El
equilibrio vida privada-vida laboral de los empleados está
pasando a ocupar un lugar importante en las agendas de las
empresas. La vieja práctica de "fichar" está
comenzando a ser vista como parte obsoleta de una antigua
cultura de administración de recursos humanos.
No
se trata de una cuestión de tecnologías más
o menos modernas, del rápido tránsito de las
tarjetas de cartón que había que introducir
en la ranura de un aparatoso reloj, a las tarjetas con banda
magnética, o los aún más sofisticados
sistemas de última generación basados en una
tarjeta-chip que ni siquiera es necesario sacar del bolsillo
del saco o la cartera de la dama.
De
lo que se trata es de una cuestión mucho más
de fondo. Los especialistas están reconociendo que
el cumplimiento de horarios ya no es una herramienta adecuada
ni para medir, ni para controlar, ni mucho menos para producir
una maximización de los rendimientos.
De
acuerdo con las investigaciones más recientes, al tope
de las aspiraciones de los empleados está la posibilidad
de manejar los propios tiempos, decidiendo no sólo
los horarios, pero también el lugar donde realizar
el trabajo.
Sobre
todo en una época tan dinámica y cambiante,
cuando incluso las realidades individuales y familiares se
ven sometidas a modificaciones y readaptaciones permanentes,
las empresas están comenzando a darse cuenta de que
es posible flexibilizarse para adaptarse a las realidades
y necesidades de sus empleados, y no obligar a éstos
a ajustarse a rigideces de la empresa, que muchas veces responden
más a prejuicios culturales que a necesidades reales.
Por
ejemplo en el caso de matrimonios donde ambos trabajan, y
donde uno de los dos es empleado a tiempo completo y el otro
un profesional independiente, y además hay hijos pequeños,
la posibilidad de que el miembro de la pareja que es empleado,
pueda manejar sus propios tiempos, facilita enormemente el
desenvolvimiento del cónyuge que es un profesional
independiente, sin desatender la crianza de los hijos.
Naturalmente,
convergen una serie de factores que hacen que este cambio
de mentalidad sea viable. Los avances tecnológicos
que ponen al alcance de todos las herramientas para poder
trabajar en cualquier parte y la facilidad en las comunicaciones,
hacen posible que la propia casa pueda convertirse en una
extensión de la oficina.
En
Buenos Aires se ve, incluso, cada vez más profesionales,
pequeños empresarios, agentes de ventas, etc., establecer
oficinas virtuales y ambulantes en cualquier McDonalds, Burger
o confitería que disponga de asientos confortables
para estar sentado unas cuantas horas sin necesidad de terminar
el día en la sala de masajes. Un amigo mío que
recurre a esta práctica asegura, incluso, que todo
lo que gasta en consumiciones le resulta más económico
que lo que gastaría de otro modo en el alquiler de
una oficina propia. Y es menos aburrido.
Contra
lo que podría esperarse, los resultados de esta flexibilización,
en los casos en que ha sido bien resuelta, son altamente satisfactorios
no sólo para el empleado, sino también en cuanto
a las expectativas de la empresa. Aunque los casos en que
estos acuerdos se han dado son todavía muy pocos, sobre
todo en países con menor desarrollo, los testimonios
registrados hablan de mayor eficiencia y productividad, además
de un punto por el que las empresas están cada vez
más sensibles: la lealtad del empleado es más
alta. Debido a la satisfacción que alcanza, el empleado
que logra esta situación, por ahora privilegiada, no
desea cambiar de empresa (siempre y cuando los demás
factores sean convergentes, obviamente).
Según
una reciente encuesta realizada por Flexible Resources Inc.,
y publicada por Business Week, 56 por ciento de los gerentes
consultados señalaron que los empleados con horarios
flexibles son más productivos por hora.
Los
consultores especializados admiten que una de las principales
trabas que hay que correr para que esta práctica se
haga más extendida, son las rigideces culturales de
las viejas formas de hacer management, y sobre todo la creencia
de que vida privada y vida laboral son dos dimensiones de
la vida esencialmente enfrentadas y contradictorias.
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