¿Se
hubiera hundido el Titanic si el marinero que avistó
el iceberg hubiera estado “empoderado”? La respuesta
es, depende.
Aproximadamente
el 70% de los directivos en las empresas tiene un estilo de
liderazgo reactivo. ¿Qué quiere decir esta afirmación?
Fundamentalmente que sus pensamientos, palabras y acciones
están condicionados por sus miedos, por sus egos o
por ambos. La reacción inmediata que esta afirmación
puede desencadenar en muchas personas que trabajan para esos
directivos (o líderes, según la perspectiva
que adoptemos) es “pues que los cambien”. Lo que
pasa es que esta reacción (aproximadamente en un 70%
de los casos) también viene condicionada por los miedos
y los egos de los “seguidores”. Además,
si cambiamos a ese directivo, la probabilidad de que venga
un directivo con estilo reactivo es del 70%. O sea que seguiríamos
donde estamos.
No
es que no seamos conscientes de la necesidad de cambiar esta
situación. De hecho, desde las empresas se lleva algo
más de una década “intentando” desarrollar
el liderazgo en las organizaciones. Sin embargo seguimos prácticamente
igual que hace diez años en muchos sentidos, al menos
en la mayoría de las organizaciones. Quiero compartir
mi perspectiva sobre esta situación, como invitación
a conversar y generar nuevo conocimiento.
Lo
que resiste, persiste
Existen
dos razones que han limitado el impacto (o retorno de la inversión)
de todos los esfuerzos en el desarrollo del liderazgo:
1. No se ha abordado a fondo la dimensión interna
del cambio. El cambio necesario en ese 70% de directivos
o líderes (y seguidores) es en la dimensión
interna, en su auto-conocimiento. Tradicionalmente los enfoques
en el desarrollo del liderazgo se han centrado en habilidades
y competencias de liderazgo. Muy poco, casi nada o nada se
ha hecho para tomar conciencia de esos miedos y de esos egos
que tanto condicionan la forma en que se mira la realidad
(antes, durante y después de tomar decisiones y activarlas).
2. El 80% de la inversión se ha orientado a
desarrollar a los comités de dirección.
El enfoque en el desarrollo del liderazgo se ha centrado en
los comités de dirección, en la cúspide
de las jerarquías. Posiblemente podríamos aceptar
que el 80% de la inversión (al menos) en el desarrollo
del liderazgo se ha practicado en los cuadros directivos.
Ello tiene sentido desde el punto de vista del liderazgo 1.0
y 2.0, pero muy poco desde la perspectiva del 3.0. Cuando
analizamos una organización con herramientas de social
mapping, podemos ver cómo el factor “influencia”
(inspiración) en la actualidad no viene de arriba hacia
abajo, sino que se comporta en red. Como ya comenté
en un artículo anterior (“Análisis de
la Red de Liderazgo”), la empresa es una red social,
que se puede mapear y en la que determinadas personas (sin
poder oficial) actúan como “influyentes”.
Ese es el 20% que determina el auténtico 80% que necesitamos
enfocar para la transformación en las organizaciones.
Paretto no estaba equivocado, se trata de escoger adecuadamente
la variable.
Como
consecuencia de todo ello, las empresas en general son muy
poco ágiles para afrontar la complejidad del entorno
y adaptarse y readaptarse de forma sólida y rápida
a los cambios externos.
Tres
estrategias 3.0 para el desarrollo de las organizaciones
El
liderazgo está evolucionando también para adaptarse
a esta mayor complejidad. Ya no es suficiente con un liderazgo
fuerte en la cúspide. Ahora más que nunca el
liderazgo es compartido y distribuido en toda la organización.
Este es el Liderazgo 3.0, el auténtico, un liderazgo
en red. Con este contexto que rodea a la organización
3.0 proponemos tres estrategias radicales de innovación
en el desarrollo del liderazgo en las organizaciones para
permitir que afronten con éxito los cambios acelerados
del entorno:
1. Liberación del talento. Se habla mucho
de atraer y retener el talento. La primera afirmación
nos dice que no tenemos el talento que hace falta. La segunda
que el talento es escaso y que tenemos miedo a perderlo (gestión
desde el miedo). Alternativamente podemos ver en todas y cada
una de las personas de la organización una persona
con talento que, convertido en fortaleza, pueda contribuir.
En todo caso, enfocando el proceso desde la dimensión
interna del cambio, ayudando a la persona a identificar su
mapa interno, sus creencias limitantes y sus miedos, podremos
mejorar el “sistema operativo” de la organización,
tanto individual como colectivo.
2. Fomentar el uso de procesos y dinámicas
participativas. Hace poco leía como en una
empresa que estaba en situación crítica, el
director general se atrevió a probar algo nuevo, un
evento de open space con la participación
voluntaria de todos aquellos que quisieran. Como resultado
de aquel proceso, la empresa salió adelante. No se
trata de pedir opinión a las personas, sino de hacerlas
partícipes de los procesos estratégicos y de
liderazgo. Se trata de acceder a la inteligencia colectiva
y al liderazgo auténtico. Algunas metodologías
participativas: open space technology, appreciative
inquiry, deep democracy process, world caffe,
círculo de diálogo.
3. Buscar la nueva masa crítica de la empresa.
Es decir, el 20% de las personas de la red social que es la
empresa, que tienen el 80% de la influencia en los procesos
de negocio y su realización. Una vez que las tenemos
identificadas (a través del leadership network
analysis, organizational network analysis u
otras herramientas), invertimos el 80% de los esfuerzos y
recursos para el desarrollo del liderazgo en esas personas.
Está
surgiendo una nueva perspectiva en las empresas y es que los
Recursos Humanos se proyectan como Relaciones Humanas. Es
una aproximación sistémica que requiere innovación
radical. |