Abstract
La
idea de “investigar” ha quedado relegada
a ámbitos que son prácticamente ajenos
a la acción de gerenciar. La investigación
teórica pareciera ser propiedad de los claustros
académicos, en los cuales la formalidad permite
que se dé vuelo a todo tipo de teorías.
Sin embargo, la acción de investigar debe ser
fomentada en los administradores, quienes deben necesariamente
favorecer la teorización y la formulación
de modelos de experimentación para entender y
comprender el complejo mundo de los negocios.
El
meollo
En
la gestión de empresas, la función gerencial
se haya orientada hacia la resolución de problemas,
más que hacia su anticipación. En otras
palabras, el foco de la acción se encuentra puesto
en las consecuencias y no en las causas, afectando,
de esta manera, la eficiencia del sistema productivo.
Moverse
en el complejo mundo de los negocios implica, para los
administradores de empresas, tomar decisiones a cada
momento. La información, la tecnología,
la moda y la globalización, no han hecho otra
cosa que aumentar la velocidad con que los consumidores
cambian de marca de producto. De manera que, si una
empresa quiere subsistir en este cada vez más
competitivo mundo globalizado, debe tomar decisiones
a velocidades cada vez mayores.
Mayor
velocidad no implica mejores decisiones. Esto está
claro. El administrador no tiene tiempo para sentarse
a pensar en la mejor decisión a tomar. Por eso
actúa sobre el problema; sobre la consecuencia.
Bajo
esta modalidad, los problemas (paradas de líneas
de producción, falta de insumos, proveedores
que no entregan, productos fuera de especificación,
etc.) se harán recurrentes, obligando a desviar
parte de los recursos para resolver, una vez más,
los mismos tipos de fallas.
La
toma de decisiones basada en las causas implica que
el administrador adopte una perspectiva diferente frente
al tipo de toma de decisiones basado en las consecuencias.
Debe, ante todo, tener la capacidad de anticiparse a
los problemas. Debe ser capaz de identificar las incertidumbres
que afectan a determinado proceso, y a partir de allí,
diseñar las mejores herramientas para acotarlas.
Para
eso es necesario que el gerente o administrador realice
investigación. Sin embargo, investigación
y gestión empresarial no van de la mano. Se ha
instalado en la cultura empresaria la idea de que la
acción de investigar en temas relacionados con
la administración, le corresponde al ámbito
académico. Mientras que en las universidades
se teoriza, en las empresas se acciona, se da prioridad
a lo concreto.
El
conocimiento científico se encuentra alejado
de quienes tienen la función de gerenciar una
empresa. La labor del investigador por lo general se
la asocia a una actividad de tipo académico-teórico,
en la cual el sujeto se relaciona intelectualmente con
el objeto de estudio, para entenderlo en todas sus dimensiones.
Por
su parte, quien gerencia una empresa construye una relación
sujeto-objeto desde una perspectiva muy diferente: a
éste ya no le interesa entender el objeto, sino
actuar sobre las consecuencias producidas por ese objeto.
El
concepto que subyace en quien gerencia una empresa es
que sólo administra recursos, por lo tanto la
investigación es ajena a su campo de acción.
Dentro de este marco, la reflexión tiene poca
o ninguna cabida en el ámbito de la acción
gerencial.
“Estudio
tras estudio han demostrado que el administrador trabaja
a un ritmo muy riguroso, que sus actividades se caracterizan
por ser breves, variadas y discontinuas, y que todo
administrador está decididamente orientado a
la acción y no siente gusto por las actividades
reflexivas”. (1)
En
sus planteos, los diferentes autores, sostienen que
la acción gerencial debe estar orientada hacia
la acción, al ahora, a la inmediatez. Lo importante,
en todo caso, es lograr la eficacia; y ésta entendida
como logro de objetivos en el corto plazo, más
que en el largo plazo.
“La
gerencia no tiene interés por el conocimiento
en sí; lo que le interesa es el desempeño.
Nada es tan inútil como la respuesta correcta
que desaparece en el cajón del archivo, o la
solución correcta que la gente que tiene que
hacerla efectiva sabotea silenciosamente”. (2)
Toda
la gestión gerencial está orientada al
logro de objetivos de tipo económico. Un gerente
de producción debe tomar decisiones que tengan
un impacto claro en los estados de resultados. Lo mismo
ocurre con las decisiones que se toman en otros departamentos
de la empresa.
Entonces,
es natural que la pregunta mayormente formulada sea
¿cómo se soluciona el problema? Es natural,
en el sentido que es congruente con el discurso de logros
de objetivos en el corto plazo.
De
hecho, en el enfoque neoclásico de la administración
existe una teoría desarrollada por Peter Drucker
que se denomina administración por objetivos,
en la cual el énfasis se haya puesto en el cumplimiento
efectivo de las metas propuestas. Nuevamente se puede
ver que interfiere el concepto de eficacia en la acción
gerencial.
Sin
embargo, la toma de decisiones es común al investigador
y al gerente: ambos, ante un problema dado, deben encontrar
las preguntas adecuadas para seguir adelante. A pesar
de ello, sólo el investigador aplica el conocimiento
científico para formularlas.
En
el mundo altamente competitivo en el que se desarrollan
los negocios, el gerente está abocado a la resolución
de problemas, por lo tanto sólo busca soluciones
prácticas y rápidas. En este paradigma
no hay espacio para el gerente-investigador, de manera
que estas cualidades no son buscadas ni fomentadas.
El corto plazo prevalece sobre el largo plazo.
Finalmente,
cabe decir que las empresas que se diferencian y que
llevan la delantera en materia de innovaciones tecnológicas,
son aquellas que aportan valor no sólo a sus
productos, sino también a la sociedad. Fomentar
el desarrollo de administradores con capacidad de teorizar
es de alguna manera comenzar a dar cabida a un nuevo
paradigma empresarial.
(1)
Mintzberg Henry, Quin, James Brian, Voyer, John, El
proceso estratégico, conceptos, contextos y casos
(Mexico: Prentice Hall, 1997), pág. 36.
(2)
Drucker, Peter F., La gerencia: tareas, responsabilidades
y prácticas (El Ateneo, Buenos Aires, 1973),
pág.459.
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