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Biológicamente,
y en palabras simples, la felicidad se produce en el
hemisferio cerebral derecho, más precisamente
en el cuadrante posterior. Filosóficamente, ha
sido tema para muchos pensadores: Aristóteles,
Bentham, Locke, entre muchos otros, han abordado este
tema.
Bajo
el punto de vista económico, la felicidad es
explicada por la Teoría del Consumidor del siglo
20, entendiéndose, en palabras simples, que a
mayor consumo, mayor utilidad, por lo que a menor restricción
presupuestaria, mayor sería el nivel de satisfacción
de los consumidores, por ende, mayor su nivel de felicidad.
Durante
el último tiempo, son numerosos los estudios
que se han realizado sobre la felicidad. Por ejemplo,
la consultora New Economics Foundation midió
la felicidad de los países en relación
a la calidad de vida de los mismos. Descubrió
que en Vanuatu, una pequeña isla en el Pacífico
Sur con algo más de 200.000 habitantes y con
una esperanza de vida de sólo 68,6 años,
vivían las personas más felices de la
Tierra.
La
Universidad de Lancaster se enfocó, por su parte,
a diseñar el Mapamundi de la felicidad, donde
claramente se ve una relación directa entre bienestar
económico y felicidad, a partir de un ranking
previo, donde figura Chile en el lugar 71, bastante
más atrás de Argentina que ocupa el puesto
56.
Otro
estudio más completo, y sobre Latinoamérica,
fue realizado por Cimagroup. Como conclusión,
se señala que mientras más al sur es la
situación geográfica del país,
la felicidad disminuye. También se demostró
que la felicidad no tiene directa relación con
la riqueza o el desarrollo económico del país.
Según este estudio, es la situación familiar
la que más satisfacción produce entre
los latinoamericanos.
Como
tema de interés, la felicidad ha sido uno de
los conceptos que más se está utilizando
en el marketing actual por parte de las empresas exitosas.
Por ejemplo, un 37,2% de los españoles considera
que Coca Cola es la marca más asociada a la “felicidad”,
he ahí la campaña “La fábrica
de la felicidad”.
Existen
muchísimos más ejemplos, que por razones
de espacio no puedo detallar, pero que demuestran el
interés, o la necesidad, de las personas, por
encontrar la llamada “felicidad”.
Por
lo mismo, las empresas deben cuestionarse de qué
forma colaboran ellas, a través de los atributos
de sus productos, a la felicidad de sus consumidores.
Y esto no sólo es válido para productos
de consumo masivo, sino también para el marketing
político y para el marketing turístico
o de territorios, entre otros.
Sin
embargo, la verdadera felicidad no está en lo
que se consume, sino en la tranquilidad que la vida
a cada uno nos puede entregar. El estar contento consigo
mismo, el sentirse en paz, el formar una familia, y
todo aquello que nos satisface “desde adentro”,
es sin lugar a dudas insustituible por lo consumido,
pero desde luego, esto nos puede acercar, generar instancias,
permitirnos gustos, entregarnos cierta seguridad para
nosotros y para los que queremos. En el fondo, encontrar
la tranquilidad que cada uno de nosotros busca. |
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