Cuando
hablamos de Inteligencia Emocional nos referimos a aquellas
habilidades que permiten conocer y comprender las propias
emociones y utilizarlas para facilitar los pensamientos positivos
y las relaciones interpersonales.
Cuando
tuve la oportunidad de evaluar a un grupo de directivos o
mandos medios, me llamó la atención observar
cierta inseguridad manifestada en diversas conductas hacia
el grupo, tales como desconfianza, falta de entusiasmo, decisiones
incoherentes y hasta abuso del poder.
Hablamos
en la actualidad, de acuerdo a las investigaciones realizadas
por autores como Daniel Goleman, Boyatzis y McKee, de la presencia
de cuatro grupos de competencias que describen la Inteligencia
Emocional:
-
Conciencia de uno mismo
- Autogestión
- Conciencia
social
- Gestión
de las relaciones
En
esta oportunidad citaré ejemplos de situaciones críticas
donde las competencias que considero pertinentes para el desarrollo
de un líder eficaz se ven coartadas por actitudes adoptadas
por aquellas personas que ocupan cargos gerenciales o mandos
medios: Confianza en uno mismo (Conciencia de uno mismo),
Autocontrol (Autogestión), Empatía (Conciencia
social) y Desarrollo personal de los demás (Gestión
de las relaciones).
Confianza en uno mismo: la presencia de esta competencia
repercute en la toma de decisiones. Un gerente en una oportunidad
optó por promover medidas disciplinarias a su gente.
Al cabo de unos días preguntó a uno de ellos
sobre los efectos que había producido en los demás.
Enterado sobre el descontento, se hizo cada vez más
intolerante e inflexible, acrecentando el sentimiento de desconfianza
generalizado. Luego de varios meses la desunión en
el grupo afectó la producción, evidenciando
falta de compromiso y desinterés por mejorar el trabajo.
La
confianza en uno mismo se asocia con un adecuado nivel de
autoestima. El líder confía y se apoya en sus
fortalezas. Toma decisiones acertadas, recibe sugerencias
y, sobre todo, genera confianza y cohesión en el equipo.
Autocontrol: el líder que posee esta competencia
puede monitorear sus emociones para actuar y responder con
serenidad. Un supervisor, en cierta ocasión, tuvo que
enfrentar un imprevisto al no recibir a tiempo los materiales
para continuar con la planificación. El suceso generó
retrasos en el cumplimiento de los plazos establecidos de
la obra. Al recibir la noticia por parte de uno de sus colaboradores,
le recriminó sin medir las consecuencias de sus palabras,
adjudicándole total responsabilidad por la demora.
Ante
tal situación es preciso que el líder, en primer
lugar, trate de escuchar a su interlocutor a fin de conocer
las causas del problema. Esto le permite, también,
postergar la carga negativa de sus emociones, es decir no
responder impulsivamente, observando los errores con la persona
responsable tratando de buscar la mejor solución. Es
probable que de esta manera esté atento a recibir sugerencias.
Empatía: asociada al autocontrol, es aquella
habilidad que permite reconocer las emociones y los sentimientos
de las otras personas, facilitando el trabajo en equipo y
las relaciones interpersonales.
En
una ocasión un gerente me preguntaba las razones por
las cuales el grupo de oficina técnica no cumplía
con los trabajos asignados. Después de indagar más
a fondo en sucesivas entrevistas a los trabajadores de la
mencionada oficina, detecté la presencia de un clima
tenso. La comunicación por parte del gerente era escasa.
Con frecuencia les sorprendía su intolerancia e inflexibilidad.
Asimismo sus logros nunca fueron reconocidos. El problema
era claro por parte del directivo, que ignoraba el estado
anímico de su personal, las razones de su desinterés
y falta de motivación. En definitiva, el equipo no
se sentía reconocido por su desempeño. Ni siquiera
comprendía las dificultades que pudieran tener.
Un
líder emocionalmente inteligente reconoce con facilidad
las actitudes, los sentimientos y las emociones negativas
que estuvieran afectando el entusiasmo y la motivación
del grupo. Rápidamente en estas situaciones un líder
eficaz encuentra la forma de revertirlos, evitando que incidan
en el compromiso hacia los resultados.
Desarrollo personal de las personas: es sorprendente
observar que aun las empresas que depositan las mayores expectativas
en su gente, apostando al crecimiento y la mayor rentabilidad
del negocio, cometen errores que van minando la confianza.
Seré más clara con un ejemplo. En otra compañía
me tocó evaluar a personas para ocupar puestos gerenciales.
Cada una de ellas demostró tener inseguridad y duda
ante tal requerimiento. Profundizando sobre los motivos de
tales evidencias, me transmitieron que su jefe en muchas oportunidades
los reprendió por errores cometidos. Hoy apuesta a
capacitarlos y darles la posibilidad de asumir el riesgo de
tomar la decisión de ocupar un puesto gerencial. Aún
le cuesta reconocer los logros, pero intenta revertir el rumbo
por el progreso de la empresa.
Un
líder eficaz debe, antes que nada, comprender que el
aprendizaje se inicia a través del reconocimiento de
los propios errores, resaltando las fortalezas y brindando
la confianza suficiente para crecer junto a la empresa. Sin
lugar a dudas, la Inteligencia Emocional facilitará
el desarrollo de un líder y el trabajo en equipo.
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