Respetando
el estilo con el que suelo escribir mis artículos,
en el contenido del siguiente trabajo se hablará
del autor en tercera persona, aun cuando las reflexiones
y propuestas aquí planteadas son de mi autoría
producto de mis investigaciones en las ciencias administrativas.
Son ágiles, rápidos y, en la mayoría
de los casos, precisos. Estos artrópodos saltan
de un sitio a otro con tal seguridad que aun los científicos
se preguntan si se trata de un reflejo producido por el
instinto de supervivencia o un proceso consciente y planificado.
Posiblemente algún día se sabrá.
Lo que sí es un hecho es que tan peculiar habitante
de montes y praderas puede ser un ejemplo a seguir en
el competido y cambiante mundo laboral contemporáneo.
En
1992 y, desde una perspectiva muy personal, surgió
la idea de comparar el comportamiento del profesional
empleado con la conducta del saltamontes. En ese momento
parecía común observar cómo las personas
cambiaban de un empleo a otro con mucha facilidad. Aun
cuando las condiciones macroeconómicas del país
parecían variar con los cambios recientes que había
sufrido la moneda y la realidad financiera que experimentaban
empresas y bancos, existía la percepción
de un importante número de ofertas laborales que
atraían a propios y extraños. Los profesionales
de entonces parecían saltamontes, yendo de un lugar
a otro con libertad y seguridad.
Pero
los tiempos han cambiado. La contracción económica
característica en casi todos los países
en desarrollo ha generado la pérdida de fuentes
de empleo, el mercado se ha hecho cada vez más
competido, las ofertas son escasas y muy específicas.
No obstante, ante esa realidad que impera, aún
existen profesionales empleados que desean probar suerte
en otros escenarios y hacer uso del concepto de la “empleabilidad”,
personas que han alcanzado un número importante
de años en sus cargos y que no ven la posibilidad
de seguir creciendo o ser considerados para otras responsabilidades
e, incluso, personas que sienten que ya lo han dado todo
por la empresa y sueñan con tener la oportunidad
de oxigenarse experimentando otras condiciones laborales
en distintos escenarios. Sencillamente estos profesionales
sienten la necesidad de saltar.
Pero
saltar de un empleo a otro no es cuestión de tomar
impulso, respirar profundo y lanzarse al vacío
para finalmente caer en el cargo o nivel de conocimiento
deseado; es mucho más que eso, y es precisamente
en este punto donde la Teoría del Saltamontes comienza
a tener mayor sentido para quienes desean aventurarse,
cambiar de empleo y seguir adelante.
La
Teoría del Saltamontes es sencilla, como casi todas
las cosas cuya inspiración es la naturaleza. Está
definida principalmente por 6 principios:
Primer principio: Agudice sus sentidos,
lea e interprete las señales.
Un saltamontes sabe exactamente cuándo es el momento
de saltar. El saltamontes está dotado de vellos
que le permiten detectar cuándo la comunidad donde
se desenvuelve ha crecido lo suficiente como para restarle
espacio. Gracias a su delicado y sensible tacto, no espera
que sea demasiado tarde para saltar, por lo que el saltamontes
entiende las señales, las interpreta y sabe exactamente
cuándo es el momento de buscar un nuevo espacio.
Así
como las organizaciones evalúan el desempeño
de sus empleados, éstos están en el deber
de evaluar su situación en la empresa en el corto,
mediano y largo plazo, para así vislumbrar su futuro
dentro de ella y compararlo con sus sueños y expectativas.
Si
el resultado de esa evaluación demuestra que existen
razones suficientes para “mantenerse en el barco”,
la mejor opción es continuar alimentando la identificación
que se posee con la empresa, mantener o incrementar el
ritmo de trabajo y continuar agregando valor a la gestión.
Pero cuando no es así, es el momento de pensar
en visualizar las oportunidades que ofrece el mercado
laboral.
En
algunos casos la misma empresa ofrece señales inequívocas
de sus limitaciones y/o manifiesta su imposibilidad de
seguir ofreciendo metas retadoras a sus empleados; pero
en otros casos esta información pareciera viajar
en clave por todo el ambiente laboral y se requiere de
agudeza y atención para poder comprender el mensaje.
Por
otro lado, el empleado no puede esperar que sea la empresa
la que tome la iniciativa del cambio, como consecuencia
de sus políticas y planes, ni que sea ella la que
decida poner fin a la relación laboral ofreciendo
como aliciente talleres de outplacement para facilitar
la reinserción en el mercado, en el mejor de los
casos; se debe estar atento a las señales y, como
el saltamontes, agudizar su sentido del espacio y reconocer
cuándo todo lo que lo rodea dejó de poseer
el tamaño de sus sueños y expectativas,
y entonces, sólo así, una vez visualizado
objetivamente su ambiente, tomar la decisión de
mudarse a otro escenario.
Lo
anterior, aunque básico, suele ser un error típico
en el que incurre el profesional. No siempre se estudia
la realidad del entorno, las facilidades que el empleo
le proporciona, y entonces se toman decisiones viscerales
basadas en impulsos o situaciones extraordinarias que
activan el deseo ancestral de echarlo todo al suelo y
comenzar de nuevo. No siempre se medita lo suficientemente
bien el cambio de un empleo a otro, ni se observan las
señales con suficiente atención, y ello
genera resultados distintos a los esperados. Es por ello
que antes de pensar en cambiar de empleo es recomendable:
1.
Hacer una lista de los pros y los contra que ofrece la
posición que se posee: ¿Qué
ventajas presentaría permanecer en ella? ¿A
qué riesgos se enfrentaría al cambiar de
escenario? ¿Está preparado para asumir ese
riesgo? ¿Se trata de un capricho momentáneo?
¿Qué concepto maneja de estabilidad? ¿Logrará
lo que espera en el próximo empleo? ¿En
realidad ha agotado todas las vías en su empleo
actual? Revisar su situación le permitirá
saber si se trata de un hecho fortuito y aislado su deseo
de saltar o, por el contrario, las condiciones en las
que se encuentra son lo suficientemente ajenas a sus expectativas
como para comenzar a buscar nuevos horizontes.
2.
Realizar una autoevaluación: ¿Ha
sido mi conducta lo suficientemente proactiva como para
ser considerado para otros cargos o niveles de conocimiento?
¿Estoy agregando valor a mi trabajo? ¿Estoy
lo suficientemente identificado con mi empresa y las actividades
que realizo? ¿Fui honesto al exponer mis expectativas,
o sólo dije lo que me aseguraría el empleo?...
Este paso es fundamental porque evita cometer los mismos
errores en posiciones futuras. Si usted no ha dado lo
mejor de sí en este trabajo durante todo el tiempo
que lo ha desempeñado, ¿qué le sugiere
que en otro escenario sí lo hará? Ahora
bien, si usted se ha esforzado por ser un empleado extraordinario
y aun así no puede contemplar un futuro mejor en
la empresa, es la hora de saltar.
3.
Visualizar el entorno con objetividad: ¿Este
deseo de cambiar de ambiente se debe a una situación
puntual? ¿Qué me motiva realmente a pensar
en otros escenarios? ¿En verdad no tengo más
oportunidades en esta empresa? ¿No hay retos o
no me interesan los retos que hay? Buscar respuestas a
estas preguntas y otras que puedan surgir al evaluar con
objetividad el escenario donde se desenvuelve, le permitirá
ser más acertado en la toma de decisiones relacionadas
con su salto.
Segundo
principio: No pruebe suerte, planifique el cambio
y estudie las variables.
El
saltamontes no salta por azar; antes de hacerlo suele
ubicar con rapidez el lugar más seguro y que le
proporcione la posibilidad de volver a saltar.
Cuando
se está empleado existe cierto margen de estabilidad,
en los términos tradicionales, por supuesto. La
persona conoce el trabajo, conoce al jefe y a sus compañeros,
la dinámica de la organización, en fin,
conoce los pros y los contra de todo el negocio. Si desea
experimentar en un nuevo escenario laboral no puede aventurarse
a la primera buena impresión que le ofrezca otra
empresa; debe asegurarse que es el lugar correcto a donde
quiere saltar, que sus posibilidades de seguir creciendo
son mayores a las que ya posee y que, finalmente, esa
posición le servirá de catapulta para alcanzar
nuevos retos si es que una vez en ella siente tal necesidad.
Estar
empleado ofrece una ventaja competitiva con el resto de
los que ofertan sus servicios, pues de no coincidir con
las expectativas de la nueva empresa, la experiencia sirve
para valorar lo que se tiene y para establecer nuevas
metas personales para alcanzar otros objetivos retadores;
situación distinta a quienes no poseen empleo pues,
independientemente de ser una experiencia aleccionadora
que les permitirá autoevaluarse y aprender de ella,
la negativa del ingreso es una oportunidad menos que se
posee en el mercado laboral en ese instante de la búsqueda.
Pero
estudiar nuevas ofertas debe ser una decisión rápida
y a la vez muy bien pensada. El mercado es cambiante y
se puede estar ante un doble costo de oportunidad. El
primero corresponde a la opción de la nueva experiencia:
no todas las empresas están dispuestas a esperar
y suelen requerir la presencia del talento seleccionado
en el corto plazo. Si no se está lo suficientemente
seguro de aceptar la oferta, aun cuando se ha pasado por
todo el proceso de selección, la mínima
muestra de inseguridad puede ofrecer una imagen errada
en el empleador, disminuyendo o eliminando el interés
por el futuro empleado. El segundo costo de oportunidad
se encuentra en la misma empresa donde se labora: tal
vez no se ha sido lo suficientemente eficiente, identificado
y proactivo como para ser valorado, y mantener esa actitud
en el nuevo empleo podría generar la misma necesidad
de cambio. Es por ello que se sugiere:
1.
Hablar con sus jefes o supervisores: No
espere a ser evaluado, manifieste de manera sincera y
respetuosa las emociones, frustraciones, sueños
y expectativas de manera coherente a su superior. Aun
cuando esto es necesario, resulta particularmente difícil
en algunos casos. Ello se debe a la existencia de supervisores
inflexibles y casi impenetrables, cuya actitud exige tenerles
miedo en vez de respeto. Si la situación en la
que se encuentra el profesional que desea saltar es la
anteriormente descrita, no hay mucho que pensar, está
claro que trabajar en esas condiciones limita la capacidad
creativa del empleado, lesiona la comunicación
y el espíritu de trabajo en equipo, así
como merma la identificación con la empresa; por
lo tanto el salto será consecuencia de tales condiciones.
2.
Evalúe las respuestas e iniciativas recibidas:
Si ya ha manifestado sus inquietudes y las respuestas
que recibe son evasivas, vagas o condicionales, usted
se encuentra en una empresa que no tiene expectativas
de ofrecerle mejoras o cambios. Si por el contrario, las
respuestas son directas, sustentadas y razonables, pero
orientadas a mantenerlo en la misma situación en
la que se encuentra, usted trabaja en una empresa seria
que no está en capacidad de satisfacer sus expectativas.
Ahora bien, si observa una respuesta preocupada, interesada
y orientada a la búsqueda de soluciones en el corto
o mediano plazo a su situación, usted se encuentra
en una organización dispuesta a corregir sus omisiones,
¡no pierda esa oportunidad!.
3.
Evalúe a la nueva empresa: Si se
ve en la necesidad de cambiar de escenario laboral, es
importante que antes de tomar una decisión indague
lo suficiente acerca de la nueva empresa: ¿Cómo
es su estilo gerencial? ¿Cuál es el índice
de rotación del personal? ¿Cuánto
tiempo se mantuvo la persona que usted va a sustituir
en ese puesto? ¿Por qué se retiró?
¿Es común que la empresa sea citada a las
autoridades laborales por excesos u omisiones con el personal?
¿Las personas que trabajan en ella están
satisfechas? ¿Qué posibilidades de crecimiento
ofrece? ¿Es considerada una buena referencia trabajar
en ella?
4.
Realice una coestima completa y genere compromisos:
Durante el proceso de selección, específicamente
en la entrevista, manifieste abiertamente sus sueños,
sus expectativas y las razones (bien fundamentadas) de
su deseo de retirarse de la empresa en la que se encuentra,
así como los motivos que la identifican con la
que lo está entrevistando. Sea bien claro en lo
que espera de su nueva posición, no deje espacios
vacíos. Sin ser petulante o extremadamente exigente,
ubique al entrevistador en lo que realmente desea lograr
en el nuevo cargo y puntualice qué es lo que la
empresa desea exactamente de usted. Si lo que resulte
del proceso de coestima se ajusta a ambas partes, usted
está listo para saltar.
Tercer
principio: Mantenga su trabajo al día
y sus conocimientos actualizados, esté siempre
preparado para saltar.
Los
saltamontes mantienen sus extremidades posteriores en
constante tensión. Esto les proporciona la habilidad
de saltar en el momento preciso que la condición
lo exige; de lo contrario podría verse amenazado
por las circunstancias y perder la oportunidad de salir
ileso de ellas.
En
el caso del profesional empleado que sueña con
experimentar otros escenarios, la premisa debe ser la
misma: debe estar preparado y siempre dispuesto a saltar,
ya sea en la misma empresa o fuera de ella, pero eso sólo
es posible si se tienen las metas claras, el trabajo al
día y si se ha invertido suficiente tiempo en mantenerse
actualizado en cuanto a conocimientos y habilidades, ya
que las oportunidades exigen competencias adicionales
a las que se poseen en el cargo que se ocupa.
¿Cuántas
oportunidades no se han perdido por no respetar este principio?
La carencia de competencias y habilidades desarrolladas
es una de las razones más poderosas que impiden
fijar la atención en un candidato en particular.
Las empresas están en búsqueda de personas
que agreguen valor a sus trabajo y no se limiten sólo
a hacerlo; esperan de su personal un esfuerzo y un conocimiento
adicionales que les permita autogestionarse con éxito
y basar sus decisiones en los criterios correctos, y eso
sólo es posible si se está preparado para
ello. No obstante, algunas posiciones poseen tal carga
operativa que el empleado se limita a cumplir con ella
sin aprovechar la capacidad ociosa de su tiempo de trabajo
para invertirlo en explorar nuevos conocimientos. Por
lo tanto es recomendable:
1.
No dejar trabajos ni tareas pendientes:
Maneje un proceso detallado y completo de todo lo que
realiza o debe realizar en su trabajo, de acuerdo a las
características de su empleo. Esto le permitirá
establecer plazos y compromisos lo suficientemente cercanos
a la realidad para poder cumplir con sus labores en el
tiempo que está planificada su gestión,
ya sea de seis, ocho o doce horas al día.
2.
Documente sus actividades: Si el cargo que
posee lo exige, mantenga un resumen detallado de lo que
ha hecho, cómo, cuándo y para qué
lo ha hecho, y los asuntos que están pendientes
por hacer. Incluso, si le es posible, señale a
las personas o entes que se requieren para atender esos
puntos no alcanzados; lo anterior le ahorrará tiempo
en el caso de que deba saltar de manera inmediata y no
correrá el riesgo de pagar un alto costo de oportunidad.
3.
Comparta sus conocimientos: Mantenga al
menos a dos personas al tanto de lo que hace y de sus
técnicas más comunes, comparta con ellos
lo que sabe y la manera en que atacaría los asuntos
pendientes; eso facilitará su retiro sin causar
daños a la operación de la empresa que deja,
y también le permitirá dejar una buena imagen
de su gestión, vital para los procesos de reclutamiento
y selección tradicionales que suelen hacer uso
todavía de las referencias laborales.
Cuarto
Principio: Esté atento a las oportunidades
y amenazas de su entorno, del mercado y de las condiciones
socioeconómicas antes de decidir saltar pues ¡dos
ojos no son suficientes!
Los
saltamontes están dotados de cinco ojos, dos compuestos
y tres simples. Esto les ofrece una verdadera visión
holística de su entorno, lo que les permite estar
atentos al más mínimo de los cambios que
ocurran en él y le proporcionan la información
necesaria e inmediata para tomar la decisión correcta.
En
el caso de los profesionales, los cinco ojos han de estar
representados en las herramientas tecnológicas
y de comunicación que existen, así como
en sus colaboradores, pares y allegados. Es humanamente
imposible estar en todas partes y conocer todo lo que
acontece en el entorno. Por eso es necesario mantenerse
informado a través de diversas fuentes; ese intercambio
de datos y sucesos facilitará engranar imágenes
mentales asociadas al conocimiento, indispensables para
la creación de posibles escenarios de oportunidades
y amenazas presentes en esa realidad, ofreciendo al profesional
una visión más clara y menos subjetiva de
las consecuencias que podrían resultar de su salto
o de la ausencia del mismo.
Estar
informado es fundamental. Sin ello las decisiones carecen
de sustento y las posibilidades de éxito son escasas.
Por lo tanto es exigible el desarrollo de una conducta
orientada a potenciar el uso de esos “tres ojos”
adicionales que la naturaleza no ofreció de manera
convencional al ser humano, pero que en el campo profesional
y personal pueden ser adheridos de manera concienzuda
y planificada con la finalidad de poseer una visión
lo suficientemente amplia del entorno que permita tomar
la decisión correcta de saltar o no según
sea el caso. Por todo lo anterior se sugiere:
1.
Estar al corriente del acontecer nacional y local:
Leer la prensa, revisar Internet e incluso estar atento
a las comunicaciones internas que ofrezca la empresa.
Esto le proporcionará los datos indispensables
al momento de presentarse la necesidad de realizar un
salto.
2.
Crear y fomentar redes de información:
El intercambio de información con compañeros
de labores, ya sea de la misma área u otras dentro
de la organización, es imprescindible, siempre
y cuando se respete la confidencialidad en los casos en
que se requiera y lo que se exponga agregue valor a la
comunicación. Aunque no es prudente desoír
los rumores, pues suelen poseer un porcentaje de veracidad,
es recomendable aprender a separar los comentarios infundados
de los objetivos y reconocer a los individuos que los
propagan. Sólo la información veraz y confiable
le servirá para tomar decisiones.
3.
Verifique la información: Por más
verdadero que le parezca un dato, verifique su autenticidad,
no tome decisiones basadas en supuestos o percepciones
de terceros. Saltar a otro escenario dentro del mismo,
o simplemente no hacerlo, es una decisión seria
que debe poseer bases sólidas y confiables.
Quinto
principio: Si piensa saltar no lo divulgue ni
dé indicios obvios de que lo hará.
El
saltamontes usa el mimetismo como mecanismo de defensa.
Cuando el saltamontes se ve amenazado por algún
depredador no comienza a dar saltos de un lado a otro,
eso lo pondría en un riesgo mayor. Por el contrario,
utiliza el entorno y se confunde con él, esperando
el momento más adecuado para realizar el salto
que lo librará de la amenaza.
Otro
de los errores comunes que cometen algunos profesionales
empleados se encuentra, precisamente, en la incapacidad
que demuestran de ocultar sus frustraciones y deseos de
abandonar el trabajo que realizan.
Cuando
un empleado manifiesta constantemente su deseo de cambiar
de trabajo o las frustraciones y desacuerdos que posee
con el que actualmente desempeña, se convierte
en un elemento negativo para el ambiente laboral en el
que se desenvuelve, y por lo tanto, es uno de los candidatos
más inmediatos que posee la empresa para prescindir
de sus servicios. Si esto ocurre, el profesional se encontrará
desempleado en un mercado altamente competido y sin preparación
alguna, pues no sólo ha sido el principal causante
de esa situación, sino que se convierte en un ejemplo
inmediato de lo que nunca debe hacerse si no se posee
algo seguro.
Las
empresas contratan a su personal basadas en una serie
de procesos que no son ajenos para el candidato, quien
al final acepta la oferta y las condiciones del contrato
que se le ofrece. Si al cabo de un tiempo las condiciones
no satisfacen las expectativas del empleado, descubre
que aquello que lo identificaba con la empresa ya no le
es atractivo o advierte que no es posible, por condiciones
ajenas, continuar ofreciendo sus servicios en esa organización,
resulta poco profesional que vocifere de manera elocuente
y descarada su incomodidad. Es más apropiado mantener
el ritmo y la calidad de trabajo que se ha venido ofreciendo
con el tiempo y comenzar a utilizar los recursos externos
para ubicar un nuevo escenario laboral. En estos casos
es prudente:
1.
No hacer del conocimiento general su descontento:
Como ya se señaló, manifieste a su supervisor
las expectativas no cumplidas y su estado emocional con
relación al trabajo que realiza. No lo haga público,
puede que esté pasando simplemente por un mal momento
y éste desaparezca o que no logre completar el
proceso de selección en la otra empresa y su imagen
se vea afectada en la que actualmente trabaja, si es ese
el caso. Manifestar descontento no siempre es bien visto
por los supervisores, pero con certeza será lo
primero que recuerden al momento de evaluar su desempeño
en la organización y tomar decisiones al respecto.
2.
Maneje con discreción el proceso del salto:
Procure ser entrevistado fuera de su horario de trabajo,
en días no laborables para su empresa o en horas
de almuerzo. No descuide su trabajo actual. No comente
con personas ajenas a su circulo más cercano sus
búsquedas o entrevistas hasta que no esté
completamente seguro que ha sido seleccionado y se disponga
a retirarse de la empresa, salvo que ello sea una ventaja
competitiva para usted y pueda mejorar su condición
en el trabajo que actualmente ocupa, en el caso de que
desee continuar en él. No insinúe ni sugiera
su deseo de saltar a personas que no posean la capacidad
operativa de mejorar su condición dentro de la
empresa (si su deseo es quedarse en ella), pues lo que
generará con ello será una serie de eventos
y comentarios que no le serán útiles.
3.
Mimetice: Salvo que sea una ventaja, mantenga
la postura, no resalte ni se muestre ansioso, confúndase
con el entorno si su deseo es retirarse de manera profesional.
Como ya se señaló, las empresas aún
practican la consulta de referencias y no es prudente
dejar una mala imagen en la empresa que se abandona.
Sexto
principio: Si va a dar un salto evalúe
sus talentos. Si usted no los tiene, con certeza otro
los tendrá.
Aunque
suelen ser insectos solitarios, los saltamontes no siempre
se encuentran en esa condición, y en ciertas oportunidades
se concentran en grandes bandadas cuya simple descripción
produce ansiedad sólo de imaginarla, ya que generan
importantes daños al ambiente. Cuando esto ocurre
pueden librarse verdaderas pugnas por los espacios y los
alimentos disponibles, en donde sólo gana el saltamontes
más apto.
Resultaría
ingenuo suponer que se es el único profesional
que desea saltar a otro escenario. Las cifras de profesionales
que han entendido y se han convertido en verdadero talento
empleable cada día es mayor, y eso ha generado
una enorme concentración de profesionales disputándose
buenas posiciones en el mercado laboral. En este caso
no sólo es importante saltar primero, sino poseer
las competencias requeridas para asegurar la posición
deseada. Es por ello que en las empresas actualmente se
exigen mayores niveles de estudios y otros conocimientos.
La finalidad de tal práctica es reducir la comunidad
de postulantes y poder escoger entre los mejores.
Reflexiones
finales
Cambiar
de empleo representa una responsabilidad mucho mayor que
buscar trabajo. Principalmente porque en el último
caso no se producen daños a terceros por una ruptura
abrupta o indeseada, no hay dependencia y las decisiones
recaen del interesado y su correcta coestimación
con una sóla empresa. Pero cuando se está
empleado existe un código de ética que ha
de respetarse, pues el empleo es algo serio y valioso.
Basándose en esta última afirmación,
es importante destacar que tanto la empresa como el empleado
son responsables de generar la necesidad de buscar otros
horizontes.
Las
empleadores deben ser lo suficientemente abiertos, honestos
y definitivamente claros al momento de contratar. Eso
evita la generación de expectativas erradas en
las personas que se sienten interesadas por un cargo en
particular. Pero eso no es suficiente: las organizaciones
deben poseer sistemas de rotación y estímulo
para que sus empleados, en cualquier área, no caigan
en la monotonía y el empleo no pierda la condición
de reto. En la actualidad se sabe que una persona no debería
pernoctar en un mismo nivel de conocimiento o cargo por
más de cinco años, salvo que su capacidad
de innovación y creatividad se muestren activas
y en ascenso. De lo contrario la misma organización
estaría alimentando la fuga de personal valioso
que practicaría de manera consciente o no la Teoría
del Saltamontes.
Por
otro lado los empleados deben administrar correctamente
sus expectativas y no esperar más allá de
lo que es posible recibir de las empresas. Estos también
son responsables de las decisiones que la organización
toma con relación a ellos, pues la empresa parte
de acuerdos preestablecidos, comentados y discutidos durante
la contratación en la mayoría de los casos.
Si bien es cierto que por las condiciones actuales del
mercado laboral no están como para sentarse, tomarse
un tiempo y escoger la que mejor convenga, debido a la
escasez de ofertas, no es menos cierto que resulta irresponsable
quejarse y demostrar inconformidad de las condiciones
laborales una vez que se ha escogido un empleo bajo la
premisa “es mejor esto que nada”.
Pero
en el caso al que se refiere la Teoría del Saltamontes,
la visión es otra. Esta pretende orientar al profesional
que ha alcanzado un número importante de años
en una posición determinada y que no ve la posibilidad
de seguir creciendo dentro de la empresa en la que labora,
incluyendo a esas personas que sienten que ya lo han dado
todo por la organización y sueñan con tener
la oportunidad agregar valor a otras que realmente lo
necesiten, ya que es necesario no ser sólo parte
del cambio sino también ser capaces de generarlo,
lo cual demanda planificación, preparación
y precisión. De lo contrario se estarían
obviando principios inalterables de la administración
y dejando a la suerte lo que debería ser la consecuencia
de una decisión bien pensada y sustentada.
Si
se desea saltar a un nuevo escenario laboral, vale la
pena repasar los seis principios que expone la Teoría
del Saltamontes y responder de manera objetiva los cuestionamientos
que ella sugiere y reflexionar sobre sus postulados, ya
que su planteamiento obedece a garantizar el éxito
en esa meta laboral. Recuerde siempre los seis principios
de esta interesante teoría: