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Usted
tiene una empresa, puede que una Pyme o un emprendimiento,
y quiere comenzar a exportar. En su cabeza giran, al mismo
tiempo y describiendo distintas órbitas, cinco mil
cuestiones a evaluar y planificar: desde lo financiero y legal
hasta lo productivo, la logística y el transporte.
En principio ya es suficiente, digamos que tiene con qué
divertirse durante varios meses. Pero le sugiero que dentro
de esa inmensa galaxia de temas enfoque su telescopio hacia
un sistema solar llamado “comunicación”
porque, como veremos aquí, es un recurso y una herramienta
fundamental para exportar con éxito sus productos o
servicios.
Ya
que estamos con las metáforas astronómicas,
sigamos. La comunicación externa es un sistema solar
formado por muchos planetas y estrellas, cada uno con distintos
tamaños, formas y fuerzas gravitacionales: imagen corporativa,
papelería, publicidad, sitio web, brochure institucional,
folletos de productos, marketing directo, relaciones públicas,
prensa, lobbying, auspicios, promociones, merchandising, mobiliario,
atención al cliente… La lista es casi infinita
y comprende todo lo que puede ser soporte de sentido y significación
para un otro (desde la textura de un envoltorio de chocolates
hasta el olor de un auto nuevo).
Estas
acciones y herramientas son, en mayor o menor medida, utilizadas
por las compañías para llegar a sus públicos.
Ahora bien, ¿qué sucede cuando estos públicos
viven en otro país?, ¿cuál es la variable
diferencial a tener en cuenta? La respuesta es casi tautológica:
es preciso recordar que viven en otro país, que nos
estamos dirigiendo a personas con otros sistemas culturales,
intereses, gustos, deseos, historias, miedos y códigos.
Por eso, a la hora de planificar una estrategia de comunicación,
debemos conocer a nuestro target para luego poder seleccionar
los mensajes, soportes, canales y herramientas más
efectivos.
Armar
un “mapa de públicos” es una tarea irrenunciable
para cualquiera que desee exportar porque el target define
la estrategia. A los clientes que se acercan a nuestra agencia
(sean exportadores o no) siempre les decimos una perogrullada
muy cierta: es difícil comunicarse con alguien que
uno no conoce. Por ejemplo, ¿cómo vamos a venderle
vino tinto a un estadounidense si no sabemos qué es
lo que valora, espera o rechaza de una bebida alcohólica?,
¿cómo vamos a convencerlo, seducirlo, fidelizarlo?,
¿cómo vamos a saber qué decirle, dónde
y cuándo? Ahora, atención: tan negativo como
no saber nada del otro es esteriotiparlo y convertir a los
brasileros, mexicanos o italianos en una masa homogénea
que responde idénticamente a los mismos estímulos.
Entonces,
clave número uno: conozca a su público tanto
como pueda, porque sólo así podrá determinar
qué herramientas, canales, mensajes y tonos debe emplear
para comunicarse positivamente.
La
imagen genera valor
Si
se exporta, en especial a economías más desarrolladas,
hay que tener en cuenta que las empresas de esos países
nos llevan años de ventaja en posicionamiento e imagen
y juegan con reglas más sofisticadas. Consecuentemente,
el comportamiento de los consumidores está determinado
por estos niveles de calidad, lo cual provoca actitudes particulares
de compra o de percepción del servicio. Esto es bueno
recordarlo porque muchos empresarios todavía siguen
discutiendo si vale la pena reforzar la marca, definir un
posicionamiento, rediseñar un logotipo, crear una página
web, desarrollar un packaging atractivo, mejorar la atención
al cliente, etc.
¿Por
qué existen compañías que deciden no
“gastar” en comunicación? Creo que es porque
están aferradas a un viejo paradigma: piensan que para
vender (aquí o en el exterior) basta con tener un buen
producto. Pero tengo malas noticias: la gente compra marcas,
no productos. La era industrial quedó atrás
y hoy gana el que genera la imagen más potente. Como
dice Jean Baudrillard, los objetos ya no son una cosa sino
un status de sentido. Y para comprobarlo haga esta prueba:
tome dos remeras de algodón, a una cósale el
isotipo de Nike y a la otra nada, póngalas a la venta
y fíjese cuánto esta dispuesto a pagar el consumidor
por una y por otra.
Por
eso, invertir en una estrategia de imagen, comunicación
y posicionamiento no es un capricho o el deseo de tener “un
logotipo más lindo”, sino que es una inversión
que genera valor agregado conceptual y que permite vender
más y a más alto precio un mismo producto. Digamos
que es un enroque: la empresa le da valor simbólico
al cliente y éste acepta pagar un precio más
alto.
Entonces,
segunda y última clave: ya sea que exporte o no, invierta
en la imagen de su marca porque esto le permitirá diferenciarse,
sobresalir y aumentar su rentabilidad. La comunicación
es un recurso, no la desaproveche.
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