“Ni
poco, ni demasiado; todo es cuestión de medida…”.
Alberto Cortez
Una
experiencia que me tocó vivir…
Un
grupo de gerentes que llevaba dos días haciendo un
outdoor pretende realizar un juego complejo.
La
primera reacción de uno de ellos fue decir: “Cuando
algo es imposible de realizar, lo mejor es reconocerlo”,
tratando de descomprimir el ambiente pesimista reinante en
el grupo.
Por
fin, alguien tomó la iniciativa y decide intentarlo;
es difícil, pero poco a poco lo van resolviendo. El
del comentario inicial, que se había quedado al margen,
se acerca y se pone a colaborar. Después de casi una
hora de trabajo el grupo culmina el ejercicio con éxito.
Al
final del día, el autor del comentario se acerca al
Facilitador, le da las gracias y le dice: aún estoy
digiriendo el juego.
En
esto consiste el verdadero aprendizaje actitudinal.
Outdoor:
más allá del divertimento
Las
empresas necesitan del compromiso de los empleados mediante
el uso de todas sus capacidades (tanto intelectuales como
emocionales), como elementos para la mejora de la competitividad.
El desarrollo de dichas capacidades y su uso situacional es
la esencia de la metodología Outdoor Training.
El
necesario alineamiento entre objetivos de negocio y la práctica
de competencias a través de comportamientos que desemboquen
en desempeños de alto rendimiento es clave para el
desarrollo de cualquier organización. En una economía
basada en los servicios, esa mejora depende en buena medida
de las actitudes.
Mediante
la capacitación tradicional se busca “algo que
se pueda poner en práctica rápidamente”.
Herramientas para conseguir mejoras en comportamientos con
impacto en resultados. Pero sucede que en muchos casos no
hay herramientas; hay diferentes actitudes o predisposiciones
que influyen positiva o negativamente en los ámbitos
del trabajo, y en ese contexto no podemos olvidar de lograr
nuestros objetivos de negocio.
El
modo tradicional de aprendizaje se da a través del
INTELECTO, aplicando un método deductivo. De alguna
manera alguien explica, otros atienden. Entendemos que el
mundo es coherente, entendible y predecible (lógico,
sistemático). El ejemplo concreto son las matemáticas;
aun así, en algún momento se parte de la experiencia,
de algunas verdades evidentes, como por ejemplo que por un
punto exterior a una recta sólo pasa una paralela;
partimos de evidencias experimentadas.
Hay
otros temas, en cambio, para los que con la INTELIGENCIA no
es suficiente. El alumno lee en un libro de química:
“Sodio + agua = hidróxido, lo que genera una
reacción exotérmica” (INTELECTO). Ya en
el aula, su profesor le pide que él prepare la fórmula
(FISICO); seguramente sentirá temor, ansiedad, incertidumbre
(EMOCIONES). Sin embargo, se produce un aprendizaje mucho
más profundo y que tiene que ver con lo vivido; se
reforzó el aprendizaje con la experiencia.
Dando
un paso más, podríamos hablar de la cocina:
se aprende a base de prueba y error, no hay dos experiencias
iguales.
Los
gustos dependen de la cultura, de la edad, de las experiencias
anteriores, y la cantidad de variables y posibles combinaciones
podría decirse que son infinitas; los mismos platos
no salen dos veces iguales.
Sería
imposible enseñar a cocinar con un libro de recetas,
sólo con la inteligencia. Alguien podría hacer
un plato siguiendo paso a paso la receta y que el producto
final sea incomible.
Porque
cocinar implica mucho más que seguir unas indicaciones;
supone perder el miedo a los cuchillos, aprender a controlar
y ajustar tiempos, manejar procesos paralelos, acostumbrarse/saber
trabajar con la falta de precisión (una pizca de sal,
fuego lento, cuando esté cocido, etc.). Estamos en
el ámbito de la inteligencia práctica, poder
concretar las cosas.
El
ser humano tiene más variables que la cocina. No hay
dos iguales, desde nuestros genes a nuestra cultura, las circunstancias
personales, etc. El hombre aprendiente es la “herramienta
de trabajo” más importante de la Nueva Economía,
pero el hombre es la “herramienta” más
difícil de usar, viene sin manual de instrucciones
y no hay ninguna teoría que explique cómo funciona
de modo suficientemente satisfactorio y que se aplique sin
error.
Maquiavelo
decía:
“Las
comedias se escriben para instrucción y deleite de
los espectadores. Resulta verdaderamente instructivo para
cualquier hombre, y muy especialmente para los mas jóvenes,
conocer la avaricia de un viejo, la exaltación de
un enamorado, los engaños de un criado, la glotonería
de un parásito, la miseria de un pobre, la ambición
de un rico, las zalamerías de una meretriz, la escasa
fe de los hombres”.
Trasponiendo
el párrafo anterior al mundo de la empresa, podríamos
hablar de la exaltación de un joven profesional, la
avaricia de ciertos gerentes, las ambiciones políticas
en la empresa de aquellos que ya están mas allá
del dinero... el adulador del jefe, el protegido, etc., o
la amplitud de miras de un líder, el entusiasmo y la
capacidad de un equipo motivado...
Es
necesario aprender cómo funciona la naturaleza humana.
¿Cómo hacerlo? Es complejo.
Un
sistema sería la reflexión sobre las propias
experiencias en el mundo laboral. Este camino es el más
rico y, a la vez, a veces es lento y doloroso. Otro camino
es la transmisión de las experiencias de otros, por
ejemplo a través del estudio de casos, y una tercera
vía es el desarrollo y fortalecimiento de actitudes,
a través de la experiencia.
Esa
es la esencia de la metodología Outdoor Training: aprendizaje
vivencial a través de juegos al aire libre.
Juegos...
¿por qué juegos?
La
organización, en este caso la empresa, es un complejo
sistema socio-técnico de relaciones y circuitos muchas
veces tóxicos, en los cuales, o mejor dicho pese a
los cuales, debemos lograr resultados.
Precisamente
para y pese a ello, las personas, evaluadas por la forma a
través de la cual obtienen objetivos, deben estructurarse
y organizarse asegurando unos mínimos de motivación.
Todas
estas condiciones las cumple un juego, con la ventaja sobre
la realidad laboral que facilita el comportamiento natural,
pues no hay consecuencias más allá del propio
juego y, por lo tanto, un análisis objetivo de los
comportamientos.
El
aire libre también facilita la concentración,
los juegos captan la atención de los participantes
y el comportamiento espontáneo se fomenta con el acercamiento
a la naturaleza.
Una
condición necesaria para que se produzca el aprendizaje
es que los juegos sean tomados en serio por los participantes.
Es decir, poner todas las energías, emociones y cabeza
en la resolución de los desafíos. Esto se facilita
por el interés de los juegos en sí mismos. Se
diferencia de un role playing o del teatro en que uno juega
su propio papel, no tiene que actuar, y por lo tanto todos
pueden hacerlo bien, nadie se siente incómodo.
Más
allá de los juegos que se utilicen, toda agenda de
Outdoor deberá estructurarse de manera tal que se trabaje
con:
El
cuerpo: son actividades físicas de bajo
riesgo.
El
Intelecto: cada actividad tiene un sentido de aprendizaje,
uno o varios conceptos, que se analizan al final de cada
juego.
Las
Emociones: en los juegos, como en el trabajo, aparecen
la alegría, la frustración, el miedo, el sentimiento
de unión, la incomunicación, el desconcierto,
etc., sobre los que también se reflexionará,
a veces en público y muchas veces en sesiones individuales
con el Facilitador.
A
través del juego experimentamos y vivenciamos actitudes
y procesos similares a los del trabajo diario, se pide el
esfuerzo a los participantes de trabajar con la analogía.
Los elementos básicos que se trabajan son:
Comunicación
Confianza
Planificación
El uso de recursos
La motivación
El liderazgo
La coordinación
La creatividad
El fracaso
El proceso de toma de decisiones
La celebración
Mediante
la metodología Outdoor Training, estos “temas”
aparecen de modo integrado y no diseccionados como suelen
aparecer al estudiarse en el aula. Al aparecer integrados
también se facilita el aprendizaje, pues le da coherencia
a los conceptos.
El
rol del Facilitador
En
una actividad de este tipo, los participantes necesitan de
alguien que les ofrezca la seguridad de que al final del día
no se vayan con la sensación de haber ido a “jugar”,
o a “comerse un regio asado”, sino que esos retos
físicos a los que fueron sometidos poseen un significado
y un sedimento reflexivo sobre problemáticas actitudinales
que a ellos, como equipo, los aqueja.
Sacamos
a las personas de su espacio de comodidad/seguridad. Les quitamos
el uniforme, planteamos retos diferentes de los habituales,
en compañía de personas a las que tal vez no
conocen. Por lo tanto, el Facilitador debe generar un ambiente
de tranquilidad, seguridad y espíritu positivo.
Una
actividad de este tipo debe garantizar, sobre todo, que la
audiencia se comporte con naturalidad y tenga la confianza
suficiente como para exponerse a sí misma a lo largo
del resto de las actividades. Esta es una de las claves.
La
segunda clave es comprender que el Facilitador no es el protagonista
de la actividad. El aprendizaje se logra por inducción,
se trabaja a partir de lo que realmente sucedió en
el juego elaborado, conceptualizado y analizado por los propios
participantes y no “forzando” analogías
o situaciones con tal de parecerse a la realidad del trabajo.
Esto constituye un error muy habitual en ciertos Facilitadores
que me toca observar, y la gente lo percibe rápidamente.
En
la medida en que la reflexión posterior sea de los
participantes, son ellos mismos los que se dicen cosas/ideas
a sí mismos y no el Facilitador. Esto promueve exponencialmente
el proceso de aprendizaje.
Por
otro lado, el Facilitador debe ser siempre el punto de referencia.
Tiene que estar en disposición de intervenir, opinar
en cualquier momento, pues los grupos se lo van a pedir en
muchos casos, pero sin olvidar que los protagonistas de la
actividad son los participantes.
Jamás
debe ser visto como un “payaso” o “el que
hace los jueguitos” (he escuchado estos rótulos
en muchas empresas donde la experiencia no resultó
buena).
La
seguridad
La
seguridad es algo esencial en este tipo de actividades y nunca
es suficiente.
Personalmente,
jamás tuve un accidente facilitando o co-facilitando
Outdoors, pero este tipo de actividad puede fracasar en un
determinado momento por una desagradable torcedura de tobillo.
Se
recomienda que el consultor haga completar con debida anticipación
a todos quienes participarán de la actividad, una ficha
médica, con datos básicos (sexo, peso, altura,
edad, etc.) y fundamentalmente, saber si hay participantes
con algún tipo de molestia o malestar físico,
que le impedirá ya sea participar de la actividad,
o bien generar molestias durante su desarrollo.
Por
parte de la empresa contratante, comunicar a la ART (Aseguradora
de Riesgos del Trabajo), consignar el tipo de actividad y
agenda prevista.
A
su vez el Facilitador, durante la apertura de la sesión,
deberá transmitir claramente la importancia de que
cada participante se despoje de cadenitas, relojes y otros
elementos que podrían causar daños a terceros.
El
Facilitador debe cuidar especialmente las condiciones de seguridad
de un ejercicio. Ser muy exigente con ellas, hasta el punto
de parar un juego porque el equipo no lo toma en serio, está
corriendo riesgos innecesarios o no está lo debidamente
concentrado. Esto aumentará su liderazgo de la actividad,
le dará seriedad y nuevamente facilitará el
aprendizaje.
Mis
experiencias facilitando Outdoors
Más
allá de las jerarquías de quienes los componían,
si tuviera que hacer una “clasificación”
de los grupos con los que me tocó trabajar, bien podría
ser esta:
–
Grupos bulliciosos, difícilmente “controlables”,
grupos de alguna empresa en la que todo está pautado/previsto,
nada fuera de los manuales, a los que al plantearles una
actividad que requiere esfuerzo, sobre la que no hay seguridad
del éxito, se comportan de un modo desagradable,
ponen en duda la consigna, critican la instalación,
etc. No toleran el fracaso.
–
Grupos individualistas: todos miran y no acude nadie a ayudar,
no intentan una tarea que implica un alto grado de coordinación
(negando la posibilidad de hacerlo, por el diseño
o cualquier otra excusa...).
–
Grupos que no son capaces de seguir una consigna (por ejemplo
de apagar un celular, o quitarse un reloj...).
–
Grupos racionales, todo lo miden, lo ponen a prueba y lo
desmenuzan a veces en exceso. Se toman más tiempo,
pero en general, resuelven los ejercicios de manera efectiva.
En
la mayoría de los grupos las experiencias son muy positivas.
Comparto algunos comentarios de los participantes del último
Outdoor que nos tocó facilitar recientemente:
- “
Si hay un objetivo, se puede lograr, no importa que seas
amigo o no del otro”.
- “Aprendí
que como equipo podemos hacer cualquier cosa”.
- “Hoy
fue el primer día que trabajamos como equipo, se
nos propusieron objetivos y los logramos”.
- “El
taller llenó mis expectativas. Se demostró
que trabajar en equipo sirve. Espero que a partir de hoy
se pueda lograr”.
- “Nos
va a servir. Ojalá que lo podamos aplicar”.
- “Expectativas
cumplidas. Nos aceptamos. Se puede, en la medida que tengamos
un objetivo”.
- “Pudimos
ver que somos parte de un equipo de trabajo. Hoy tiene que
ser el punto de partida para entender que somos la misma
empresa. El trabajo en equipo es para nosotros, desde hoy,
un objetivo diario”.
- “Mucho
de lo que vimos lo podemos aplicar a partir de mañana”.
- “Nunca
se notó la diferencia entre los dos equipos que somos”.
- “Experiencia
aplicable no sólo al trabajo, también a la
vida”.
- “Me
voy muy contento. Todo se puede poner en práctica”.
- “Hoy
rompimos, al menos yo, muchos prejuicios y supuestos que
tenía”.
- “Consiguieron
que entendiera lo importante que son los demás para
cumplir mis metas, se lo dice un individualista”.
¿Cuál
es el mensaje final? “Coopere adentro para competir
afuera”. Este es un mensaje que debe darse sin ingenuidad,
para eso el Facilitador debe tener suficiente experiencia
en empresas, ya sea como consultor, instructor o haber trabajado
“en la línea” y tener los pies sobre la
tierra, para no forzar un mensaje que puede percibirse como
muy ingenuo, “light” o “demasiado espiritual”
para ciertas culturas de empresa.
Si
por formación profesional no proviene del mundo del
“management” (conozco brillantes facilitadores
de Outdoors que son actores, coreógrafos o músicos),
es conveniente que forme equipo con alguien que brinde la
visión “de negocio” a la actividad, y viceversa.
De
usos y abusos del Outdoor:
Recomiendo
especialmente la metodología Outdoor, como parte de
un proceso integral de desarrollo más amplio, en el
que se le dan un fuerte refuerzo a las “herramientas”
explicadas en el aula, nunca como evento aislado, ya que está
demostrado que no genera sostenibilidad en la práctica
de las actitudes y resulta inocuo.
Asimismo,
en el marco de procesos de cambio cultural, fusiones, necesidad
de integrar estructuras, etc.
Vale
recordar que el Outdoor no es un “producto” en
sí mismo, sino una metodología adicional de
soporte, como otras tantas, orientadas al desarrollo profesional.
Un
error de muchos proveedores (y compradores) de capacitación
fue precisamente elevarlo a la categoría de producto,
creyendo que con una aplicación todo cambiaría,
cuando en realidad –insisto-, es una metodología
de aprendizaje que debe ser administrada en el marco de un
proceso mayor de desarrollo tanto actitudinal como aptitudinal.
Por
diversos motivos culturales, cognitivos y fundamentalmente
por situación de negocio, no siempre es el momento
de hacer un Outdoor. Conozco empresas en las que la palabra
prefiere no escucharse, ya que se abusó de su práctica,
sin generar cambios ni impacto en el cuadro de resultados.
En
tal sentido será de gran valor agregado el aporte del
Consultor, quien deberá aconsejar sobre la conveniencia
o no de su realización. A veces el cliente cree que
con este tipo de actividad, exclusivamente, se solucionarán
todos sus problemas, sin ver que el problema generalmente
es más profundo y es por otro lado por donde debería
empezarse.
Como
en todo, lo importante es la coherencia del mensaje a transmitir
en la actividad, con el mensaje organizacional, de modo especial
en este tipo de actividades que son muy actitudinales y en
las que estamos pidiendo a las personas lo mejor de sí
mismas para el beneficio del conjunto.
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