Existe
una enorme diferencia entre ser líder (lo que requieren las
organizaciones modernas) y ser un simple jefe, que se limita
a cumplir directivas superiores y buscar que su personal haga
lo requerido. El líder es alguien respetado, admirado y seguido
por su equipo de colaboradores. Él construye las mejores condiciones
para que la empresa avance, dando siempre el ejemplo, diagramando
y poniendo en práctica proyectos de cabo a rabo. Él sabe interpretar
lo que pasa dentro y fuera de la empresa, y logra, merced
a su dinamismo, visión emprendedora y enorme capacidad de
gestión, tornar sumamente competitiva a su compañía. Por eso
el verdadero liderazgo está tan solicitado en el mundo de
negocios moderno. Analicemos, entonces, lo que distingue al
líder.
Crea el futuro
No
espera que las oportunidades llamen a su puerta; él las genera,
si es necesario. Está acostumbrado a luchar por las cosas
que quiere, y sabe que del fruto de su esfuerzo y tesón surgirán
logros que, tarde o temprano, se convertirán en realidad.
Promueve y encauza los cambios en la empresa
Está
pendiente de los indicadores del cambio, sea porque internamente
algo debe ser modificado, o porque la situación externa precisa
dicho cambio. Pero no sólo lo sugiere, ni lo bosqueja: se
pone a la cabeza para llevarle adelante con éxito. Realiza
todas las tareas que van desde convencer al resto de la necesidad
de cambiar, hasta instrumentarlo efectivamente y seguir con
detenimiento su evolución.
Es carismático. Desarrolla la empatía
Sociable,
buen comunicador y carismático, el líder se compenetra emocionalmente
con los demás, adaptándose a sus interlocutores en el modo
y forma en que prefieren ser tratados. Valora y respeta las
opiniones y sentimientos ajenos, a la par de promover un diálogo
abierto y sincero.
Sabe delegar responsabilidades
Estimula
el crecimiento de sus colaboradores, y cuando les ve preparados,
delega funciones en ellos sin temor ni falta de confianza
en las decisiones que tomen. Les ayuda en temas menores, pero
hasta cierto punto, de manera que no pierdan la capacidad
de volar solos.
Incentiva
en sus colaboradores la confianza en sí mismos
Si
alguien piensa que no puede lograr algo, de seguro no lo hará.
Si un grupo carece de la suficiente confianza en su capacidad
para alcanzar un determinado objetivo, toda formación, experiencia
o destreza particular que ostente le servirá de muy poco,
pues de seguro fracasará. Por ello, el líder estimula en su
grupo el sentimiento de pisar firme, pero además hace partícipe
a cada uno de sus miembros de la convicción que serán ellos
y sólo ellos quienes produzcan, con su trabajo cotidiano,
el futuro posible.
Puede,
de hecho, liderar otras áreas
Por
sus habilidades directivas, puede perfectamente desempeñarse
con éxito en áreas distintas. Si bien deberá aprender los
pormenores de procesos y funciones que hasta ahora no conoce,
su capacidad de gerenciar le brindará las herramientas esenciales
para llevar adelante al nuevo sector.
Organiza eficientes equipos de trabajo
Instrumenta
objetivos claros y expone los mecanismos de evaluación y control
que se utilizarán. Compara con el grupo las desviaciones entre
lo real y lo estimado, y juntos analizan e implementan las
soluciones pertinentes. Hace que el trabajo sea estimulante
para cada colaborador. Abre paso a toda iniciativa. Promueve
el aporte de ideas que hagan crecer el proyecto manejado por
el grupo. Brinda reconocimiento público a la labor, y alienta
a cada integrante a que se supere, otorgándole la posibilidad
de capacitarse y asumir mayores responsabilidades. A la hora
de dar el ejemplo, está siempre a la cabeza.
Sabe destacar y recompensar los logros de sus colaboradores
Si
es necesario, concibe nuevas formas de recompensar el aporte
y desempeño de su grupo. No le pasa por alto que detrás de
la concreción de un objetivo ambicioso hay muchas horas de
sacrificio y entrega del grupo, y de ciertos miembros en particular.
Por ello, y en la medida que puede, intenta que la gratificación
sea significativa para el colaborador.
Es
tolerante con los errores ajenos
Ha
aprendido que lo importante es mejorar el desempeño, y que
esta mejora se sustenta muchas veces en cometer errores y
aprender de ellos. De hecho, da ejemplo de sus propios errores.
Sabe que una crítica destructiva sólo hará que la persona
tenga miedo de equivocarse, se paralice y pierda su confianza.
Por ello, no critica, sino ayuda a mejorar. Estimula a seguir
avanzando con mejores herramientas.
Cambia
las reglas de juego cuando considera que ya no son útiles
Si
la situación no puede resolverse con el actual esquema de
reglas (sean éstas mentales o de tradición empresarial, por
ejemplo) no teme romperlas y cambiarlas para lograr hacer
frente al nuevo escenario. Entiende que a veces hay que construir
nuevos caminos, sobre todo cuando los existentes nos alejan
demasiado de nuestro destino.
Es
flexible, adaptativo y cambiante, incluso con su forma de
ver las cosas
Conservando
sus principios, sustentados sobre bases éticas, no teme cuestionar
su propia manera de encarar los negocios, de cambiarla si
es necesario, y siempre está dispuesto a aprender, a desarrollar
nuevas habilidades y a poseer una visión multidisciplinaria.
Colabora
efectivamente con otros líderes
Integra
un equipo directivo donde prima la capacidad e idoneidad para
resolver problemas, no los cargos y ambiciones personales
de cada uno. Entre todos buscan aprovechar las sinergias que
se producen, porque saben que varias cabezas piensan más y
mejor que una sola. Bajo un plan definido, brindan valiosas
soluciones y mejoras a la compañía.
Contrata
a excelentes profesionales, incluso de mejor formación que
él, y no teme a esto
Sabe
perfectamente que no puede ser el mejor en todo; de hecho,
estimula a sus colaboradores a que le superen en formación.
No busca destacar por sus títulos; busca ser el mejor gerente.
Sus habilidades pasan por otro lado. Por eso, contrata y se
rodea de excelentes profesionales, capaces de asumir proyectos
ambiciosos y brindar un alto valor agregado a la empresa.
Es
seguido por su ejemplo, valores personales y la confianza
que pone en sus objetivos, lo que motiva y estimula al grupo
El
líder no obliga a nadie a que le siga, ni que lo tome como
modelo. El líder hace, da el ejemplo, influye positivamente
y es seguido por sus enormes valores, tanto personales como
profesionales. Pero no por ello corta las alas a sus subordinados,
o se rodea sólo de obsecuentes. Nada de eso. Estimula el disenso
y la crítica productiva que conlleva una mejora de las cosas,
es humano y solidario, y es por ello que es preferido a cualquier
jefe a la antigua. Brinda libertad y se limita a dirigir la
mirada hacia el camino, hacia donde se debe llegar. Él irá
primero, y acompañará activamente a su grupo.
Reduce
todo a lo esencial. No muere en un mar de detalles y posibles
complicaciones
Sabe
mirar la esencia de las cosas. Ataca el nudo del problema.
No se distrae con los detalles o posibles dificultades para
llegar a la meta, ni tampoco permite que le desmoralicen y
aparten de su objetivo. La vida es simple, y son los hombres
quienes la complican, sería su frase preferida.
Asume
riesgos controlados y actúa
No
se queda en proyectos e ideas; busca llevarlos a la práctica.
Todo involucra cierto riesgo y él lo sabe. Pero cuando está
mayormente seguro, luego de establecer las medidas para prevenir
y acotar posibles contingencias, avanza directamente hacia
el objetivo. ¿Que surgen otros problemas en el camino? Es
lógico que así sea, pero él confía en su capacidad de trabajo
y resolución, y en el profesionalismo de sus colaboradores.
De seguro les resolverán.
AUTOANALISIS
Hemos
observado los rasgos más importantes que un buen líder debe
poseer. Pero no nos quedemos sólo con esto. Miremos hacia
nosotros mismos, y para ello, nada mejor que el siguiente
cuestionario. Busca ayudarnos a conocer qué tenemos que mejorar.
No cubre, ni mucho menos, la totalidad de puntos a encarar,
pero es un buen inicio. Le pido, entonces, que responda a
cada pregunta de forma precisa y honesta, anotando en un papel
los puntos sobre los que sienta que debe hacer algo.
–
¿Cuáles son mis fortalezas y debilidades? ¿Cómo puedo incrementar
las primeras y compensar o mejorar las segundas? Recuerdo
que mi punto de apoyo e impulso son mis fortalezas.
–
¿Qué nuevos conocimientos o habilidades debería disponer para
realizar mejor mi trabajo? Hago una lista y establezco prioridades.
¿Dónde puedo adquirirlos?
–
A la hora de tomar decisiones, ¿estoy seguro de lo decidido
y sigo adelante, o dudo permanentemente sobre si tomé el camino
correcto? ¿Transfiero esta inseguridad a los que me rodean?
¿Creo con ello, desconfianza e inseguridad en los demás?
–
¿Cuán seguro estoy de mí mismo y de mi capacidad para conseguir
lo que pretendo? ¿Me falta confianza? ¿Busco siempre estar
absolutamente seguro de todo antes de dar un paso adelante?
¿Temo enfrentar cualquier riesgo? ¿Pienso que posiblemente
fracasaré al hacer algo, antes de intentarlo?
–
¿Qué tan a gusto estoy en mi trabajo? ¿Qué me disgusta? ¿Cómo
podría mejorar lo que me desagrada?
–
¿Cuán buena es mi relación con mis colegas y subordinados?
¿Qué cosas atentan contra ella (preconceptos, viejas disputas,
etc.) que deba olvidar o modificar? ¿Realizo acciones concretas
para incrementar y mejorar la relación, o simplemente actúo
reactivamente (cuando me saludan, saludo...)?
–
¿Conozco las cualidades y aptitudes especiales de mis colaboradores?
De hecho, ¿les conozco, o son simplemente un número en mi
lista de personal? Si alguien me preguntara por el Capital
Intelectual de mi empresa, y yo tuviese que pormenorizar los
aportes de mis colaboradores, ¿sabría qué contestar?
–
¿Sabría echar mano del know-how de mi empresa para emprender
proyectos diferentes?
–
¿Qué tan innovadora y flexible es mi manera de ser y pensar?
Analizo mis preferencias y actos cotidianos. ¿Se contradice
lo que hago con lo que desaría hacer? ¿Por qué?
–
Cuando hay que trabajar bajo presión, ¿cómo me comporto? ¿Pierdo
el control y reacciono mal? ¿Acepto la presión y la canalizo
positivamente?
–
¿Controlo mis impulsos, evitando estallar por cualquier motivo?
¿Poseo un carácter estable, o soy un manojo de nervios?
–
¿Cómo me comporto cuando debo trabajar en equipo? ¿Colaboro
activamente, compartiendo y respetando las ideas de los demás,
o intento siempre imponerme, y que mi posición sea la elegida?
–
Cuando cometo un error, ¿asumo mi responsabilidad sin intentar
justificarme ni ocultar la falta, ni mucho menos culpar al
resto? ¿O prefiero descargar la ira sobre mis colaboradores?
–
¿Mi forma de ver la empresa es siempre positiva, dinámica
y emprendedora, o en realidad sólo me limito a cumplir mi
horario y las funciones encomendadas?
–
¿Intento todos los días construir mi proyecto de crecimiento
personal y profesional buscando llegar a objetivos previamente
definidos, o simplemente espero lo que me puedan dar los años?
–
¿Miro directamente hacia el mercado? ¿Mantengo un diálogo
fluido con clientes, distribuidores y proveedores? ¿Constituye
una premisa importante y fundamental el dejar, al menos una
vez a la semana, mi cómoda oficina y salir a la calle para
conocer de primera mano lo que sucede? ¿Visito las sucursales,
hablo con el personal, observo a los clientes cuando eligen,
compran, se quejan o reclaman? ¿Luego vuelvo a la oficina
y busco colaborar en la solución de los errores que existen,
o simplemente dejo que se encargue el personal de la zona?
–
¿Confío en mis colaboradores, o siempre estoy a la defensiva,
evitando delegar la toma de ciertas decisiones? ¿Apoyo los
controles que ellos realizan, o necesito caer de sorpresa
y controlar las cosas yo mismo, verificando hasta el mínimo
detalle?
–
¿Poseo el valor y la entereza para afrontar la conducción
de mi empresa en momentos difíciles, en medio de una crisis
o en tiempos de recesión?
12
SUGERENCIAS PARA MEJORAR SU LIDERAZGO
1) Desarrolle una poderosa fuerza de voluntad
El
secreto para lograr las cosas en la vida pasa, muchas veces,
por una férrea voluntad. Una gota de agua que cae sobre la
poderosa roca puede, humildemente y con tesón, perforar totalmente
la piedra. Sea entonces como el agua, dúctil, renovada y tenaz,
sobre todo tenaz. Nuestra voluntad marca la diferencia entre
llegar a la meta, o desanimarnos y desistir. Es la poderosa
palanca que mueve nuestro universo. Acrecentarla día a día,
en cada acto cotidiano, constituye la mejor inversión.
2) Busque potenciar
las fortalezas y subsanar los defectos
Sufrir
por lo que carecemos, en vez de ver nuestras fortalezas (y
todo lo que podríamos generar con ellas), sólo nos llevará
a la inacción. Todos tenemos puntos fuertes y débiles; potenciemos
entonces los primeros y corrijamos los segundos. Apoyémonos
en lo que hacemos mejor, buscando oportunidades para aprovechar
nuestras fortalezas. Porque en ese ámbito usted puede dar
lo mejor de sí. Además, es lo que le gusta hacer, y para lo
que está en mejor forma.
Resta
un consejo: en esa área en la que usted es muy bueno, evite
caer en las garras de otro enemigo poderoso y también paralizante.
¿Adivina cuál es? Es el excesivo perfeccionismo. Muchas veces,
en la idea de no lograr el ansiado nivel, se dejan de hacer
cosas al considerarse que saldrán demasiado imperfectas. Ni
lo uno, ni lo otro.
3) Festeje sus triunfos y aprenda de sus errores
Los
éxitos constituyen un poderoso estímulo, cierto es. Pero de
los errores se aprende, y mucho, si les tomamos como escalones
necesarios para ascender a la meta. Aquí no cabe la
soberbia, el amor propio herido, y mucho menos la negación.
Hay que aceptar las fallas, preguntándonos qué pasó. ¿Plazos
muy ajustados? (¿Por qué se aceptó de esa manera?; ¿Qué otras
alternativas de reducción de tiempos no se instrumentaron?)
Luego, convocar a todos aquellos que puedan brindar solución,
ideas e iniciativas para mejorar, a reuniones especiales,
y trabajar sobre el problema.
4) Conviva con la incertidumbre
En
el contexto actual, los cambios se suceden vertiginosamente.
Se acabó la antigua seguridad que se tenía en décadas pasadas,
donde no se producían modificaciones sustanciales hasta pasado
cierto tiempo, y éstas eran, dentro de todo, predecibles.
Terminó la renovación de productos por otros más grandes o
con alguna prestación adicional, para dar paso al tiempo de
la Innovación Total. Aparecieron escenarios (como Internet,
por ejemplo) que modificaron ciento por ciento la concepción
de los negocios, que pasaron de ser locales a globales, utilizando
comunicaciones instantáneas de muy bajo coste. Y a su vez,
esto aceleró la producción de numerosos cambios asociados.
En
este ámbito, muchas veces se debe convivir con la incertidumbre.
Pero esta incertidumbre es relativa, en tanto y en cuanto
podamos afrontarla con estudios y análisis de tendencias,
un poderoso know-how e instalaciones reutilizables para proyectos
diferentes, un equipo profesional altamente motivado y eficiente,
y sobre todo, nuestra mirada siempre puesta en lo que precisa
el cliente para anticiparnos a ello antes que la competencia.
5) Aprenda a ver oportunidades en momentos de crisis
¿Crisis...
u oportunidad? Depende en buena medida de nosotros. En toda
crisis surgen nuevas facetas para explotar, sea en el propio
país donde esté asentada la empresa, o bien mirando al extranjero
para, por ejemplo, exportar u otorgar franquicias o licencias.
Lo
importante de todo esto es nuestra actitud hacia la crisis.
Es evitar verla como el derrumbe de todo lo que hemos construido,
para considerarla directamente como una excelente oportunidad
de replantear nuestro negocio, no sólo de cara a su subsistencia
regional, sino a su consiguiente crecimiento.
6) Confíe en sí mismo, y no dude de sus posibilidades y aptitudes
Quien
a cada paso se cuestiona sus actos, duda de sí mismo, y no
confía plenamente en sus cualidades,
lleva consigo el peor demonio de cara a su vida profesional
y personal. Porque esta falta de confianza le impedirá desarrollarse
y potenciar sus dotes. Por ello, no importa en qué contexto
estemos, o qué crisis nos toque pasar; nuestra confianza y
seguridad deben ser valores inamovibles, sobre los que podamos
sustentar todo proyecto presente y futuro.
No
importa si caemos al suelo una y más veces; con igual fuerza
y determinación nos levantaremos para continuar dando batalla.
No importa tampoco si debemos deshacer lo andado, cambiar
de rumbo, mudar de ropas. Si nuestra confianza es sólida,
de seguro podremos afrontar cualquier desafío. Y cuando las
dudas aparezcan, haga desfilar ante sus ojos todos sus triunfos
y logros a la fecha. ¿Lo ve? Todo eso lo construyó usted.
Entonces, ¿qué le impide avanzar por más?
7)
Tenga un fuerte espíritu comercial
Condición
primordial en todo buen directivo. Busque nuevas posibilidades
de negocio, sea expandiendo su gama de productos, accediendo
a nuevos mercados o explotando posibilidades generadas en
determinados contextos que sean rentables. No tema vender,
pues es una de las facetas necesarias en su actividad.
8)
Sea una persona organizada
Planificar
constantemente es un requisito esencial. No se elabora un
Plan de Negocios sólo al inicio de la empresa, o cuando se
debe presentar ante un posible inversor; se planifica siempre.
Debe hacerse tiempo para ello. Pero además, sea metódico y
ordenado.
9)
Oriéntese a la concreción de objetivos debidamente cuantificados
No
diga "debo vender más", pues eso no constituye un
objetivo; a lo sumo, es una expresión de deseos. Cuantifique
y ponga plazo a cada objetivo. Por ejemplo, diga "debo
vender un 20% más, de aquí a seis meses." Toda acción
debe buscar la concreción de un objetivo determinado, porque
si no es así, puede caerse en el peligro de ir hacia ninguna
parte.
10) No trabaje en exceso, sino eficientemente
Quien
requiere de más horas para concretar una tarea demuestra que
algo falla en su concepción del trabajo. O pierde el tiempo
(por falta de método u organización), o privilegia tareas
que no son ni urgentes
ni tampoco importantes. Nunca crea que llevarse trabajo a
su casa es signo de extrema productividad; muy por el contrario,
esto demuestra que no ha administrado bien su tiempo en la
oficina.
11) Aprenda y mejore a través de la formación continua
Capacitarse
y estar al día son requisitos indispensables para actuar en
el cambiante mundo de los negocios. Pero esto no debe relegarlo
a la formación que pague o promueva su empresa; usted debe
preocuparse por su cuenta. Suscríbase a revistas de su especialidad,
y asista a cuanto curso le resulte provechoso. Utilice Internet,
a través del E-Learning. Amplíe sus horizontes, porque hoy
en día hacen falta perfiles generalistas que puedan adaptarse
y navegar en diferentes industrias, y por ello, los conocimientos
de distintas especialidades (aun de manera somera) le resultarán
muy útiles. No se conforme con su disciplina.
12)
Posea una visión optimista de las cosas
Dos
profesionales técnicamente similares, con idénticas posibilidades,
pueden, a lo largo de su vida laboral, obtener resultados
totalmente opuestos. Mientras uno busca siempre cómo amoldarse
mejor a las circunstancias y aprovechar cuanta oportunidad
se presenta, el otro se debate en una madeja de supuestas
dificultades, viendo oscuridad donde tal vez sólo falte un
poco más de luz. La manera de ver las cosas de cada uno influirá
en los resultados finales; el optimista luchará siempre con
renovados bríos por lograr su objetivo, y si debe amoldarse
a circunstancias negativas, lo tomará como una excelente posibilidad
para explotar nuevas facetas hasta ahora dormidas; pero el
pesimista se quedará
siempre mirando la vida pasar frente a su ventana,
criticando lo mal que van las cosas (las suyas) aunque el
resto avance.
|