¿Cómo
definimos “calidad de vida” en el trabajo? ¿Se
trata de ir a trabajar los viernes con ropa “casual”?
¿Es tener una oficina con vista a la calle? ¿Una
silla ergonómica?
En
realidad, si bien todos estos factores contribuyen, la calidad
de vida es una sensación positiva de la existencia
a partir del bienestar, la felicidad y la satisfacción
de un individuo. Como todas las sensaciones, es muy subjetiva
y se ve directamente influida por la personalidad y el entorno
en el que vive y se desarrolla cada uno (según la OMS,
además, impactan la salud física y psíquica,
el nivel de independencia logrado, las relaciones sociales,
etc.).
Aunque habitualmente se hablaba de calidad de vida relacionándola
con el medio ambiente y el deterioro de las condiciones de
la vida urbana, hoy se impone un concepto más integral,
en el que se habla del bienestar humano y de la satisfacción
personal. Esta se lograría cuando hay una armonía
entre el hombre y su entorno, y aquí es donde entra
la relación que se establece con la empresa.
Porque
la realidad demostró que lo laboral y lo familiar no
son conceptos separados y diferentes, sino dos escenarios
que no sólo convergen sino que dependen uno del otro,
y resultan esenciales para que los seres humanos puedan plantearse
una buena calidad de vida integral. Por eso, uno de los criterios
para establecer un proyecto de calidad de vida en la empresa
consiste en lograr un balance entre la actividad laboral y
la vida privada.
La calidad de vida en el trabajo es una filosofía de
gestión que apunta a incrementar la productividad y
mejorar la motivación del personal, pero a través
de lograr un equilibrio entre la vida personal y la vida laboral
(“life balance”), valorando y respetando al empleado,
y brindándole oportunidades de desarrollo tanto profesional
como en su esfera privada.
Esta
filosofía se puede traducir, entonces, como una forma
de gestión organizacional que apunta a lograr tanto
la eficiencia empresarial como el desarrollo personal y laboral
del trabajador.
El
concepto hoy es que el personal es más eficiente y
productivo para la organización, cuando establece relaciones
personales estables, maduras y equilibradas; goza de una salud
física y mental satisfactoria y tiene una actitud razonable
sobre su proyecto de vida. Porque si la empresa colabora en
el logro de estas variables, puede obtener a cambio un mayor
compromiso con la organización; menor stress y riesgo
de accidentes laborales; evolución y desarrollo del
personal; alta motivación; menor rotación en
el empleo; reducción de la tasa de ausentismo; menos
conflictos internos; mayor satisfacción a nivel laboral
y, en general, una mayor eficiencia de toda la organización.
Pero para lograr estos objetivos hay que gestionar los requerimientos
de trabajo –incluyendo asuntos urgentes y viajes–
para ordenarlos de manera que no invadan los tiempos de descanso
o los que deben ser dedicados a la familia (o si la invasión
es inevitable, que suceda como la excepción a la regla
y no como una constante).
Asimismo,
se apunta a valorizar los espacios dedicados al ocio (dentro
y fuera del ámbito laboral) como una necesidad vital
en los empleados, con la premisa de que pueden contribuir
a la armonía de su vida y a su desarrollo en la empresa.
Vemos cada vez más organizaciones que están
generando acciones y eventos para los empleados para mejorar
su calidad de vida y bienestar. En ese contexto, nos solicitan
propuestas de endomarketing (orientado hacia el cliente interno):
actividades con alto valor agregado para los empleados, que
puedan desarrollarse durante todo el año, tanto en
el ámbito de la compañía como en el tiempo
libre de los colaboradores, y que ofrezcan un equilibrio respecto
a las tareas y tiempos laborales.
En base a este interés de las compañías,
se están desarrollando programas relacionados con el
bienestar y la mejora de la calidad de vida que, además
–y como un beneficio colateral para la organización–,
brindan nuevas opciones de acercamiento hacia la familia del
empleado: actividades frecuentes para el personal y su familia;
paseos especiales; talleres organizados por género,
segmento etario o grupo familiar; salidas colectivas; campamentos,
talleres recreativos; encuentros deportivos; clases de disciplinas
no convencionales; espacios de reflexión; etc. Estas
propuestas pueden estar dirigidas a niños de jardín
de infantes, de escuela primaria e incluso a adolescentes,
entre los 12 y los 15 años. Es posible realizarlas
una vez por semana, en forma quincenal o mensual. Asimismo,
pueden ser solventadas en un 100% por la compañía,
aunque también hay casos en los que la organización
invita a participar al personal, con un mínimo costo
del cual este debería hacerse cargo.
También se están solicitando actividades recreativas
sólo para los adultos, como equipos de running,
clases de comedia musical, de canto, de tango, de fotografía,
de pintura, de “comida sana”, charlas con profesionales...,
actividades todas que generan un espacio de expresión
y bienestar en los participantes.
Como se ve, la variedad de opciones es tan grande como la
cultura de la propia organización, y sus posibilidades
de brindar al personal un espacio para acercar los dos ámbitos
en los que se desarrolla, que hasta hace poco se percibían
como muy divergentes: la vida personal y familiar, y el espacio
de trabajo.
Los programas de calidad de vida en el trabajo aspiran a lograr
el desarrollo personal y laboral del staff, al mismo tiempo
que una mejora en la organización, lo que redunda en
un beneficio para ambas partes.
Finalmente,
si bien es cierto que en muchos casos la implementación
de un proyecto de estas características implica costos
adicionales para la empresa, estos quedan más que cubiertos
por las mejoras que se perciben a nivel organizacional.
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