En
el paradigma tradicional de innovación y creatividad,
las empresas organizadoras de eventos y acciones de endomarketing
para el mercado corporativo ofrecían una serie de servicios
a través de su "cadena de valor" y lo transferían
al mercado. Una vez allí, el cliente aceptaba (o rechazaba)
lo que le estaban proponiendo.
Sin
embargo, con el auge de las carreras de organizadores de eventos,
el mercado se saturó con organizadores que ofrecen
servicios similares, y muchos clientes del mercado corporativo
fueron sumando experiencia en la práctica profesional.
En
este marco, muchos de los colaboradores de áreas de
RR.HH., marketing y relaciones institucionales se muestran
cada día más ansiosos por crear su propia experiencia,
participando (y siendo protagonistas) de la creación
de eventos y acciones según sus propias necesidades.
Y
las empresas del sector debemos hacer frente al desafío
de incorporarnos a los procesos de desarrollo que realizan
nuestros clientes.
Para
responder a los nuevos retos surge la co-creación de
experiencias (en inglés, experience co-creation),
un nuevo paradigma en el que las principales competencias
no están localizadas en la cadena de valor, sino en
el punto de interacción entre el cliente y la empresa
organizadora de eventos.
Para
saber cómo hacerlo, veamos los principios básicos
de la co-creación de experiencias:
1)
Generación de un contexto de confianza:
Esta
es la base fundamental a partir de la cual se va a construir
un proyecto.
Se
basa en un clima de sinceridad en el cual el cliente compruebe
que el organizador tiene un aporte profesional para compartir
con él, que es competente en su quehacer, y que sabe
hacer su trabajo. El organizador debe demostrar que es confiable
por todos sus antecedentes laborales, y está involucrado
en querer construir algo nuevo en forma conjunta con el cliente.
La experiencia puede comenzar a partir de esta premisa, anclada
en la visión de que ambas partes tienen mucho para
dar y recibir, en pos de lograr co-crear el proyecto.
2)
Construcción de relación:
Este
espacio se va forjando con el devenir de los encuentros de
trabajo, pero basado en la confianza. Genera lazos muy fuertes,
donde queda claro que los clientes necesitan de los profesionales
organizadores de eventos, y que los organizadores no tendrían
razón de ser en la profesión… sin los
clientes.
3)
Escucha y diálogo:
La
co-creación se basa en el principio de que la mayor
fuente de innovación radica en la interacción
cliente-organizador. Desde ahí se generan diferentes
reuniones, cuyo principal objetivo es interactuar para saber
desde dónde viene ese cliente (antecedentes de otros
eventos, cultura corporativa, etc.) y dónde quiere
estar (su visión del evento).
Esa
brecha que existe entre dónde está y adónde
quiere llegar se trabaja en cada una de las reuniones de co-creación,
a medida que el proyecto avanza.
4)
Generación de acciones:
Basadas
en su compromiso con el proyecto, ambas partes deben ir concretando
diferentes acciones:
•
Generación del anteproyecto:
Producto
de la indagación dentro de la empresa, el “equipo
organizador” debe consultar a los referentes internos
diversas cuestiones como:
- ¿Qué
es lo que quiere que pase en el evento?
- ¿Cuáles
son los objetivos del evento?
- ¿Cuándo
le parece mejor que se realice?
- ¿En
qué lugar?
- ¿Para
quién?
- ¿Cuál
es el presupuesto asignado?
- Otras
preguntas más específicas, que el organizador
pueda sugerir.
En
base a las respuestas a estas preguntas se genera una primera
reunión, donde el cliente debe transferir esa información
al organizador, y se analizarán opciones creativas
y de todas las variables que hacen al evento.
•
Presentación de Proyecto y Presupuesto:
El
organizador trabaja en función de todas esas premisas
y prepara un proyecto con una propuesta económica,
que deberá ser conversada con el equipo de la empresa
cliente.
•
Reuniones de feedback:
Este
es uno de los momento centrales de la co-creacion, la etapa
más rica de todo el proceso: cuando “se va y
se viene” con opiniones, se toma conocimiento de las
preferencias que tiene cada jugador, y es el momento en que
ambas partes hacen que el proyecto nazca. Aquí se define
la hoja de ruta: hacia dónde vamos, cómo y cuándo
llegaremos.
•
Reuniones pre-evento:
Con
el proyecto aprobado y la visión de lo que deseamos
que ocurra, se trabaja en dar forma al evento. Coordinar reuniones
con proveedores, realizar ensayos, visitas al predio, etc.,
son algunas de las actividades de esta etapa, que puede durar
meses o días (dependiendo de la antelación con
que se planifique y se organice la actividad).
•
Evento:
Es
el “Día D”, cuando todo el equipo, ya en
forma conjunta, trabaja codo a codo con el único objetivo
de que todo salga tal como fue planificado y co-creado. Aquí
todo fluye y todos disfrutan de la adrenalina de hacer lo
que les apasiona. Puede haber imprevistos, sí, pero
basado en la relación que construyó el equipo
de co-creadores, los afrontará. La visión conjunta
será mucho más fuerte que cualquier imprevisto.
Esta etapa es acción pura.
•
Post evento:
Cuando
ya la gente se fue y las luces se apagaron, comienza una nueva
etapa muy importante, en la que el equipo co-creador debe
poder analizar qué pasó y cómo pasó
todo.
Generalmente
se realizan como mínimo dos reuniones: la primera en
forma inmediatamente posterior al evento, donde todos brindan
sus impresiones en caliente. La otra, que se efectúa
unos días después, cuando todos tienen mucha
más objetividad, precisión e información
para compartir lo acontecido.
Como
cierre, podemos decir que una vez que el organizador de eventos
comprende que hay “otro” para trabajar, no hay
vuelta atrás. Hay un antes y un después, en
el que el evento es un resultado conjunto. Cada uno tendrá
diferentes tareas para hacer, pero todos estamos ahí,
para el otro, co-creando, reconociendo al profesional por
su “saber hacer” y al cliente por su “hacer”.
|