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Otra
mirada...
En
otras épocas, la ubicación social se definía
por los nombres y los títulos. Hoy se define
a través de la “ocupación”
desempeñada. En este marco, el desocupado es
un nuevo marginado de la sociedad. En cierto modo “deja
de ser”. La desocupación produce una conmoción
en la subjetividad. ¿Por qué?
Una
persona desocupada es una persona “desalojada”,
una persona que ha perdido un lugar donde habitar, un
lugar de pertenencia. Esto produce una sensación
de desamparo, un incremento de la vulnerabilidad, lo
que implica una reducción de las “reservas
subjetivas”. Por cierto, no podemos perder de
vista lo que pasa “uno por uno”. Dependerá
en cada caso de la reserva subjetiva con la que cuente.
Cuando hablamos de “reserva subjetiva” podemos
establecer cierto paralelismo con las “defensas”.
Cuando un organismo se enferma, cada uno responde a
la enfermedad de acuerdo con las defensas con las que
cuenta.
Además,
la cultura ofrece “nombres de ser”: ser
padre, ser madre, ser hombre, ser mujer. Nos dice, además,
cómo ser en cada uno de esos lugares. Nombres
con los cuales nos identificamos, de los cuales nos
apropiamos para, desde allí, funcionar en nuestro
mundo, interactuar en nuestro medio. El “ser hombre”
está muy ligado, en nuestra cultura, al lugar
de “proveedor”, de “sostén”.
Cuando un hombre no cuenta con los medios con los cuales
proveer a su familia, por lo general siente vacilar
su identidad como tal. Aunque cada vez este lugar está
siendo más compartido con la mujer, no podemos
decir que esto pertenece al pasado.
Este
malestar atraviesa a la familia. Generalmente se producen
cambios en los roles tradicionales, que si bien son
parte de un proceso que se está dando en nuestra
época por otros factores, cuando advienen por
la desocupación –o sea, no por una decisión
planeada por las partes implicadas–, generan conflicto.
Algunos pueden acomodarse y funcionar adecuadamente,
otros no.
Se
produce una caída de un lugar, lo que produce
interrogantes con respecto a la identidad, a la capacidad,
a la posibilidad, desde uno mismo y desde el entorno.
¿Qué hacer en estas circunstancias? Hay
todo un trabajo a realizar si la persona no quiere quedarse
“afuera”, “desalojada”, “desocupada”.
Lo que voy a plantear desde mi área es una salida
subjetiva. ¿Por qué? Porque me parece
fundamental como punto de partida.
Las
circunstancias por las que estamos atravesando como
país son muy difíciles. La realidad es
que las tasas de desocupación están creciendo.
El gobierno espera que este porcentaje disminuya para
el 2001. Sí, la realidad externa es muy “dura”.
Esto
me hace pensar en una obra de teatro, una nueva versión
del cuento de la Cenicienta, de Perrault: el hada no
tiene tiempo de ayudar porque está demasiado
atareada con otros cuentos. Cenicienta decide, entonces,
“buscar por su cuenta” su destino. De esto
se trata.
Voy
a tratar de dar cuenta de algunos momentos lógicos
por los que considero hay que atravesar para poder re-situarse,
disponer de un “otro lugar” para, desde
ahí, poder hacer.
1.
Poder despejar de las circunstancias que estoy viviendo.
– ¿Qué tiene que ver la realidad
externa? Dice Forrester: “Se ha iniciado una nueva
era en la historia humana, caracterizada por esta atroz
realidad sin precedentes en todo lo que la especie ha
vivido: la reducción sistemática del mercado
laboral”. El porcentaje de desocupación
sigue subiendo en la Argentina. Esto es una parte de
la realidad que nos atraviesa como argentinos. No podemos
desconocerla.
–
¿Cuál es la cuestión que tiene
que ver con cada uno? Poder detectar lo singular del
padecimiento, sin perder de vista el origen global del
mismo. En cada una de las circunstancias de la vida
que uno atraviesa, se ponen en juego estas dos variables.
Siempre hay algún aspecto del cual uno tiene
que hacerse cargo. Si bien es cierto que hay circunstancias
en las cuales no decidimos estar (por ejemplo, un terremoto,
o la empresa en la que estaba trabajando cierra). Pero
qué hago, cómo me sitúo aun frente
a una contingencia, sí tiene que ver con cada
uno.
Cuando
el “Otro” es responsable de todo, ya sea
el Estado, la empresa, la familia, la historia personal,
las circunstancias que rodean, uno está situado
como objeto, no como sujeto, está a merced del
Otro, es el Otro el único que puede decidir el
curso de su destino. El individuo que se encuentra en
esa posición, está esperando que las circunstancias
cambien, su actitud es completamente pasiva. Espera
todo del Otro.
Entonces
es fundamental decidir ser protagonista, que no sean
las circunstancias las que decidan por mí, sino
trabajar para que yo intervenga en las circunstancias.
Tomando un ejemplo extremo: siempre me llamó
la atención la historia de algunas personas en
los campos de concentración. Sí, es cierto
que la mayoría pereció, pero hubo algunos
que decidieron que querían vivir, no se entregaron
a sus circunstancias, y vivieron.
2. Poder hacer duelo por lo que se ha perdido.
Si he perdido un empleo, una oportunidad, lo que sea,
lo perdido está perdido. Hay que poder dejarlo
para poder pasar a otra cosa. En tanto se sigue aferrado
a algo que fue, o que podría haber sido, no se
puede pasar a otra cosa.
3. Poder renunciar a los “ideales”.
Los ideales siempre nos demandan un “deber ser”,
exigen siempre “estar a la altura”. Por
eso padecemos: nunca estamos a la altura. No es que
los ideales no sirven, claro que sí, de alguna
manera son los que van orientando nuestro deseo, pero
una cosa es que nos orienten, y otra es que estemos
sometidos por ellos. Decía Khalil Gibrar: “Los
ideales son como las estrellas, guían nuestro
camino, pero nunca los alcanzamos”. Hay que poder
cederlos. Sólo entonces se podrá ...
4. Ubicar los “recursos” con los
que se cuenta. “Si yo hubiera tenido
un título...”; “si cuando era más
joven hubiera...”; “si mis padres ...”.
Es una posición de pura queja, no sirve para
nada. Hay lo que hay. Y es con éso que hay que
hacer, es sólo a partir de ahí que podremos
dar un paso. Es a partir de poder contar con los recursos
con los que seguramente tiene cada uno, que uno puede
hacer con ellos. Hay lo imposible y hay lo posible.
Si hay lo que “no”, entonces hay lo que
“sí”.
5. Hacer con lo que sí es posible.
Este es el momento de la creación, de la invención.
Cuando uno empieza a producir un proyecto, ya está
situado en otro lugar, ya no está “desocupado”.
Es un sujeto que, apropiándose de sus recursos,
genera una nueva forma de producir, hace con lo que
tiene, con lo que es posible. Un sujeto que se ha puesto
en movimiento.
Se trata, pues, de poder renunciar a la intervención
del Hada y, apropiándonos de nuestros recursos,
protagonizar nuestra historia. Esto no es sin consecuencias.
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