Personas
parecidas, con aptitudes parecidas, con un sueldo parecido,
que usan programas informáticos parecidos, en equipos
parecidos, para tratar a clientes parecidos, con necesidades
parecidas, de modo que podamos venderles... productos parecidos,
con precios parecidos, a los de nuestros competidores parecidos.
Vivimos
en un mundo de mediocridad (del lat. mediocris =
calidad media), donde todos dicen ser el mejores, pero en
el fondo casi todo es igual.
El
80 por ciento de empresas españolas ha empeorado sus
resultados en los últimos tres años, muchas
de ellas han cerrado, otras se mantienen en el juego dentro
de una guerra de precios sangrienta, con productos similares,
márgenes en reducción y tendiendo a beneficio
cero.
Párate
a pensar:
¿Por
qué deben comprarte a ti si eres igual que la competencia?
Si
no sabes la respuesta, o la respuesta es vaga y débil,
tu empresa está en peligro de extinción.
Nunca
antes ha habido tanta competencia en todos los sectores, tal
velocidad en los cambios, nunca antes ha sido tan necesario
entender realmente lo que valoran y necesitan los clientes
a los que tratamos de vender.
El
mercado está pidiendo diferenciación.
Por
otro lado, el 20 por ciento de empresas ha mejorado su posición
competitiva. ¿Qué han hecho para crecer en tiempos
de crisis?
Jugar
con ventaja. Salirse del rebaño.
Estas
empresas han reenfocado su estrategia hacia el cliente, ofreciéndole
auténtica diferenciación (valor diferenciado,
no publicidad diferenciada).
Imagina
que reúnes a todos tus clientes en un gran salón,
dispuestos a dedicarte su tiempo y escucharte. ¿Qué
les dirías: “Mi producto es el mejor por esto
y lo otro”?
O
quizá les haría preguntas…
- ¿Qué
problemas tenéis?
- ¿Qué
resultados estáis buscando?
- ¿Qué
es importante para vosotros, qué guía vuestra
decisión?
- ¿Qué
o quién os influye?
- ¿Cómo
preferís buscar información y llegado el
caso comprar?
- ¿Qué
decís cuando habláis de nosotros?
- ¿Nos
recomendarías?
- ¿Qué
tendríamos que hacer para que nos recomendarais?
Quien
entiende a sus clientes, puede servirles bien, juega con ventaja
Esta
es la gran diferencia entre los dos tipos de empresa: enfoque
tradicional de producto vs. enfoque valor al cliente.
¿Si
tuvieras las respuestas a las preguntas anteriores, estarías
dispuesto a afrontar los cambios necesarios en tu organización
para ofrecer un producto extraordinario (del lat. extraordinarius,
fuera de lo común) a ese grupo de clientes?
Creo
que esta es nuestra gran asignatura pendiente. En una situación
donde se nos exige cambiar para mejorar resultados, este sería
el punto de partida clave y la gran razón del cambio:
ganar clientes - retener clientes.
Un
buen punto de partida para rediseñar la estrategia
de futuro, detectando mejoras críticas en el actual
modelo de negocio, e identificando proyectos de innovación
que sirvan para desarrollar un nuevo crecimiento.
El
mayor problema que tiene la mayoría de las estrategias
es que están centradas en la empresa. Es decir, están
escritas desde el punto de vista de la empresa, basadas en
lo que la empresa quiere del mercado, y no tienen éxito
al no reflejar y tener en cuenta la perspectiva del cliente.
Lo
mismo ocurre con el proceso de ventas que desarrolla la mayoría.
Es fácil definir un proceso para tu equipo de ventas,
que trabaje en la conversión de potenciales clientes,
en oportunidades y de vez en cuando en ventas. Mucho más
valioso sería crear un mapa del proceso de compra del
cliente. ¿Cómo compran tus clientes?, ¿cuáles
son las fases de compra?, ¿qué claves o aceleradores
les llevan a tomar una decisión? Esto es vender con
ventaja.
No
basta con ser eficientes en procesos y costes si estamos en
la dirección equivocada.
No basta con la promesa “calidad” desde el punto
de vista de la empresa.
Somos
buenos financieros, hacemos números, ajustamos costes,
dominamos Excel, tenemos sistemas de calidad, un buen asesor
fiscal, controlamos a las personas y gestionamos el día
a día, somos técnicos en productos, especificaciones
y características, parece que tenemos los pies en la
tierra, en lo funcional, en la oficina, somos buenos
productores de productos...
…mientras
el cliente se pregunta: ¿y a mí qué?
La
gente compra beneficios, no características. La gente
no compra productos, compra resultados, soluciones funcionales
(“¿qué obtengo yo?”), y emocionales
(“¿cómo me siento?”).
“La
gente no quiere comprar un taladro de ¼ de pulgada,
lo que quiere son agujeros de ¼ de pulgada” (Theodor
Levit).
¿Qué
puedo hacer como organización si quiero reenfocar
mi estrategia hacia el cliente, salirme del rebaño
y desarrollar un nuevo crecimiento? El primer paso es cambiar
el chip y empezar a ver a tu empresa a través de los
ojos del cliente.
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