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Respetando
el estilo que caracteriza mis artículos, observarán
en los párrafos siguientes que hablo del autor del
Síndrome de Anát en tercera persona, aun cuando
es de mi autoría, como lo son también el Síndromes
de Cronos y el Síndrome de Ganímedes, así
como otros trabajos similares que próximamente publicaré.
Resulta interesante y retador ubicar en la historia o en mitología
personajes y hechos que puedan servir para ejemplificar el
comportamiento gerencial y, a través de ellos, identificar
una práctica exitosa en el campo de la administración,
tal y como ocurrió con los estudios de Robert Rosenthal,
Psicólogo Social de la Universidad de Harvard (1985)
y sus Efectos Pigmaleón y Galatea (basados en los estudios
de Robert Kane Merton, Sociólogo de la Universidad
de Columbia, en 1950); o cuando se describe una conducta supervisora
negativa, como en el caso del Síndrome de Cronos y
el Síndrome de Ganímedes inspirados también
en la mitología griega, sin olvidar que abundan ejemplos
en el campo de la psicología, pudiendo ser uno de ellos
el Complejo de Edipo planteado por Freud.
Pero
ubicar en el acontecer contemporáneo un ícono
que facilite establecer paralelismos entre una conducta gerencial
y su presencia, uso y antigüedad en la historia, sin
duda ha de ser mucho más que un reto, es un desafío
para quienes se inclinan a tipificar aquellas expresiones
supervisoras que poco o nada agregan a la labor y el desempeño
de una tarea o que su presencia, por el contrario, desmotiva
al personal haciéndole perder su interés por
la innovación o la introducción de mejoras en
los procesos.
Este
es el caso del Síndrome de Anát, cuyo nombre
difícilmente podrá ser encontrado en la historia
universal, pero para quien se los presenta es lo suficientemente
representativo de la conducta a describir y cuyas características
se resumen a continuación.
La
historia está colmada de ejemplos donde la verdadera
autoría es omitida y se le otorga a un tercero quien
las presenta como propias, o que al mejorarlas es el primero
en comercializarlas y difundirlas, convirtiéndose así
en la referencia principal, ideas cuyo origen puede ser ubicado
en otras latitudes y/o responsables pero que fueron presentadas
y reconocidas en lugares y por autores distintos.
Por
ejemplo, y sin pretender obviar posiciones contrarias, cuando
se habla de las pastas inmediatamente se piensa en Italia,
pues tales íconos culinarios han sido adjudicados por
siglos a tan distinguido país. No obstante existen
indicios de que su origen posiblemente es chino y que fue
el explorador y viajero Marco Polo (1254-1324) quien las dio
a conocer en la Europa de aquel entonces.
Algo
similar ocurre con la imprenta, históricamente adjudicada
al alemán Johannes Gütenberg (1400-1467), pero
cuyos orígenes pueden ser también rastreados
en tierras orientales alrededor del año 1041, e incluso
más atrás en el tiempo en las poblaciones babilónicas.
Aunque
no puede precisarse con exactitud la veracidad del hecho,
aparentemente existe una leyenda rusa, cuya muerte de ambos
amantes pudo haber inspirado la inmortal obra de William Shakespeare
(1564-1616) “Romeo y Julieta”, pero sí
pueden encontrarse opiniones que señalan que el verdadero
autor de algunas de las magistrales piezas teatrales de este
magnifico escritor inglés fue el filósofo Francis
Bacon (1561-1626).
Más
recientemente el desarrollo de las hojas de cálculo
como Excel, con un altísimo éxito y aceptación
en el mundo moderno, tuvo su origen en VisualCalc, ideado
por Robert Frankston en 1978, lo cual es poco conocido por
quienes utilizan ese tipo de herramientas.
Estos
pocos ejemplos pueden ser corroborados en los libros de historia
o archivos de investigación, ya que se encuentran debidamente
documentados, y aunque no presentan como característica
principal la acción deliberada de una persona por apropiarse
de las invenciones ajenas, sí demuestran cómo
una idea puede ser pensada y desarrolladas por un individuo
y luego adjudicada y conocida a través de otro.
Sin
embargo, hay un sinnúmero de ejemplos que no destacan
los historiadores, aquéllos que han ocurrido en todas
las sociedades y organizaciones donde los autores no son individuos
de renombre, ni lumbreras de la humanidad, pero cuya chispa
de ingenio se ve apagada por la agilidad de un tercero quien
utiliza su poder o condición para apropiarse de ella.
Aunque
en el campo social existen mecanismos legales para defender
la autoría y el derecho a la patente de una invención,
en el campo administrativo resulta común, e incluso
cotidiano, que las ideas de terceros sean plagiadas y expuestas
como propias en empresas donde el respeto a la propiedad intelectual
de su personal parece no ser un concepto presente en sus valores,
sin que ello se considere una falta grave, pues forma parte
de la cultura y modelo mental de quienes la conforman.
Es
justamente en este punto donde comienza a perfilarse el Síndrome
de Anát, el cual fue propuesto en un principio como:
La
conducta deliberada y consciente del supervisor por apropiarse
de las ideas, sugerencias o cualquier tipo de iniciativa
de sus subordinados para presentarlas como propias ante
sus superiores.
Pero
¿quién era Anát? A diferencia de los
síndromes mencionados en artículos anteriores,
como los de Cronos y Ganímedes, Anát no es una
figura que pertenezca a la mitología antigua ni a un
personaje de la historia universal, como ya se señaló,
pues su nombre y origen responden más a una experiencia
personal del autor que a un paralelismo ubicado en el pasado,
sin que ello signifique que no pueda existir alguno que se
ajuste perfectamente a esta conducta.
Sin
ánimo de señalar a la persona que inspiró
la conceptualización del síndrome, puede decirse
que se trató de un individuo, con cierta ascendencia
y cercanía a los niveles decisorios de una importante
empresa, cuya fama de adjudicarse ideas y planteamientos ajenos
como si fueran propios era comentada en secreto entre compañeros
de similar nivel, sus subordinados y ex empleados. Ante la
comprobación del hecho, pues lo experimenta de manera
personal, el investigador en vez de resistirse al comportamiento
decide iniciar un estudio de la conducta y precisar en qué
otros niveles de la organización esta se repetía
y posteriormente supera las fronteras de la empresa, pudiendo
constatar que la misma resultaba común en otros escenarios.
Aunque los responsables de apropiarse de ideas ajenas poseían
distintos nombres y modus operandi, comenzó a ser familiar
denominar la conducta con la abreviación del nombre
de la persona que motivó el estudio, dando como resultado
la palabra Anát.
No
es nada extraño ni nuevo que en una empresa quienes
ostentan el poder, ya sea de manera directa o indirecta, puedan
hacer uso del mismo para adueñarse de las ideas que
ofrecen sus supervisados y mostrarse ante quienes reportan
como entes propulsores de la innovación; conducta ésta
que es usualmente alimentada cuando las organizaciones acostumbran
premiar los éxitos alcanzados a través de los
representantes de las áreas destacadas y no del verdadero
responsable del mismo, o en el total de ellos de acuerdo al
caso.
Pero
no sólo las ideas y propuestas son los únicos
elementos a considerar cuando se estudia la presencia del
Síndrome de Anát. En algunos casos es común
observar cómo desarrollos, informes o trabajos de investigación,
entre otros, son solicitados por los jefes a sus subordinados
para luego ser presentados como propios ante sus superiores.
Evidentemente
este tipo de conducta orientada a ganar prestigio, respeto
y reconocimiento a través del uso y apropiación
de ideas ajenas termina generando entre los subordinados resentimiento,
desmotivación y desinterés por agregar valor
a su desempeño, pues están conscientes de que
difícilmente les serán reconocidos sus méritos.
Pero
el Síndrome de Anát no es una conducta exclusiva
de los gerentes; puede ser observada también en subordinados
de igual o superior nivel de responsabilidad, usualmente en
empresas donde existe una tendencia marcada a la competencia
para poder ascender dentro de ellas, o cuya cultura promueve
la diferenciación entre los empleados, destacando públicamente
a aquellos que, en apariencia, presentan un mejor desempeño.
Por
lo tanto el Síndrome de Anát también
está presente en empleados cuya necesidad por el reconocimiento
y crecimiento vertical es tan grande que se valen de su experiencia
y habilidad para robar las ideas de empleados nuevos o inocentes
del estilo gerencial modelado, para presentar, en la primera
oportunidad que surja, algún planteamiento innovador
que le permita escalar una posición, mejorar o fortalecer
su imagen.
Lo
anterior permite listar ciertas características, adicionales
a las ya comentadas, que identifican al Síndrome de
Anát y que permiten ampliar su conceptualización.
Estas son:
- Suele
estar presente en empresas donde se acostumbra premiar de
manera individual los logros alcanzados, usualmente en la
figura del responsable o líder formal.
- Pudo
relacionarse con empresas donde el supervisor es el único
en tener acceso a los niveles más altos de la organización.
- El
síndrome es presentado por personas de cualquier
edad, sexo o condición, pero se observa con mayor
facilidad en aquellos que poseen algún tipo de poder.
- No
necesariamente se requiere ser supervisor para mostrar la
conducta, aunque suele ser más común en niveles
gerenciales.
- Parece
estar vinculada a personas con escasos valores éticos
y mentalidad oportunista.
- Se
observa en cualquier tipo de empresa, pero suele ser más
común en las organizaciones donde la línea
de mando es vertical.
- Suele
ser una conducta modelada por personas influyentes en la
empresa o en el entorno de la misma.
- Está
presente en organizaciones donde se desestima el talento
del personal y se atribuye el éxito sólo a
quienes lo dirigen.
Por
lo tanto, el Síndrome de Anát debe ser entendido
como:
La
conducta deliberada y consciente de un individuo o grupo
orientada a apropiarse de las ideas, sugerencias o cualquier
tipo de iniciativa generada por terceros para presentarlas
como propias ante sus superiores, seguidores o escenario
deseado.
Una
vez conceptualizado de manera más amplia el Síndrome
de Anát, es posible observar cómo esta patología
administrativa puede influir en el ambiente organizacional
afectando, entre otras cosas:
- La
comunicación: Produce desconfianza y cuidado
al momento de generarse una idea, la cual suele ser omitida
por temor al plagio, o expuesta a viva voz so pena de ser
obviada por no haber sido presentada a través de
los “canales regulares”. Esto afecta el clima
organizacional y las relaciones interpersonales.
- La
motivación: Genera apatía y desinterés,
desestima la iniciativa individual y produce resentimientos
con la persona o personas que se adjudicaron la iniciativa,
lo cual afecta el desempeño del empleado y su identificación
con la empresa.
- El
ejercicio laboral: Ante la presencia del Síndrome
de Anát el personal responde de manera rutinaria
y repetitiva ante la labor, evita agregar valor por la ausencia
de reconocimiento, por cuanto los cambios ocurren por la
ejecución de una orden y no por iniciativa propia.
- El
trabajo en equipo: Cuando el reconocimiento se
da sólo al representante formal o líder de
un equipo y se obvia al autor o autores de una iniciativa,
se pierde el interés por los equipos y ello merma
considerablemente el desempeño de éstos, se
generaliza la idea de que el esfuerzo o los aportes que
se ofrezcan serán simplemente sumados a los méritos
de un tercero que poco o nada tuvo que ver con él.
El
Síndrome de Anát es una conducta que atenta
contra la innovación, el buen desempeño laboral,
la comunicación, el trabajo en equipo y el reconocimiento
al mérito, elementos básicos de la gerencia
actual del capital humano ya que ellos, en condiciones ideales,
facilitan la identificación, los altos estándares
de calidad, el reconocimiento y por ende la autorrealización
del individuo.
Por
todo lo anterior, se puede decir que la conducta orientada
a ganar prestigio con ideas ajenas, en cualquier cargo o nivel
de conocimiento que se presente, es una enfermedad organizacional
que debe ser identificada, combatida y erradicada en cualquier
área o empresa donde se encuentre.
Fuentes
consultadas en relación a los ejemplos históricos
comentados:
1. Serie Management, McGraw Hill, 1990 (Pigmaleon
y Galatea)
2. http://www.bibliotecasvirtuales.com/ biblioteca/Shakespeare/index.asp
(W. Shakespeare)
3. http://www.buscabiografias.com/cgi-bin/verbio.cgi?id=2398
(J. Gutenberg)
4. http://www.artehistoria.com/historia/personajes/5467.htm
(M. Polo)
5. http://www.satd.uma.es/sixto/cmi/presenta.ppt (R. Frankston)
6. http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/volumen3/
ciencia3/161/htm/sec_20.htm (F. Bacon)
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