La
vida ahora semeja una sucesión de problemas abiertos
que no perecen tener respuesta correcta, pero que a
pesar de ello piden una. Solíamos pensar que
la vida era un problema cerrado, que todo tenía
la respuesta correcta, sólo que no la conocíamos
todavía. Pero alguien la sabía, generalmente
alguien mayor y con más experiencia que nosotros.
Y con un poco de investigación, nosotros también
encontrábamos esa respuesta. Una pregunta cerrada
era: ¿cuál es el camino más corto
para ir a la montaña? Existe una respuesta clara
para eso.
Pero
una pregunta abierta es: ¿por qué quieres
ir a la montaña? Para esa pregunta no hay una
respuesta correcta y sin embargo, tenemos que encontrarla.
Me
parece que la vida es cada vez más así.
Mi respuesta tal vez no será igual a la de usted
pero, con todo, tengo una respuesta y debo seguir con
ella. En general, nuestra educación no nos ha
preparado para esto.
Nuestras
escuelas están diseñadas sobre el supuesto
implícito de que todos los problemas del mundo
han sido ya resueltos y que el profesor conoce todas
las respuestas.
El
trabajo de un profesor es presentar el problema a los
estudiantes, después las respuestas y, finalmente,
instruirlos para saber cómo enfrentarlos.
Tal
como veo el mundo, éste es una sumatoria de discontinuidades
con problemas variados. Debemos inventar un nuevo mundo.
La educación tradicional corre el peligro de
ser deshabilitadora, y no lo contrario. Muchos de los
supuestos de mi educación eran que había
cosas “conocibles” en el mundo, y que si
uno las conocía podría caminar por ese
mundo con cierta seguridad. Ahora sé que he tenido
que desaprender muchas de esas cosas.
Creo
que será necesario un sistema formativo totalmente
diferente, un sistema que no se base en adquirir conocimientos
y hechos. Estos son todavía necesarios, por supuesto,
pero son de fácil acceso. Me gustaría
equipar a cada joven con un computador o con un simple
DVD, que ya no cuestan nada, y entregar toda la “materia”
con imágenes y sonido interactivo. El trabajo
del profesor será ayudarle a aprender qué
hacer con todos esos conocimientos y cómo hacerlo.
La
forma en que solíamos hacer frente a la complejidad
era dividiendo las cosas en trozos más pequeños,
más manejables. Esto daba por sentado que la
suma de las partes era igual al total. Y así
es como tradicionalmente intentábamos resolver
los problemas en el mundo de los negocios, y eso ya
no es válido en la clase de mundo en que estamos
entrando.
Debemos
desarrollar un sentido de conexión, un sentido
de trabajar juntos como parte de un sistema, donde cada
parte del sistema afecte a los demás y sea afectada
por ellas, y donde el conjunto sea mayor que la suma
de sus partes.
Así
es como podemos hacer que el futuro tenga un sentido.
Tenemos que darle nuestro propio sentido, nuestro propio
futuro, al igual que las organizaciones.
Pasa
lo mismo en las compañías. Apenas se pone
un computador en cada mesa de trabajo, el empleado medio
se puede hacer más poderoso. El puede saber tanto
o más que su jefe. De alguna forma le estamos
dando a la sociedad una mente propia. El mundo está
a disposición del que quiera. Esto me parece
a la vez apasionante y aterrador.
La
manera de entender uno el futuro en las organizaciones,
en la sociedad y en su propia vida, es encargarse del
futuro, no responder a él.
Por
lo tanto, debemos aprender a vivir en el caos y la incertidumbre,
tratar de sentirnos cómodos con ellos y no buscar
certeza donde no la hay, a correr el riesgo para innovar.
Ahora
el enemigo somos nosotros y nuestras sociedades porque
contra lo que estamos luchando es contra nuestro sistema
de valores, nuestros propios principios.
En
síntesis, ya no nos ganaremos el pan con el sudor
de nuestra frente, sino con el sudor de nuestra mente.
|