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E-LEARNING
Y FORMACIÓN INTERNACIONAL Aunque un altísimo porcentaje de empresas latinoamericanas está usando o planeando diferentes usos del e-learning como metodología de capacitación de sus empleados, buena parte de esos mismos empleados todavía tiene un gran desconocimiento a la hora de entender de qué exactamente se trata toda esta movida. Efectivamente, aunque se trata de una de las formas de aprendizaje más fáciles y accesibles, todavía hay muchas personas para quienes aparece envuelta en un velo de misterio. Algunas de las ventajas del e-learning ya podrían incluirse en la categoría ‘de dominio público’, aunque nunca está de más recordarlas:
Gran parte del debate actual gira en torno a qué exactamente amerita encasillarse dentro de la categoría de e-learning. Y aunque existen desde hace varios años estándares internacionales respecto de las plataformas de e-learning (las llamadas ‘aulas virtuales’), tendientes a unificar criterios y facilitar la migración de contenidos de una plataforma a otra, lo cierto es que nada impide calificar como e-learning a los procesos de aprendizaje que se limitan al intercambio de archivos vía e-mail, o el hacerlos accesibles desde un sitio web, o cualquier otro formato basado en Internet y sus recursos. En muchos casos, sin embargo, una buena plataforma tecnológica ofrece recursos y facilidades que están ausentes en un proceso limitado al intercambio vía correo electrónico; entre otras cosas, la interacción y el debate entre alumnos, con toda la riqueza que aportan esas miradas diversas, sobre todo cuando provienen de rincones geográficos distantes y culturalmente diferentes. Está claro, sin embargo, que el aprendizaje no es el fruto de una determinada tecnología ni de una metodología de transmisión en particular; ninguna metodología por sí misma garantiza los resultados que promete, del mismo modo que el mejor docente no puede garantizar que todos y cada uno de sus alumnos lograrán los objetivos propuestos. El aprendizaje es fruto de una relación, y de un trabajo desarrollado en el marco de esa relación. En un escenario de estas características, el docente debe aportar los contenidos y la metodología (entre otros factores), y el alumno debe poner la dedicación y el esmero por asimilar el conocimiento y, adicionalmente, realizar el entrenamiento que le permita transformar ese conocimiento en destrezas que lo habiliten para desarrollar un determinado tipo de tareas y a desempeñar un particular tipo de función. |
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