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Dar
a luz es un acto de amor. Es el fin de un proceso que
se inicia a veces como una necesidad, otras como accidente,
pero que culmina con el nacimiento. En ese proceso hay
cambios permanentes, hay ansiedad, hay confusión
y momentos de infinita alegría. Hay miedo a lo
desconocido, que a veces paraliza y otras estimula a
seguir por el saborcito a desafío, siempre cautivante.
Y no hablo de un bebé, sino de una IDEA.
Hablar
de creatividad sin hacer alusión al PROCESO CREATIVO
es inadmisible. No hay buenas ideas entendiéndose
éstas como aplicables sin una historia anterior:
alguien preocupado por un problema que requiere solución
inmediata, la sensación de tener que cambiar
algo arcaico con el consecuente temor a errar, el principio
de un gran negocio, en fin, alguna insuficiencia. Luego
deviene la búsqueda ansiosa de buenas ideas,
el sondeo de información que aporte algo diferente,
las conversaciones con otros sobre el asunto, los minutos
de insomnio o la evasión en un documental esta
vez poco interesante y... Eureka!! Tengo una idea!!
“Chofer, ¿tendría un bolígrafo,
que necesito escribir algo?” Las mejores ideas
surgen en los momentos menos planificados... ¿O
no?
Todos
somos creativos. Y no porque sea un don divino, digno
del género humano (los animales también
lo son), sino porque necesitamos de esa característica
para subsistir desde que damos nuestros primeros pasos.
Si
tenemos un poco de suerte y nuestra creatividad sobrevive
al corsé de la cultura occidental, seremos adultos
exitosos en algún campo de acción (cualquiera
sea), gracias a esta particularidad. El ser creativo
es pragmático, divertido, valiente, heroico,
infatigable, obstinado, apasionado y comprometido. UN
GERENTE IDEAL.
El
hombre creativo no se detiene en el problema sino en
la solución, se expresa frente a los demás
siempre de maneras diferentes, suele sorprender, no
teme cambiar si cree que puede ser mejor, está
abierto a escuchar nuevas opiniones y vive los obstáculos
como retos.
Se
siente vivo porque todos los días halla nuevas
formas de hacer lo mismo, por lo que ya deja de ser
lo mismo. No se detiene porque sabe que siempre hay
otra salida. Su mayor diversión es hallarla.
Pero
las Ideas tienen un enemigo mortal: el NO. A la Creatividad
se opone la Negatividad. Ese NO que aparece aun antes
de ver la idea concluida. Una idea incipiente rara vez
es una buena idea. Hay que dejarla crecer y madurar.
Y el NO aborta este desarrollo.
Si
quiero trabajar con un grupo creativo debo ser consciente
que para que surjan estas ideas es imprescindible generar
un clima favorable, anulando por completo la negatividad
en el ambiente de trabajo. Y si quiero ser creativo
tendré que ocuparme de esto en mi frente interno:
animarme al “¿y por qué no?”
No
olvidemos que la mayoría de los productos que
hoy consumimos y que forman parte de nuestra vida como
objetos imprescindibles, fueron alguna vez una ridícula
idea de alguien. La TV, el Walkman, la PC, el cine hablado,
el automóvil, las tarjetas de crédito
o el helado. Pues bien, bullen por ahí bandadas
de ideas que a diario dejamos pasar y que, acondicionadas
y procesadas correctamente, podrían transformar
nuestras vidas y las de los que la comparten con nosotros.
Vea esto: “Un hombre al que se le ocurre una idea
es un chiflado hasta que la idea tiene éxito”
(Mark Twain). O bien: “El que nunca cometió
un error jamás probó nada nuevo”
(Albert Einstein). Yo no me atrevería a discutirlo.
¿Y usted?
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