familia, a mis proveedores, a los medios?
3.
SEGMENTACIÓN: ¿Me permite segmentar los públicos?
Por ejemplo, con una cartelera no podemos segmentar demasiado,
la pueden leer todos. Pero con el e-mail sí se puede,
o si utilizamos la Intranet podemos diseñar una sección
con clave a la que sólo ingresen determinadas personas.
4.
VELOCIDAD DE IMPACTO: ¿En qué tiempo me permite
llegar a mi público? ¿Es el adecuado? ¿Responde
a mi necesidad de comunicación? Permítame el
ejemplo fácil: ¿publicamos en la cartelera que
hay un incendio en este momento?
5.
ACTUALIZACION: ¿Puedo actualizar la información?,
¿en qué tiempo, con qué velocidad, con
qué costo?
6.
OBLIGATORIEDAD DE LECTURA: ¿Me interesa que el mensaje
sea de lectura obligatoria o no? ¿Este medio me permite
hacerlo? Por ejemplo, si cuando prendemos una computadora
me aparece un mensaje tipo “pop-up”, no me queda
otra que leerlo. Pero si pegamos una circular en la cartelera,
¿quién me asegura que alguien la lea?
7.
COSTO: ¿Cuánto sale elaborar, actualizar y distribuir
esta herramienta? ¿Hay costos ocultos?
8.
ATRACTIVO: ¿Es un medio atractivo? ¿La gente
se acerca, lo busca, lo espera, lo reclama, lo festeja? ¿Le
podemos dar una vuelta creativa a lo que estamos haciendo?
9.
MOVILIDAD: ¿Me interesa que sea un medio “móvil”,
que se lo puedan llevar de la oficina?
10.
REGISTRO: ¿Quiero que quede un registro de lo que comunico?
¿Esta herramienta lo permite?
11.
FRENCUENCIA: ¿El medio me impone una frecuencia de
aparición? Ejemplo: la revista sale cada dos meses,
todas las semanas se renuevan las carteleras, todos los días
se manda un “breve de noticias”, etc. ¿Podré
cumplir con esta frecuencia durante el año o me estoy
auto-regalando un elefante blanco? Y atención, que
si un medio no se actualiza se muere.
12.
PARTICIPACIÓN: ¿Me interesa que la gente participe
en la elaboración de este medio? ¿El medio lo
permite, es abierto?
13.
MEDICIÓN: ¿Quiero medir cuánta gente
recibió o leyó la información que trasmití?
¿La herramienta que seleccioné me lo permite?
14.
TEMA: ¿Es esta la mejor herramienta para comunicar
el tema que quiero? Porque sabemos que no todo se puede comunicar
por los mismos medios. Para más aclaración lea
mi ejemplo fácil en el punto 4.
15.
VOLUMEN DE INFORMACIÓN: ¿El volumen de información
a transmitir es el adecuado para el medio o lo estoy saturando?
Las
herramientas no son mágicas
Cuando
uno ve una obra de teatro en la televisión no está
viendo televisión, está viendo teatro. Del mismo
modo, si uno mira en una pantalla de cine un programa de televisión,
está mirando televisión y no otra cosa. Entonces,
el soporte no determina la esencia del mensaje aunque pueda
colaborar con la transmisión del mismo (desde luego
es más fácil hacer un programa de radio si uno
tiene un micrófono y una antena.).
Así,
en cuanto a la comunicación interna, podemos señalar:
- Una
herramienta puede colaborar con la comunicación de
la empresa, pero no puede mejorarla. Si una empresa
arrastra vicios como difundir mensajes contradictorios,
brindar poca información, abusar del doble discurso
o no ser coherente entre lo que dice y lo que hace, de poco
le va a servir que esos mismos “mensajes enviciados”
salgan editados en una revista, por más linda, bien
escrita o diseñada que esté.
- Una
herramienta puede colaborar con la comunicación de
la empresa, pero no puede reemplazarla. Las herramientas
son tautológicas, son eso y nada más, y por
sí solas no hacen nada. Para ser más directo:
el hecho de que una empresa edite una revista no significa
que esté haciendo comunicación interna y mucho
menos que la esté gestionando de manera adecuada.
De
modo que si una empresa quiere hacer comunicación interna
(en verdad aquí tendríamos que decir “si
quiere comenzar a planificar sus comunicaciones”), creo
que un buen inicio sería preguntarse “para qué”,
el pequeño “know why” tan opacado por su
hermano mayor “know how”. Si luego de esa pregunta
decide que quiere hacer comunicación interna para,
digamos, mejorar la productividad a través de un mayor
conocimiento de las tareas y los objetivos por parte de su
personal, debe preguntarse inmediatamente qué acciones
de comunicación implementar. Y si finalmente concluye
que quiere, por ejemplo, editar una revista, debe plantearse
al menos las 15 variables que presentamos anteriormente para
determinar si esta herramienta es la que mejor responde a
sus necesidades, objetivos y posibilidades, y desde luego
si está enmarcada dentro de una planificación
que forme sistema con otras herramientas o acciones de comunicación.
Tantas
precauciones tienen un sólo fin: el éxito. De
lo que se trata es de “diseñar”, lo cual,
como dijo una vez el maestro Norberto Chaves, no es más
que “una actividad que intenta evitar riesgos y aumentar
las posibilidades de éxito”. Porque realmente
no tiene ningún sentido invertir una fortuna en lanzar
una revista interna de 16 páginas, con papel ilustración
de 300 gramos, a full color y con laca sectorizada, si antes
no se exploraron otras alternativas de comunicación
más eficaces (y ojo que en esta nota, como se habrá
dado cuenta, sólo mencionamos acciones mediadas o con
soporte físico, ¡ni qué hablar de las
personales!).
Por
eso recordemos que la comunicación es multidimensional,
así que no vale la pena reducirla a un puñado
de herramientas que además de costosas pueden ser ineficientes.
Y ojo: esto se lo digo “Entre Nos”.
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