De
manager a manager le hablo.
Tenga
cuidado con la sutil amenaza que subyace a cada intervención
poco efectiva que hace, ya que invisiblemente podría
estar pavimentando una autopista hacia la apatía, el
desconcierto y la desconfianza de su gente. ¿Por qué
digo ésto? Porque si cometió algunos de los
errores conceptuales involuntarios que presenté en
el artículo
anterior, las cosas podrían no estar funcionando.
Usted me entiende, los resultados son buenos, por lo que a
nadie le interesa esforzarse un poco más, o los resultados
no son tan buenos pero a nadie parece importarle el andar
la milla extra, excepto a usted.
Pero
OK, supongamos que como cualquier mortal dentro de una organización,
apurado por los tiempos de otros, cometió uno o más
de los seis errores mencionados. Ahora, la pregunta que debería
hacerse es ¿cómo revierto la situación,
siendo que la impresión por mi accionar (de neutra
a mala) ya fue causada y mi inconsciente me susurra que podría
haberlo hecho/dicho mejor – o al menos distinto
En
forma resumida, empiece por recordar estos puntos: 1. Rebata
sus creencias; 2. Tome conciencia. 3. No repita dos veces
seguidas una poco efectiva intervención. 4. Cree oportunidades.
5. Aprenda una metodología para el manejo de proyectos.
Vamos
a verlos:
1.
Comience rebatiendo sus propias creencias, aquellas que le
dicen que “ya es tarde para cambiar ese aspecto de mi
personalidad (o esa manifestación de mi comportamiento);
soy así y al que le gusta bien, y al que no, que se
vaya”.
¿Le
suena? No me lo diga. Pero si esta es la historia que se cuenta
sobre usted mismo, déjeme decirle que aún puede
cambiar para mejor la mayoría de las cosas que piensa,
o reducir la consecuencia negativa de esos pensamientos a
niveles mucho menores. No me diga que como hasta ahora esta
fórmula le funcionó la va a seguir aplicando;
reconozca que hasta ahora no se tomó el tiempo para
reflexionar y que siempre fue más fácil lanzar
verdades tóxicas que aprender cómo obtener un
feedback de alta calidad.
Hágalo.
Y ¿sabe que logrará? Logrará
empezar a crear un clima en el que todos saben que se pueden
equivocar, pero sabiendo a la vez que este es un paso necesario
e intermedio para crear una organización más
madura. Y les estará diciendo también, implícitamente,
algo así: “Si quieren cambiar algo de su lugar
de trabajo, empiecen por ustedes mismos”.
2.
Tome conciencia. Pregunte. Muestre humildad (por más
poder que piense que tiene).
Un
mal día lo tiene cualquiera. Dos también. Tres,
seguidos y la misma persona, NO. Si le sucede es porque ya
se convirtió en hábito. Tomar conciencia en
este caso pasa por salir de uno mismo, verse desde afuera,
tratando de observar, sentir y oír lo que otros sintieron
cuando usted se comportó como lo hizo.
Hágalo.
Y ¿sabe qué logrará? Logrará
que automáticamente la gente trate de hacer lo mismo,
buscando entender las razones que lo llevaron a hacer lo que
hizo. ¿Sabe? La mayoría de la gente lo admira
–de hecho en silencio alguien podría estar modelándolo–
y cada uno por sus motivos personales, pero en silencio la
gran mayoría anhela y desea que usted simplemente tenga
el tacto para decir las cosas de otra manera.
3.
¡No lo vuelva a hacer ni empeore su intervención
con otra mala actuación! No confirme las sospechas…
(de que tiene cero tacto).
¿Ya
lo volvió a hacer? Hmmm, siga leyendo igualmente. Más
aún ahora. Ya la gente se preguntará si ese
es su estilo y si puede haber algo que lo haga cambiar. O
si es así con todos o sólo con algunos. O qué
pueden hacer para complacerlo. O decretan la “rotación
espiritual apática” (el cuerpo físico
en el trabajo, pero la mente y el espíritu lejos, lejos,
muy lejos del puesto de trabajo, porque “todo da igual”).
Atención: es el inicio de la pérdida (casi)
irrecuperable del compromiso de su gente.
No
lo repita. Y ¿sabe que logrará? Que
la gente crea que se debió a una sumatoria sistemática
de malos impulsos en un mal día. Y posiblemente lo
olviden, pero igualmente, esperarán una nueva señal
de confianza de su parte. Logrará que el compromiso
renazca, una vez más, o se fortalezca.
4.
Busque, cree, invente oportunidades para rebatir paulatinamente
aquella situación.
Mire,
hay un principio que dice que en todo lo que se hace hay una
“intención positiva”, al menos para el
que lo hace. Vamos a rescatarla. Recordemos: el primer error
era asignar responsabilidades y luego no agradecer ni dar
feedback; OK, lo que rescatamos es el hecho de que quiso definir
responsabilidades, facilitarles el proceso de toma de decisiones
al tener a alguien a cargo, etcétera. Esa es la parte
positiva. Sigamos con el segundo error: lanzó el proyecto
y juntó a todos. ¿Lo positivo? Quiere trabajar
por proyectos, no lo comunicó por mail sino que los
reunió y los tuvo cerca, creó expectativa y
sorpresa. Eso es lo bueno. Y así con los seis errores.
Ahora que sabe que no todo fue un error, use ese trampolín
para repetir lo bueno y filtrar lo malo, de manera que cada
experiencia con usted se convierta en una oportunidad de aprendizaje
para la gente.
Hágalo.
Y ¿sabe que logrará? Nada más
ni nada menos que demostrar que usted también se puede
equivocar. Que no es perfecto (¿lo sabía?).
Comience a demostrar una voluntad sublime por aprender de
los errores y notará cosas fabulosas alrededor. Tampoco
se convierta en un estandarte del error, pero sentir una dosis
de sentido del humor sobre algún aspecto de usted mismo
lo hará sentir más humano, menos crítico,
más líder.
5.
Aprenda una metodología probada, exitosa, de cómo
manejar un proyecto, a nivel de objetivos, resultados y recursos.
¿Cree
que ya la sabe? Quizás no hay nada muy nuevo bajo el
sol y su experiencia es su principal vector de referencia,
pero vale la pena que lea casos exitosos y tenga a mano algún
“check list” en caso de urgencia. Hay por allí
gente muy buena manejando proyectos –project leaders–
que pueden ser buena influencia. Si usted pertenece al área
de Recursos Humanos almuerce con alguien de Ingeniería
o Producción. Si quiere desestructurarse, salga a almorzar
con el Gerente de Producto de Marketing. Búsquelos.
Modélelos, en silencio, si desea. Pero hable con ellos
y descubra cómo motivan, alientan, inspiran, persuaden
y desafían a su gente para que alcance los objetivos
del proyecto. Deténgase y tome nota, por ejemplo, de
lo que ponen en las “referencias” de los e-mails
y cómo convocan a meetings. Atención, lo antedicho
no significa que debe dejar de ser auténtico y convertirse
en una raza mezcla sin estilo propio; lo que digo es que el
adulto aprende de distintas maneras y el “modelado”
es a veces subvalorada como mecanismo de evolución
y crecimiento personal.
Hágalo.
Y ¿sabe que logrará? Crear una atmósfera
más profesional de trabajo, menos inestable, más
predecible y donde se puede aprender “on-the-job”,
con solo observar al jefe. Recuerde que según investigaciones
(Gallup) la gente no deja las empresas, sino a sus jefes.
Si usted hace el esfuerzo, en breve sentirá que comienza
a ser emulado por algún miembro de su equipo (¡y
hasta colegas!)
Todo
esto quizás lo sepa, quizás se lo haya explicado
a otros, quizás ya lo esté haciendo, o probablemente
sienta que “este artículo es genial para…
mi jefe”. Pero no caiga en la tentación de ubicarse
en una posición de víctima. Usted tiene más
poder para cambiar su pequeño-gran entorno del que
cree. Mejor aún, déjese seducir por la practicidad
de estos cinco puntos que fueron pensados para convertir limitaciones
en oportunidades, y oportunidades en fortalezas. Ahora tómese
diez minutos y reflexione. Conviértalo a sus palabras.
Mañana póngalo en práctica. Practique.
Hágame caso, hágalo ya, antes de que tenga que
hacerlo… por obligación.
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