Llegué
a la cumbre azul de la esperanza,
¡Y me encontré en la cumbre solitario!
José
de Diego – Poeta puertorriqueño
Después del combate
El
mercado de acciones se derrumba y provoca ansiedad generalizada.
Con ayuda de Internet, las empresas generan millones de clientes
y después se agotan tratando de manejar las exigencias
de los negocios en tiempo real. Las personas dirigen equipos
virtuales y proyectos globales y quedan extenuadas de tanto
viajar y responder los e-mails. No es sorpresa, entonces,
que tantas personas sientan que sus vidas huyen de su control.
El
mayor caso de confusión de identidad, en la sociedad
moderna, está relacionado con los cuatro marcos del
éxito público: dinero, poder, fama y status.
No
tengo nada contra estos aspectos, si es que son vistos como
recursos y no como metas a alcanzar.
Pero
exactamente ese es el problema de la mayoría de las
personas, y es por eso que ellas tienen tanta dificultad en
responder la pregunta sobre “cuánto es suficiente”.
Si su meta es ganar dinero o fama, ¿cuándo podría
usted saber si lo que consiguió es suficiente?
La
mayoría de la gente que tiene un poco quiere más,
y los que tienen mucho, también quieren más.
Un
porcentaje muy alto de personas sólo reconocen sus
límites cuando los sobrepasan. O sea, cuando hacen
tanto y van tan lejos para buscar dinero o status, que terminan
dándose cuenta que se excedieron.
Aristóteles
ya decía que el problema del deseo es que éste
se alimenta de sí mismo. El deseo es un buen criado,
pero un pésimo señor.
Entonces,
¿cómo podemos protegernos contra el impulso
de querer siempre más?
Las
personas que están satisfechas con sus rentas, generalmente
saben cuánto es lo bastante, porque para ellas el dinero
tiene solo un valor instrumental.
¿Posee
usted dinero suficiente? Para
responder a esta pregunta es necesario hacerse esta otra:
¿suficiente para qué? ¿Para conservar
determinado estilo de vida? ¿Para garantizarle seguridad
y certidumbre con el futuro?
Esos
objetivos en la vida tienen precios, pero los precios varían
según las personas. Séneca aconsejaba que cada
cierto tiempo se pasara un día comiendo solo pan, tomando
agua y durmiendo en el suelo duro. ¿Por qué?
Porque cuando se hacen estas cosas, la persona percibe lo
poco que se necesita para sobrevivir. Séneca quería
que las personas distinguiesen sus necesidades de sus deseos.
Muchos
profesionales poseen más de lo que necesitan. A pesar
de eso, continúan insatisfechos porque sus vidas huyen
de su control y porque les gustaría tener más.
¿Cómo comprender entonces ese dilema? Indagando
en las insatisfacciones del ser humano.
En
la vida hay dos tipos de insatisfacción. Una es la
insatisfacción de poseer. La otra es la insatisfacción
de la aspiración. La insatisfacción de poseer
gira en torno al deseo de poseer más.
Como
vivimos inmersos en una cultura competitiva, en una cultura
del más, en este tipo de sociedades es difícil
establecer límites. Por
ejemplo, existen personas que tienen tanta ropa que han tenido
que construir clósets extra para guardar todo lo que
compran.
La
insatisfacción de poseer no es saludable. Es provocada
por un vacío que jamás será llenado,
mientras que la insatisfacción de aspiración
es saludable. Ella no habla de la relación con lo que
se desea adquirir, pero sí con lo que se quiere transformar.
¿Cuánta
sabiduría es bastante? ¿Cuántas ideas
y experiencias interesantes son suficientes?
Diferente
es la pregunta ¿cuánto dinero es bastante?,
esas son preguntas que no admiten respuestas absolutas. Ese
tipo de insatisfacción empuja a crecer, a expandir
los horizontes, a ser más solidario, a ser más
eficaz en las cosas que se hacen. Escasas son las personas
que pueden afirmar: Ya hice bastantes cosas interesantes,
ya aprendí lo suficiente. Nunca, ninguna persona
tiene sabiduría suficiente.
La
clave esencial para la satisfacción es algo que casi
siempre se nos escapa. No es conseguir lo que queremos, pero
sí es querer aquello que conseguimos.
El
éxito nunca debe ser confundido con riqueza o poder.
Debe, sí, ser ligado a la excelencia y al sentimiento
de realización. El éxito es algo que se refiere
a quién es usted y no a lo que usted posee.
Las
personas exitosas se esfuerzan para descubrir sus talentos,
desarrollarlos y utilizarlos en beneficio propio, pero también
para beneficiar a otros. Cicerón, Sócrates y
Sófocles tendrían mucho que criticar la actual
literatura sobre el éxito y el desarrollo personal.
Heráclito, por su parte, decía que carácter
es destino. No necesitamos de ayuda para desarrollar
nuestra personalidad. Lo que necesitamos es cultivar nuestro
carácter.
Los
modelos culturales de éxito que tenemos para imitar
o seguir son modelos de exceso: de personas que se dedican
de manera obsesiva a una sola actividad. En lugar de eso,
se debería adoptar como modelos a personas que buscan
la excelencia en varias cosas.
La
idea es aumentar siempre las aspiraciones en vez de los recursos.
Cuando se tienen más aspiraciones que recursos, el
resultado es la innovación. Pero si se tienen más
recursos que aspiraciones, no habrá creación
alguna.
Se
vive para alcanzar el éxito en distintas dimensiones:
no solo para disfrutarlo, sino también para deleitarse
buscándolo. Es una realidad que las personas que obtienen
placer del éxito son aquellas que obtienen más
placer en su búsqueda. Son personas que consiguen la
satisfacción en el viaje, no en la llegada al destino.
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