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“Una
golondrina no hace verano”, dice el refrán, y
en la mayoría de los casos, por mucho que nos esforcemos
en implantar dentro de las organizaciones un modelo de orientación
al cliente, gestión de calidad o mejora continua, es
posible que fracasemos si no logramos primero que estos conceptos
sean internalizados por los distintos trabajadores de la empresa.
Toda
organización tiene sus valores que le dan vida y se
constituyen en el norte de su accionar diario. No obstante,
es fácil que estos valores puedan desdibujarse si no
van acompañados de hábitos y actitudes que conformen
y consoliden el carácter de cada persona que trabaja
en la empresa.
La
sociedad actual está atravesando una era de permanentes
transformaciones. Todo alrededor nuestro está cambiando;
y no sólo cambia, sino que además lo hace a
un ritmo cada vez más acelerado. Las organizaciones
que no sean capaces de alinearse con esta dinámica,
pronto se tornarán obsoletas. Mientras que algunos
pueden considerar la obsolescencia como una consecuencia inevitable
del cambio, los ejecutivos preactivos, por el contrario, buscan
lograr una transformación organizacional que les asegure
su supervivencia a largo plazo.
Claro
que no se puede pensar en una transformación organizacional
real si no se emprende primero una transformación a
nivel individual. Y en este proceso de transformación
gradual –primero personal y luego organizacional–
está basado el modelo de Los 7 Hábitos de
las Personas Altamente Efectivas, desarrollado por el
Dr. Stephen Covey. Este enfoque permite que cada persona logre
primero un mejor conocimiento de sí mismo, para luego
descubrir y potenciar en toda su dimensión la interacción
con los demás. Pero más allá de lo que
se podría catalogar como “aspectos blandos”,
los 7 Hábitos permiten obtener resultados objetivos
y cuantificables en el desempeño de cada individuo.
Las
personas con hábitos efectivos son las piedras angulares
para formar organizaciones altamente efectivas. Es por esta
razón que el desarrollo de estos hábitos a nivel
personal, constituye la base para lograr la efectividad a
nivel de la empresa. Los 7 Hábitos han permitido transformar
a miles de organizaciones en todo el mundo, y actualmente
la empresa de consultoría Franklin Covey asesora a
200 de las 500 empresas de la revista Fortune, así
como a varios miles de pequeñas y medianas empresas,
instituciones educativas y organizaciones gubernamentales
y privadas en todo el mundo.
En
una era caracterizada por las “soluciones rápidas”
y la prescripción de “aspirinas sociales”,
los 7 Hábitos no se presentan como un conjunto de recetas
fáciles, o fórmulas fragmentadas de éxito
pasajero. Por el contrario, en armonía con las leyes
naturales, proporcionan un enfoque gradual y sistémico
del desarrollo personal e interpersonal.
Implementar
este concepto no constituye una labor fácil: es una
tarea ardua, que exige un constante esfuerzo y tenacidad por
parte de cada individuo. Supone desarraigar viejos hábitos
e incorporar otros nuevos, lo cual conlleva desarrollar mucha
disciplina, constancia y espíritu de superación.
Pero al mismo tiempo, los logros que se alcanzan por medio
de la internalización de los nuevos hábitos
permiten alcanzar niveles de efectividad desconocidos hasta
entonces, y experimentar un estado de armonía y paz
interior, en el que cada individuo logra un equilibrio adecuado
entre sus responsabilidades a nivel profesional, familiar,
social y espiritual.
Según
plantea Covey, la incorporación de los 7 Hábitos
permite a los individuos dejar la etapa de dependencia e independencia,
para alcanzar finalmente el estado de interdependencia. Las
personas dependientes necesitan de otros para conseguir lo
que quieren; las independientes lo consiguen valiéndose
de sus propios medios, mientras que las personas interdependientes,
combinan sus esfuerzos con el de los demás, logrando
así un éxito mucho mayor. Esto se alcanza fundamentalmente
a través del desarrollo de las habilidades para el
trabajo en equipo, la actitud de una escucha empática
y el logro de la sinergia. Como persona interdependiente cada
individuo tiene la oportunidad de compartir profunda y significativamente
con los demás, logrando así complementarse con
los amplios recursos y potenciales de quienes lo rodean, y
llegando a mejores resultados que los que hubiera alcanzado
en forma individual.
Uno
de los aspectos relevantes de los 7 Hábitos es el enfoque
con el cual concebir las relaciones laborales. Dicho enfoque
busca que los trabajadores alcancen su propia autonomía,
para que se conviertan en responsables y protagonistas de
su propias tareas, y aporten de esta forma lo mejor de sí
mismos.
Consecuentemente
se erradica el concepto de que el rol del jefe es “fiscalizar”,
al mismo tiempo que se elimina la actitud de los trabajadores
de cumplir con sus tareas “sólo cuando hay alguien
que los está mirando”. Mediante la internalización
de los 7 Hábitos, la interacción entre jefes
y empleados se caracteriza por una relación de respeto,
donde la supervisión se torna prácticamente
innecesaria, ya que cada uno es responsable de lo que debe
hacer y lo hace con mucho profesionalismo. Como consecuencia,
se reducen considerablemente los costos de la no calidad,
se mejora en forma significativa la productividad y se establece
un excelente clima organizacional.
Alcanzar
un estadío de esta naturaleza supone cultivar una cultura
de alta confianza entre todos los miembros de la empresa.
Una cultura de este tipo pone a la organización en
excelentes condiciones para adaptarse a nuevos cambios y le
permite enfrentar más fácilmente los constantes
desafíos que le plantea la sociedad actual.
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Una
breve descripción de los 7 Hábitos:
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Proactividad: Nos faculta para responder
de acuerdo con nuestros principios y valores, alcanzando
así una gran libertad interior.
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Comenzar con un fin en mente: hace
posible tener una visión de lo que queremos
lograr, otorgando un sentido a la vida.
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Poner primero lo primero: es la disciplina
de llevar a cabo lo importante, liberándonos
de la tiranía de lo urgente.
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Pensar en ganar-ganar: cuestiona
la premisa de que la vida es un juego de “suma
cero”, donde para que uno gane otro tiene que
perder, sentando las bases para la convivencia y la
equidad entre los seres humanos.
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Buscar comprender primero y luego ser entendido:
representa la esencia del respecto a los demás.
Es la clave para las relaciones efectivas y posibilita
los acuerdos de tipo ganar-ganar.
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Sinergizar: es el resultado de cultivar
la habilidad y la actitud de valorar la diversidad.
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Afilar la sierra: es el hábito
de la mejora continua, usar la capacidad de renovarnos
física, mental y espiritualmente.
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