“La
crisis es una oportunidad”. ¿Escuchó
alguna vez esta afirmación? Yo sí, por
lo menos 500 veces. La última vez fue hace un
par de semanas, durante un congreso de líderes
en Buenos Aires. No aguanté la curiosidad y le
pregunté al expositor por qué sostenía
con tanta convicción esta idea, y su respuesta
fue: “Porque el ideograma que los chinos usan
para nombrar 'crisis' se construye por yuxtaposición
de los correspondientes a 'peligro' y 'oportunidad'”.
Acto seguido me mostró con orgullo el famoso
ideograma aplicado a todo tamaño sobre una filmina
de Power Point.
Fue
una maravillosa explicación tautológica.
Peligrosa también. Los clisés bloquean
el pensamiento porque se repiten ad nauseam
y se convierten en verdades incuestionables, en sedimento
mental difícil de remover.
Quiero
“deshacer” esta “frase hecha”,
o al menos deshilacharla un poco, enumerando algunas
razones por las cuales considero que las crisis no son
sinónimo de oportunidad:
• Por puro sentido común:
La crisis es crisis y la oportunidad es oportunidad.
No son términos intercambiables. Una persona
que busca una “oportunidad laboral” jamás
diría: ¿Me das una “crisis laboral”
para trabajar en tu empresa?
•
Porque genera emociones negativas: Las crisis
traen más dolor que felicidad. No tengo datos
estadísticos, pero creo que cuando las cosas
se ponen feas es mayor el porcentaje de personas que
se angustian, se deprimen o se asustan, que de las que
se ponen contentas y entusiastas. Las emociones negativas
no son el mejor combustible para echar a andar el motor
de la creatividad o la inspiración.
•
Porque obliga a reaccionar sin pensar:
Es natural que una persona que está en peligro
haga algo para intentar salvarse. Pero es muy probable
que esa acción que emprenda sea ineficaz porque
tuvo que decidirla bajo presión y en poco tiempo.
La crisis es el caldo de cultivo de las reacciones y,
si bien pueden ser “salvadoras”, nunca van
a ser mejores que las ideas que se planifican con tiempo,
recursos suficientes y tranquilidad.
•
Porque obliga a aprender demasiado rápido:
Muchas veces se sostiene que la crisis es positiva porque
obliga a las personas a salir de la modorra, reinventarse
y aprender cosas nuevas. Sin embargo, yo no encuentro
nada positivo en que un naufragio me brinde la “oportunidad”
de aprender a nadar en cinco minutos. Prefiero tomar
clases dos veces por semana en la piscina de un club
y comenzar en la parte bajita.
•
Porque no potencia la creatividad:
Si fuera cierto, las creaciones más geniales
de los últimos años tendrían que
haber surgido de países quebrados. Por ejemplo,
en la Argentina sufrimos un gran golpe en 2001, y sin
embargo ese año ningún compatriota realizó
un descubrimiento significativo en ingeniería
genética, tecnologías de la información,
energía renovable, ni a nadie se le ocurrió
crear Facebook o Twitter, ni se presentaron teorías
novedosas en campos referidos a la política,
la sociología, la psicología y demás.
Es cierto que surgieron ideas originales como los “clubes
del trueque”, por ejemplo, pero fueron estrategias
de supervivencia más que proyectos a largo plazo.
•
Porque crea falsos emprendedores: Una
cosa es abrir un negocio por decisión, y otra
es hacerlo por desesperación. Una crisis genera
falsos emprendedores: personas que tienen que crear
un negocio propio para tener alguna fuente de ingreso.
Por lo general, suelen ser de corto aliento y desaparecen
cuando el individuo puede reinsertarse en el mercado
laboral.
•
Porque impulsa el conservadurismo y retrae el
consumo: Los contextos negativos hacen que
la gente piense tres veces antes de abrir un negocio,
cambiar el auto, invertir en educación, tener
un hijo, hacer un viaje, prestar dinero o invertir.
La crisis retrae el consumo, la producción y
por ende las oportunidades. Y aunque siempre habrá
alguno que encuentre la forma de hacerse millonario
en medio de las ruinas, a nivel global todos nos empobrecemos.
•
Porque para ganar, otro tiene que perder:
Las oportunidades son siempre a expensas de otro. Por
ejemplo, una crisis puede ser una oportunidad para las
agencias que se especializan en publicidad digital porque
muchos anunciantes ya no pueden invertir fortunas en
filmar spots y pautar en televisión. Estas agencias
ganan dinero porque lo pierden las tradicionales. A
nivel doméstico, una persona puede encontrar
la ocasión ideal para comprarse un departamento
a bajo precio solamente porque otro necesita venderlo
rápido para conseguir dinero. Los momentos de
estabilidad económica son mil veces mejores porque
brindan oportunidades genuinas y el crecimiento de un
sector no depende del derrumbe del otro. Hay suficiente
para todos, se multiplica la riqueza, se agranda la
“torta”.
•
Porque puede sacar lo peor del ser humano:
La crisis muchas veces pulveriza la inteligencia de
una sociedad y la lleva a buscar chivos expiatorios,
“cazar brujas”, encantarse por líderes
negativos, adoptar pensamientos maniqueos o comprar
soluciones mágicas y rápidas. La historia
está llena de ejemplos.
•
Porque genera cambios falsos: Es cierto
que una crisis provoca que las personas, empresas o
países cambien sus actitudes o comportamientos.
Pero por lo general son cambios falsos porque nacen
de la desesperación y no de una elección
libre. Por eso cuando la crisis termina suele restablecerse
la situación anterior y todo vuelve a foja cero.
Yo lo comparo con una persona que luego de recuperarse
de un infarto promete que va a comenzar a hacer ejercicio
todas las mañanas, a comer alimentos saludables,
a trabajar menos horas. ¿Qué sucede después?
Apenas mejora vuelve a comer hamburguesas con papas
fritas tirado en un sillón y con una cerveza.
•
Porque genera un orgullo incomprensible:
Viajo mucho por América Latina, casi la mitad
del año estoy fuera de Buenos Aires, y en todos
los países me encuentro con gente que está
orgullosa de la “creatividad de su pueblo”
y de que “siempre se las arreglan para sortear
todos los problemas”. Yo me pregunto: si la crisis
nos hace ser tan inteligentes, ¿por qué
no somos capaces de solucionar los problemas de fondo?
Sinceramente, yo no quiero que los argentinos, chilenos
o colombianos, seamos tan creativos. Prefiero que seamos
bien “lentos y bobos” como la gente de esos
pobres pueblos de Suiza, Noruega o Finlandia, que tienen
que sufrir los males de la estabilidad, el pensamiento
a largo plazo y la certeza.
•
Porque se la convierte en una solución:
Mi papá es polaco y mi mamá hija de italianos
y franceses. Recuerdo que cuando era chico, mis abuelos
filosofaban acerca de la Argentina y me explicaban que
mi país no era una “potencia mundial”
porque, paradójicamente, lo teníamos todo:
mar, tierra, ganado, minerales, petróleo, buena
educación, etc. Aún hoy escucho a muchos
compatriotas decir que nuestro problema es que “nunca
pasamos hambre ni nos tiraron una bomba atómica”.
Estos razonamientos le atribuyen a la crisis un carácter
redentor y, quienes lo sostienen, suelen poner el ejemplo
de Japón o la Europa de postguerra. Yo siempre
desconfié de esas “explicaciones”,
aun de chico. ¿Esos países son prósperos
gracias a la crisis o a pesar de ella? Porque EE.UU.
lo tiene todo, como la Argentina, y es potencia, y por
otra parte, existen otros que tuvieron la “fortuna”
de tener muchísimas crisis y siguen siendo pobres.
Ideas finales llenas de oportunidades
Muchas
tonterías nacen de buenas intenciones. Aquellos
que repiten que la crisis es una oportunidad, lo hacen
porque son buenas personas y quieren que la gente no
se paralice ni se sienta víctima de las circunstancias.
Pero lamentablemente caen, sin darse cuenta, en la misma
trampa que intentan sortear: el determinismo. Porque
según su punto de vista, el ser humano depende
de tener el agua al cuello para querer aprender a nadar.
Propongo
una alternativa constructiva: considerar que la crisis
no es una oportunidad sino que uno mismo lo es. Que
encontrar y generar oportunidades depende de nosotros,
y que no necesitamos de crisis para despertar de modorras
o sinapsis quebradas. En una palabra: volver a confiar
en nuestra capacidad de acción y celebrar la
estabilidad, porque cuando las cosas marchan bien se
amplía el campo fértil donde sembrar y
cosechar un buen futuro.
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