Todo
directivo o ejecutivo deberá tener muy en claro cómo
delegar tareas a sus empleados, pues de esa delegación
y de cómo ellas se hayan efectuado dependerá,
sin duda y en gran parte, el éxito del trabajo encomendado.
Es
importante que esa delegación sea convenida entre ambas
partes para obtener así el resultado deseado.
He
aquí otro caso de negociación: la negociación
también debe ser practicada dentro de la empresa, por
ejemplo, para delegar una tarea.
La
modalidad de negociación para estos casos es prácticamente
igual a cualquier negociación, ya que deben aplicarse
las mismas técnicas o mecanismos de cualquier actividad
negociadora.
Por
lo tanto resultará imprescindible que el líder
explique claramente qué o cuál es el resultado
esperado, y el tiempo en que pretende se efectúe el
mismo.
Este
objetivo obviamente debe ser compartido o informado de una
manera clara y precisa a los efectos de propiciar la escucha
activa, entendida en este caso como la aptitud del líder
para que deje hablar a quien deba asumir la responsabilidad
encomendada. La idea es asegurarse de que la delegación
ha sido bien entendida.
La
escucha activa deberá propiciarse a partir del silencio,
para dejar hablar a quien deba efectuar la tarea. En consecuencia,
el líder deberá formular preguntas abiertas
para así favorecer la clara y libre expresión
de las inquietudes que puedan surgir.
También,
y luego de esta suerte de diálogo receptivo del que
se pretende se interprete con total claridad la tarea delegada,
será necesario armonizar de alguna manera los objetivos
mutuos: esto tiene que ver con que cada una de las partes
integrantes de esta actividad negociadora tengan en cuenta
y sepan cuáles son los intereses de cada uno desde
el comienzo hasta la finalización del trabajo encomendado.
Ello, sin duda, proporcionará un marco propicio de
trabajo.
Es
necesario tener en cuenta que no siempre la información
que se pretende trasladar al equipo de trabajo es bien entendida.
En este caso, el líder deberá plantearse en
qué momento la información dejó de circular
fluidamente, pues este “cortocircuito” puede obedecer
a la falta de escucha activa y, por ende, no podrá
propiciarse adecuadamente la armonización de los objetivos
mutuos.
No
quedará otro camino que volver a plantear la situación
de la manera más clara que sea posible.
Finalmente,
no debemos olvidarnos que el líder, más allá
de todo proceso de negociación, deberá preguntarse
si la persona que ha elegido es capaz de llevar a cabo el
proyecto, pues es precisamente esa capacidad o aptitud la
que en definitiva marcará la continuación del
proceso negociador hasta tanto queden todas las cuestiones
claras y bien definidas.
Bien
valdrá la pena, para estos fines, efectuar una serie
de reuniones informativas para constatar los progresos realizados.
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