"Uno
es, exactamente, lo que ha construido con las piezas que tiene.”
(Angie Day, Hacia algún lugar)
Como bien podrían destacar los antiguos filósofos
empiristas, toda teoría que surge viene después
de la experiencia. Y para corroborar esto, ningún ejemplo
más ilustrativo que los Talleres Vivenciales.
Los
Talleres Vivenciales son reuniones de trabajo activo con una
polarización especial en el aprendizaje personal, en
condiciones especiales de aprehendizaje (aprender + aprehender)
libres de los patrones de la vida diaria. Son alegorías
modernas del microcosmos social.
Nuestros
valores, creencias y actitudes personales son adquiridos permanentemente,
desde la infancia, a través de nuestra interacción
con otras personas y con las instituciones sociales. Se manifiestan
e influyen en nuestra forma de relacionarnos en las actividades
diarias, en el hogar, en la calle y en el trabajo. La orientación,
el éxito o el fracaso de cualquier programa o proyecto
que estemos desarrollando, dependen en parte de esta reflexión.
Un
taller vivencial provee de distintas vivencias a los
participantes y posibilita el darse cuenta, el ponerle
palabras e incorporar esta nueva vivencia (lo que vivo
aquí y ahora ) a nuestro bagaje de experiencias (las
vivencias que incorporo, que simbolizo y que nombro). Esto
hace que ampliemos nuestro campo perceptivo y podamos ser
más flexibles y espontáneos.
Para
lograr tener esta vivencia es necesario que cada participante
pueda establecer relaciones entre una actividad y otra, entre
el trabajo de un día y el del otro, y entre las actividades
del taller y su trabajo. También es necesario que el
participante pueda hacer una evaluación de la calidad
y aplicabilidad del trabajo realizado. La regla de oro de
este método de capacitación es partir siempre
de las personas participantes, de sus experiencias, conocimientos,
dudas y valores, tanto en el campo personal como en el laboral.
El objetivo más importante de este proceso didáctico
es lograr la apropiación de las reflexiones, los conceptos
y las metodologías, para que puedan ser aplicados en
la VIDA REAL.
Según
la terapeuta americana Helen Palmer, prácticamente
la totalidad de nuestras alegrías y tristezas tienen
que ver con nuestras relaciones y nuestras carreras profesionales.
La posibilidad de escuchar las descripciones que de sí
mismas hacen otras personas nos ayudan a comprender nuestra
propia identidad. Las otras personas nos acercan a sus vidas
ofreciéndonos sus percepciones privadas, sus pensamientos
personales y sus sentimientos.
No
obstante, la observación de uno mismo continúa
provocando ciertos prejuicios. Prueba de ello es que muchos
la consideran una tarea para “personas frustradas”
en lugar de una herramienta de crecimiento personal, y ese
error se origina en el sistema de creencias de nuestra cultura.
El daño que provocan las personas está en gran
medida motivado por su propio dolor.
Las
relaciones demuestran las diferencias que existen entre nosotros.
Cada uno puede estar diciendo la verdad, y aún así
contar una historia diferente. Analizamos nuestras relaciones,
nuestro trabajo y a nuestros hijos desde ángulos radicalmente
distintos, por lo general sin apreciar una tendencia sistemática.
Cuando comparamos nuestras propias tendencias con las de las
personas que no son como nosotros, adquirimos un nuevo conocimiento
que no tarda en convertirse en compasión. El hecho
de ver a través de los ojos de otro y de sentir la
presión de su vida emocional inspira compasión,
porque cuando adoptamos el punto de vista de terceras personas
su perspectiva nos resulta acertada.
En
un taller vivencial, uno ES con el otro y por ende, consigo
mismo
Los
Talleres Vivenciales procuran trabajar no tanto con el aspecto
cognitivo sino, más que nada, sobre los aspectos personales,
perceptuales y afectivos de los integrantes, de forma tal
que al producirse cambios en estos aspectos, se potencia la
motivación a un nivel superior al que produce una mera
asimilación de información intelectual.
Y
es que, como evidencia la propia esencia de la Inteligencia
Emocional, las emociones son el motor de cualquier acción.
Si no utilizamos métodos que contacten directamente
con el interior y con el “corazón” de las
personas, difícilmente lograremos provocar cambios
en ellos, o en nosotros mismos. Por eso cualquier programa
bien estructurado que pretenda incidir sobre las actitudes
y conseguir energía para el cambio y la mejora, debería
contar con Talleres Vivenciales.
Las
técnicas que se utilizan son múltiples: desde
juegos hasta psicodrama, pasando por la gestalt, las dinámicas
grupales, la expresión artística y los recursos
psico-corporales, sin dejar de lado el arte y la creatividad.
Todo esto, obviamente, dentro de un marco de contención
terapéutico que sirva como soporte al contexto grupal;
de lo contrario, el taller podría convertirse en un
arma de doble filo, como suele suceder con ciertos “programas
de entrenamiento” donde algunos facilitadores carecen
de las herramientas básicas de las ciencias “psi”
y caen en lugares comunes como, por ejemplo, la confrontación
por la confrontación misma que, en casos extremos,
pueden llegar a perjudicar más que a ayudar.
Como
Counselor Laboral y Grupalista, pero sobre todo como ferviente
participante de este tipo de propuestas, he vivido momentos
alucinantes: ver a un grupo de compañeros alrededor
de un fogón, quemando sus partes oscuras; mujeres ejecutivas
llorando porque su imagen de “Superwoman” les
jugaba una mala pasada; relaciones que salen a flote; gerentes
humanizados; empresarios que parecían insensibles abrazados
coreando la letra de una canción al unísono;
en síntesis, seres humanos confrontándose a
valores existenciales como la muerte, el amor, los prejuicios
y la libertad y, quizás lo mejor, gente riéndose
de sí misma.
Quizás
al leerlo pueda sonar algo “utópico”, pero
yo lo he “experienciado”, estuve allí.
Para
terminar, me parece importante citar una frase que leí
hace unos días y que habla sobre el que es, quizás,
el concepto MAS importante de un Taller Vivencial: EL AQUÍ
Y AHORA.
“No
hay milagro más grande que estar presente. Aquí
todo comienza y nunca termina.
¿Qué
significa la expresión estar presente? Significa
que el sí mismo adormecido que hay en ti recuerda estar
despierto.
Todo
final es una ilusión, porque el presente es eterno.
La simple historia de nuestra vida es estar presentes dondequiera
que estemos."
(Robert
Earl Burton, El recuerdo de sí)
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