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En
el ámbito del mundo laboral y en un contexto
de altos índices de desempleo en este fin de
siglo, la expresión "relación de
dependencia", como definición de estabilidad
laboral, tiene oportunidades y riesgos no vistos por
quienes idealizan ese estado.
Como
lo fue en otra época "ser la Señora
de...", ahora "ser de American Express, de
IBM, de YPF", etc., es para algunos, parte del
apellido, pertenencia, emblema, protección de
los nuevos feudos donde el señor feudal es esa
gran corporación y sus marcas.
Pero
"pertenecer tiene sus privilegios", como proclama
un conocido slogan, y el privilegio por estar dentro
de las tierras de los nuevos feudos no deja de pagarse,
como en toda cultura, con algún precio y algún
malestar.
En
"El malestar de la cultura", Freud dice: "(...)
la palabra cultura designa toda la suma de operaciones
y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros
antepasados animales y que sirven a dos fines: la protección
del ser humano frente a la naturaleza y la regulación
de los vínculos recíprocos entre los hombres".
También allí desarrolla la idea de que
la cultura puede parecer una promesa de felicidad y
amparo, ofreciendo normas y altos ideales, pero impone
a la vez el pago de un tributo de infelicidad que resulta
estructural.
La
cultura empresaria, sin escapar a esta condición
estructural, enarbola ideales y valores necesarios para
los objetivos que desea alcanzar, formando filas detrás
de la nueva "religión de la eficacia"
(concepto del filósofo Giles Lipovetsky). Religión
ligada a la competitividad, con una lógica del
"cada vez más", donde todo tiene que
ser superado con más eficacia. No hay límite.
¿No hay límite?
Por
otro lado, las organizaciones, en aras de consolidar
ese "beneficio de pertenecer" como motivación,
alimentan la ilusión de que "no hay mejor
lugar". "Ponte nuestra camiseta", es
la consigna, necesaria quizás para los primeros
momentos de enamoramiento. Pero ¿qué pasa
en el actual contexto de precarización laboral?
¿Qué
se escucha en quienes empiezan a sufrir la relación
de dependencia? Veamos un ejemplo registrado hace unos
años en un seminario-taller realizado en Plaza
Huincul, Provincia de Neuquén (Argentina), entre
la gente desvinculada de YPF por la reestructuración.
Un
participante dice hablar por todos, y muy acongojado
comenta estar quebrado desde que le dieron la noticia
de la reestructuración. Tiene un dolor en la
espalda que no lo deja caminar. "No les importamos
nada, nos tiraron por la ventana, estamos pintados,
no formamos parte, ni siquiera importa que algunos somos
la tercera generación de "ypefianos".
Nadie se fija en todo lo que hicimos por esta empresa".
La
organización, que tomó el lugar de Otro
absoluto, exigirá un trabajo extra para relativizar
ese lugar.
¿Cuál
es el lugar del psicoanalista cuando presta su escucha
dentro de una organización? Despegar la camiseta,
mostrar que no es la única, y que en todo caso
ese sujeto pueda hacer como el actor en la obra de teatro
o "play", en inglés, que con no menos
compromiso y pasión puede construir un rol, y
poder desprenderse a la salida de la función.
Poder creer, pero sólo por un rato, para que
sea una oportunidad de hacer algo y no el riesgo de
jugarse la vida.
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