El
por qué de las cosas
Los
papeles y las informaciones son como el fruto del almendro:
casi todo se va en cáscara y bagazo. Fíjese
el trabajo que pasan los muchachos para romper toda
la envoltura que protege e impide llegar con rapidez
al objeto de su interés: la almendra.
Les
he visto aplicar técnicas de todo tipo, tales
como dejarlas secar, entrarles a martillazos, abrirlas
con un destornillador, ponerlas en la línea para
que el tren les pase por arriba, cortarlas con un cuchillo,
etc. Todos los esfuerzos van encaminados a llegar al
meollo del asunto, lo demás no vale la pena.
Los que desarrollan mejor esta habilidad consiguen más
almendras y pierden menos esfuerzo y tiempo. Son los
más productivos.
A
los papeles y las informaciones que recibe un dirigente
o cualquier profesional les sucede lo mismo, debido
a cierta tendencia a que todo el mundo reciba de todo,
independientemente de su cargo o nivel. Por tanto, si
quiere ser más efectivo tiene que aprender a
llegar con rapidez a la almendra, digo a la información
relevante.
El
papeleo ha ido aumentando internacionalmente. Según
informaciones,[1] el costo del papeleo en los Estados
Unidos es igual a la séptima parte del total
de la producción de bienes y servicios. No sé
cuántos otros habrán sacado tales estadísticas,
pero no es de extrañar que sean también
altas.
Algunos
mecanismos y técnicas del mundo contemporáneo
no han sido de mucha ayuda. El teléfono, por
ejemplo no ha reducido suficientemente las comunicaciones
escritas (que era la única alternativa antes
de su invención). Las computadoras que hasta
hace poco presagiaban la "oficina sin papeles",
han producido resultados muy interesantes: muchos jefes
instruyen a sus secretarias que les impriman diariamente
todo el correo electrónico para poder leer mejor
los mensajes, el perfeccionismo al escribir facilitado
por los procesadores de textos y las impresoras rápidas,
han provocado muchas versiones intermedias antes del
informe final, y además estimulan la reproducción
y circulación lo más amplia posible de
los ejemplares.
Lo
anterior se debe a que muchas organizaciones emplean
las computadoras y las redes informáticas para
automatizar lo que se hace a mano y no para transformar
en esencia el modo de hacer las cosas. Las fotocopiadoras
se han convertido en la peor amenaza para la capacidad
limitada de los archivos y del tiempo, sobre todo ahora
que las de tipo láser pueden imprimir, por ejemplo,
veinte originales por minuto (y seguirá creciendo).
El fax aporta también su cuota de papel que incluso
a veces es doble, pues en el caso de los que imprimen
en papel térmico, deberán sacar nuevas
copias en soporte convencional que no se borre con el
tiempo.
A
veces se exagera la necesidad de estar informado. Un
dirigente de cualquier nivel o un profesional con un
campo complejo de actividad, requiere de un gran volumen
de información para hacer su trabajo y para evolucionar
positivamente, pero de ninguna forma necesita leerlo
y conocerlo todo.
No
lo olvide, si se entretiene con el bagazo, nunca llegará
a la almendra.
Por
otra parte, el papeleo no se reduce de forma espontánea.
Si usted no trabaja con vistas a eliminar el bagazo,
este no se va solo. Hace unos cinco años, haciendo
un trabajo de consultoría en una gran empresa
de la capital, apareció un grueso informe que
se elaboraba sistemáticamente cada mes por dos
empleados, se remitían al Director, y la secretaría
de éste los enviaba a su vez al Director General.
Interrogados
los que los confeccionaban, el Director, la Secretaria
y el Director General, nadie supo decir para qué
eran. Al final, toda la historia se esclareció:
dicho informe había sido implantado por un antiguo
Director General que había dejado su puesto hacía
más de cinco años, pero la “costumbre”
se quedó junto con los dos empleados cuya tarea
era elaborarlos puntualmente. Los consultores dictaminaron
que tal informe no hacía falta pues toda la información
contenida estaba con mayor calidad y precisión
en la Intranet de la empresa. El problema consistió
entonces en qué hacer con empleados tan cumplidores.
El
papeleo tiene mucho de vocación personal y hasta
su toque de neurosis en algunos casos.
Hay
quienes creen que deben leerlo todo en un gesto que
es más de curiosidad que de otra cosa, y por
tanto ni lo leen todo, ni leen lo fundamental, ni facilitan
el flujo normal de las cosas.
Los
hay que se enferman si no pueden escribir memos, cartas
e informes, y en consecuencia contaminan su tiempo,
hacen perder el de los demás y hacen más
crítica la invasión de papeles e informaciones.
Como
verá, todo este problema de los papeles y las
informaciones asume un carácter complejo en las
condiciones contemporáneas, y requiere de una
actitud y trabajo consciente encaminado a su racionalización.
Veamos algunas de las cosas que se pudieran hacer tanto
en términos preventivos como terapéuticos.
Medidas
para controlar la invasión
La
mejor opción es siempre anticiparse, o sea, curarse
en salud, pero esto elimina sólo una parte del
problema. La otra es aplicar tratamiento correctivo
al hecho ya producido. De ambas posibilidades se trata
a continuación. Algunas medidas, como verá,
son comunes a otras agresiones.
Organice
su área de trabajo
Empiece
por adoptar algunas medidas que fortalezcan la organización
y distribución física de su espacio. Por
ejemplo, deje sobre el escritorio sólo aquello
en lo que está trabajando o lo que por su alta
prioridad debe tener a mano. Si en realidad tiene montones
de papeles en su escritorio y en los muebles adyacentes,
empiece por una limpieza a fondo, empaquete, rotule
y saque de su local lo que no puede botar, use el incinerador,
la trituradora de papel o el cesto para lo que ya no
será necesario, envíe al archivo lo que
debe guardarse, pero despeje su camino.
Ordene
sus gavetas, el escritorio y el espacio inmediato a
él, de manera que tenga a mano en primer lugar
el asunto con el que está trabajando y muy cerca
los materiales de apoyo. Mantenga el hábito.
Coloque
filtros
Un
filtro es un dispositivo que se interpone ante un flujo
de líquido, gas, aire, luz, electricidad, etc.,
cuya misión es dar paso a unos elementos o valores
y retener o absorber otros. Así, un filtro de
aceite retiene impurezas mientras que un filtro fotográfico
absorbe ciertas radiaciones del espectro.
Utilice
la misma técnica para el papeleo. El filtro puede
ser la secretaria, si la tiene, sus subordinados, e
incluso aquéllos que le envían documentos
e informaciones y que pertenecen a otras áreas
o entidades. El filtraje separa la almendra del bagazo
e incluye:
a)
pre selección de las entradas provenientes del
correo electrónico para que los que reciben grandes
volúmenes de correspondencia se enteren rápido
de lo que ha entrado y pidan sólo lo que les
interesa;
b)
marcado de documentos para llamar la atención
sobre puntos críticos, y evitar que el jefe tenga
que leerlos completos;
c)
clasificación y empaquetado de papeles según
su categoría e importancia para permitir la lectura
discriminatoria y en general todo aquello que ayude
a concentrarse en lo principal;
d)
orden de que todo el que elabore un documento de más
de cinco páginas (por ejemplo) debe acompañarlo
con un resumen ejecutivo de no más de media página;
e)
menús de “aproximación” en
los sistemas automatizados, donde el usuario avanza
y profundiza sólo en la medida en que lo necesita.
Por ejemplo, puede ir desde sólo saber cuántos
son los incumplidores, pasar a identificarlos si lo
requiere y detallar el incumplimiento si en ese momento
lo necesita;
f)
empleo de técnicas de control por excepción
y control selectivo en los sistemas automatizados de
información. Por ejemplo, el Director del hospital,
el Presidente de la cadena hotelera o el Gerente General
de la unión industrial, al encender su computadora
en la mañana se encuentra con los cinco o diez
problemas principales que debe conocer para su gestión.
Haga
lectura activa
Por
mucho que filtre, siempre tendrá gran cantidad
de material para leer, pues aun hoy ese es el modo fundamental
de comunicación en el mundo administrativo y
técnico.
Aunque
usted no lo crea, hay muchos modos de leer y algunos
son muy poco efectivos. La cuestión no es tanto
leer rápido sino hacerlo con habilidad. Desarrolle
un método consciente de lectura donde usted sea
realmente el sujeto activo. Veamos algunas sugerencias:
-
Evite
manipular más de una vez un mismo papel.
Trate siempre, desde la primera lectura, de hacer
algo con él, ya sea tomar una decisión,
delegar la acción requerida, enviarlo para
un estudio o análisis, clasificarlo para
una acción concentrada posterior (llamadas
telefónicas por ejemplo), archivarlo o tirarlo
al cesto. Si lo lee, actúe.
-
Lea
con un propósito, ya sea porque trata de
hallar una respuesta, descubrir una intención,
encontrar unos datos o prepararse para algo. Esto
significa que no tiene que leerse siempre todo el
documento sino que debe orientarse por el índice,
el remitente o los títulos de los incisos,
que puede y debe saltarse palabras o párrafos
completos o que bastaría consultar el resumen.
-
Si
dispone de correo electrónico, utilice “vista
preliminar” de los mensajes antes de abrirlos
y utilice los marcadores de seguimiento para indicar
si requiere una acción posterior o una respuesta.
No se desgaste leyéndolo todo. Emplee técnicas
de filtrado para eliminar el correo no deseado.
-
Si
lee en papel, marque durante la lectura lo importante,
lo crítico, lo que implica compromiso, lo
que no entiende y quisiera comprender, lo sorprendente.
-
Cree
su propio código de marcas. Todo eso le da
un nuevo valor al documento ya sea una carta, un
informe, un libro o un artículo, y si alguna
vez tiene que volverlo a ver, las marcas dirigen
su lectura hacia lo fundamental.
Use
el propio documento
Haga
que el propio documento le evite hacer uno nuevo. Aproveche
el espacio libre para anotar su respuesta y devolverla
al remitente, para delegar la acción en otros,
para alertar la acción en otros, para alertar
a quien no le ha respondido que por favor lo haga, para
dar indicaciones a su secretaria. Sea bien concreto
en estas notas. Por ejemplo:
–
Recibió una carta proponiéndole las personas
que deben asistir a un próximo congreso de interés
de su organización. Una simple nota a mano al
pie de la carta: “Ernesto: tramita la salida de
estos compañeros”, ahorraría una
nueva carta y el manejo de nuevos documentos. Ganaría
tiempo también.
–
El Dr. Aldo Aurribiera, epidemiólogo de su hospital
que se encuentra haciendo una Maestría en Gerencia
en Salud, le envía una carta informándole
que quiere hacer su tesis sobre calidad de la asistencia
médica y le pide autorización para hacer
grupos focales, entrevistas y aplicar encuestas. Una
nota en la propia carta bastaría: “me parece
bien. haz un proyecto de actividades y me lo traes antes
de ejecutarlo”. Muy simple como se aprecia.
–
José Raigado no le ha contestado aún su
memo de hace 30 días. Una nota en una fotocopia
del propio memo podría decir algo por el estilo:
“Pepe, sigo esperando y casi desespero”.
Esto sustituye con ventajas la redacción, tecleado
e impresión de un nuevo memo.
Emplee
bloques
Use
la técnica de bloques para organizar la lectura
y análisis de la documentación y las informaciones.
Por ejemplo, si la correspondencia ya viene clasificada
(en función de importancia/urgencia, o usted
recibe resúmenes, es más fácil.
Si no, clasifíquela usted mismo rápidamente.
Separe los asuntos del tipo A (importantes y urgentes)
para su hora prima (aquélla en que tiene mejores
condiciones para trabajar), tírele un vistazo
a la categorizada como urgente para ver si es cierto,
y posponga el resto para algún bloque de lectura
"ligera" o por "arribita".
Separe
materiales como artículos, resúmenes técnicos,
informes o propuestas para su hora tranquila o para
esos minutos sueltos que aparecen durante los viajes,
las esperas ante la puerta de alguien o las reuniones
suspendidas. No descuide el empleo del cesto de papeles.
Dígalo,
no lo escriba
Uso
esta expresión en oposición a otra que
veía antes en todas las oficinas: "escríbalo,
no lo diga", y que debe ser uno de los más
fuertes antecedentes del burocratismo.
Según
Taylor, la gente escribe muchas veces "para salvar
el cuello", "recordar a otros que existe",
"impresionar a los demás", o "por
puro placer". Habría que añadir los
que lo hacen para evitar tener que decirlo directamente
en la cara del otro, para cumplir sin cumplir como cuando
habla de lo adelantado que van aunque no ha hecho nada,
o para crear "historia" con vistas a necesidades
futuras.
No
escriba por razones injustificadas y mucho menos si
puede resolverlo por teléfono, pues es más
rápido y además percibe inmediatamente
la reacción del destinatario.
En
muchos casos es imprescindible hacerlo, como cuando
se escribe a alguien sobre algo que requiere de aquel
una oportunidad propicia para analizar con tiempo el
asunto o cuando el destinatario necesita una constancia
oficial de su autorización o criterio. Si tiene
que hacerlo sea conciso, concreto, simple, directo.
En vez de escribir por ejemplo, "teniendo en cuenta
las circunstancias a favor y en contra y el balance
que hemos hecho, paso a proponerle", diga mejor:
"en conclusión le propongo".
Mejore
los sistemas
Estudie,
pida o proponga que se estudie el flujo de información
y de documentos en su entidad con vistas a su simplificación.
Muestre interés por la posible aplicación
de medidas como las siguientes:
Empleo
de titulares inteligentes. Tanto en los
memos, como en los mensajes por correo electrónico
y en las cartas, se acostumbra poner, antes del saludo,
el "asunto". La cuestión está
en que esto se ha convertido en una frase formal que
no aporta nada, por ejemplo:
- ASUNTO:
Estructura organizativa
- ASUNTO:
Mensaje de Alberto
- ASUNTO:
Respuesta de tu 12-01-03
Trate
de convertir el "Asunto" en una síntesis
del contenido de la carta o memo, tal como hacen los
periodistas con los llamados "leads" o titulares.
Esto puede hacerlo, incluso, en sus mensajes por correo
electrónico. De esta forma ahorra tiempo al lector
y al que le filtra la correspondencia si lo tiene. Veamos
un ejemplo:
-
ASUNTO:
Tu petición de modificación de estructura.
Salvo el departamento de encuesta, lo demás
está aprobado
-
ASUNTO:
Adjunto informe enero. Necesito tu opinión
-
ASUNTO:
Tu carta 12-01-03. No tenemos fondos
Otro
caso muy común es la costumbre de replicar los
correos electrónicos sin cambiar el mensaje original,
lo cual llega a desnaturalizar el contenido de los mensajes.
El titular inteligente puede servir para facilitar la
selección previa de la correspondencia, ir
más rápido a los asuntos de interés
y organizar los archivos electrónicos de correspondencia
en base a la propia síntesis que representa. Lo
mejor por supuesto es hacer de esto un concepto de trabajo
dentro de la organización.
Pocas
copias. Reducir al mínimo las copias
que se hacen de un mismo documento, pues además
de aumentar el flujo de papeles, multiplican la necesidad
de archivos y hacen subir los gastos. Emplee copias
viajeras y en general desestimule el uso indiscriminado
de la fotocopiadora para estos menesteres.
Indicación.
Un método muy útil es señalar en
las comunicaciones lo que se espera del que la recibe.
Una frase tan simple como: "PARA SU INFORMACIÓN"
indica al receptor que usted no espera respuesta. Evite
en general los "acuse de recibo".
Discrimine.
Influya para que en los sistemas de información
y control se envíe a cada cual solamente la cantidad
y calidad de información que requiere el cargo
que ocupa, el nivel jerárquico y el tipo de trabajo
que hace.
Resúmenes.
Fije una política consistente en que todo informe
o trabajo mayor de "n" páginas deba
venir acompañado con un resumen. Se debe establecer
el tamaño tope de dicho resumen y sus características,
para que efectivamente contenga en poco espacio la esencia
del asunto.
Automatice
sólo para mejorar
No
permita que las computadoras, el correo electrónico,
los sistemas en red, los faxes, y las fotocopiadoras
sirvan para incrementar las informaciones innecesarias
y el papeleo en vez de racionalizarlos. En el caso de
las primeras, le hacemos algunas sugerencias:
a)
Si tiene o está en posibilidades de instalar
una red, priorice dentro de ella el empleo de correo
electrónico para su correspondencia interna y
para la de salida. Entrene a su personal en el uso racional
de este medio, pues de ello dependerá un ahorro
sustancial en consumo de papel, utilización de
archivos y desplazamiento de personas dentro de la organización.
Tenga cuidado: en algunos lugares el correo electrónico
se ha convertido en el más fuerte instrumento
de distracción social de los empleados.
b)
Estimule a sus clientes y proveedores a utilizar el
correo electrónico en sus relaciones con su organización,
pero asegúrese el empleo de criterios de autenticación
y firmas electrónicas en el caso de documentos
oficiales.
c)
Si no puede instalar una red, consiga al menos automatizar
la entrada de correspondencia por el método de
titulares inteligentes. De esta forma los destinatarios
de gran volumen pueden determinar a partir de la simple
lectura de los resúmenes qué documentos
son los que desean leer, cuáles redireccionarán
a otras personas y de cuáles se van a desatender.
d)
Integre la confección de cartas y memos con la
incorporación automática de sus titulares
a una base de datos lo que permite racionalizar archivos,
obliga al uso de titulares inteligentes y permite un
trabajo más ágil en la Intranet y en general
en la red local.
e)
Emplee procesadores de textos, pues son capaces de reducir
sensiblemente el tiempo de tecleado y sus textos pueden
ser enviados directamente desde la computadora hacia
su destinatario vía correo electrónico,
fax, o por la propia red de la organización.
Ahora bien, asegúrese que el personal domina
toda el potencial de dichas aplicaciones.
f)
En el caso de las fotocopiadoras, es mejor concentrar
su empleo en todo lo que evite trabajo adicional y consumo
excesivo de tiempo. En vez de volverle a escribir a
alguien reclamando que no contestó, es mejor
hacer una fotocopia de la carta original y ponerle una
nota a mano: sigo esperando tu respuesta. En vez de
hacer una carta o un memo a Pérez diciéndole
que estamos de acuerdo con autorizar lo que pidió
en su carta, es más rápido y efectivo
fotocopiar dicha carta con una nota manuscrita nuestra
que diga: autorizado, y sigue su firma y fecha. La fotocopiadora
puede ser muy efectiva para posponer la lectura de sus
artículos favoritos para esos minutos sueltos
que aparecen durante los viajes. Otra sugerencia: si
su presupuesto lo permite, adquiera una fotocopiadora
con acceso por tarjeta y así podrá llevar
la contabilidad de cuánto gasta cada departamento
o persona.
g)
Si su organización tiene la posibilidad de crear
un sistema gerencial integrado, asegúrese que
el tipo de control informativo aplicado se limite a
lo que realmente el dirigente, profesional o empleado
necesita para su trabajo, llamar la atención
rápidamente sobre las zonas problemáticas,
reducir de forma notable las grandes cantidades de informaciones
y papel y hacer pre-diagnósticos tanto de qué
está sucediendo como de lo que se puede esperar
suceda.
Entrene
Cree
una cultura antipapeleo. Circule materiales sobre racionalización
y simplificación del trabajo administrativo,
técnicas de control por excepción y control
selectivo, técnicas de redacción de informes,
uso racional de los medios técnicos modernos,
etc. Debata estos materiales en colectivo. Organice
cursos y seminarios. Esté alerta siempre a las
transgresiones.
Busque
en usted mismo
Finalmente,
revise sus métodos de organización personal
del trabajo, no vaya a ser que el pecado original esté
ahí. Estudie cómo hace las cosas. Pida
críticas de sus colaboradores. Analice su método
para leer, su vocación para escribir, su filosofía
para archivar, su rapidez para procesar. Sea su crítico
principal.
Si
su amor por el papeleo es del tipo obsesivo, abandone
entonces sus preocupaciones por elevar su eficiencia
personal; está muy lejos de lograrlo.
[1]
R. Alec Mackenzie: Administración del tiempo
del ejecutivo, Editora Técnica, S.A. pag. 85.
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