Ante
la desesperación que causa la escasa oferta laboral,
muchas personas en busca de empleo apelan a la buena voluntad
o incluso a la compasión de los otros y frente a
la pregunta: “¿Qué tipo de trabajo busca?”,
responden “De cualquier cosa”.
Si
bien se entiende que esta respuesta refleja una gran necesidad
más que un deseo, hay que tener en cuenta los efectos
negativos que puede acarrear. El trabajo de “cualquier
cosa” no existe. Más aún, ante la escasa
oferta laboral existente –aunque parezca contradictorio–
hay que ser muy selectivo para tener mayores posibilidades.
Cuando
la búsqueda laboral se extiende mucho más
de lo que habíamos imaginado, la necesidad de dinero
se hace sentir y la incertidumbre se va transformando en
desesperación. En esa circunstancia, hace falta –más
que nunca– tomarnos el tiempo que sea necesario para
reubicarnos y pautar estratégicamente los pasos a
seguir. Lo ideal sería organizarnos de modo tal que
la desesperación no llegue, pero si no ha sido así,
no es tarde. Nunca lo es.
La
búsqueda laboral siempre requiere algún método,
el trazado minucioso de algún plan. Mucho más
cuando las ofertas laborales son escasas y la situación
del mercado es inestable y confusa.
Debemos
estar muy atentos a lo que yo llamo “los dos frentes”.
El externo, que es el mercado y el interno, que es uno mismo.
En
cuanto al primero, será importante tener la mayor
información posible sobre la oferta laboral (visible
e invisible) y reforzar la red de contactos. Pero esto depende
–muchas veces– de las condiciones en que se
encuentra el “frente interno”. Es obvio que
debemos estar bien (o lo mejor posible) para encarar las
circunstancias adversas en el “frente externo”.
Esto
algunas veces se logra casi espontáneamente porque
nuestra personalidad nos lo permite o las circunstancias
no son tan adversas.
Pero
otras veces requiere de cierta preparación. En primer
término, es necesario un análisis pormenorizado
de nuestras habilidades y áreas de experiencia. Esto
nos indicará hacia dónde es conveniente orientar
nuestro esfuerzo. Es muy importante pensar con detenimiento
cuáles son nuestras principales habilidades (en sentido
amplio).
No
confundamos habilidades con ocupaciones. Esto es clave.
Por ejemplo, cuando coordino talleres de orientación
laboral, y pregunto sobre habilidades, suelen responderme:
“Sé vender”; “Tengo experiencia
como asistente”; o “Puedo hacer tareas administrativas”.
Quienes me responde así, están señalando
actividades posibles, pero no habilidades. Al confundir
estos dos conceptos, cierran posibilidades en vez de abrirlas.
La cuestión es concentrarnos en habilidades y entonces
poder decir cosas como: “Sé tratar al público”;
“Tengo facilidad para los cálculos”;
“Puedo prever situaciones futuras”; “Soy
buena coordinando diferentes tareas”.
Si
pensamos en términos de ocupaciones nos estamos limitando,
mientras que pensar nuestras habilidades nos permitirá,
en un segundo paso, pensar qué tipo de actividades
requieren esas habilidades que tenemos (las hayamos realizado
alguna vez o no). Dicho de otro modo: si María se
focaliza únicamente en que ella es una buena asistente
bilingüe, buscará trabajo como tal; pero puede
suceder que en ese momento el mercado no esté solicitando
asistentes bilingües y la búsqueda se postergue
más de lo conveniente.
Pero
en cambio, si María piensa que es buena coordinando
diferentes actividades, trabajando bajo presión,
manejando temas confidenciales, comunicándose en
más de un idioma y organizando tareas de otros, es
probable que su universo de búsqueda se amplíe
porque ya no sólo buscará como asistente sino
que podrá emplear todo ese repertorio de habilidades
para llevar a cabo otras actividades.
En
circunstancias en las cuales la oferta laboral es por demás
escasa, ampliar el horizonte de búsqueda de este
modo es fundamental.
A
partir de este análisis de nuestras habilidades es
preciso encarar una búsqueda estratégica de
oportunidades laborales. Esta búsqueda será
amplia, por lo cual estaremos abiertos a diferentes posibilidades,
pero tendremos en cuenta que al momento de hablar con otros
debemos lograr que quede claro hacia dónde orientamos
la búsqueda.
Por
eso la expresión “de cualquier cosa”
queda descartada. Nadie tiene habilidades para todas las
tareas, y en un contexto altamente competitivo, debemos
asegurarnos de estar enfocados hacia aquellas áreas
en las cuales tenemos chances de competir con éxito.
Es
sorprendente cómo el ejercicio de pensar las propias
habilidades suele revelar, a quien lo realiza, situaciones
hasta ese momento ignoradas. Muchas personas no tienen una
adecuada “fotografía de sí mismas”
y se presentan ante potenciales empleadores sin poder dar
cuenta de su enorme potencial.
En
un mundo que cambia velozmente es importante lo que cada
persona sabe hacer, pero mucho más importante es
lo que todavía pueden aprender, lo que todavía
pueden desplegar. Para eso es primordial bucear dentro de
uno y vislumbrar aquello que podrá desarrollarse
todavía: nuestro potencial.
Aun
cuando se pueda apelar a la solidaridad de los demás,
debemos pensar que cada uno tiene suficientes problemas
y cosas de qué ocuparse. Por lo cual, mientras más
claro sea el mensaje que transmitimos, mayor posibilidad
de ser recordado tendrá. Por eso insisto en la necesidad
de pensar nuestras habilidades, buscar estratégicamente
y propiciar situaciones donde nuestro potencial pueda ser
desplegado originando nuevas oportunidades laborales.
La
búsqueda laboral estratégicamente encarada
no es por sí misma garantía de éxito.
Son muchos los factores que intervienen en la obtención
de un empleo o en la viabilidad de una actividad laboral.
Sin embargo, trabajar sobre el “frente interno”
es una buena forma de orientarnos en la mejor dirección
posible y estar fuertes para enfrentar las adversidades
de la época que nos ha tocado vivir.