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Transformando
la estructura
Al
instrumentar una estrategia de migración de estructura,
los miembros del cuerpo gerencial deben observar ambas estructuras,
la formal –la que existe en el papel– y la informal
–la que opera en la práctica–, por tres
razones básicas: en primer lugar, la estructura actual
de la empresa puede ayudar o, más frecuentemente, obstaculizar
un cambio efectivo hacia otro planteamiento nuevo. En segundo
lugar, su ejecución demanda la asignación de
tareas a los distintos niveles de la organización y
al personal de la misma. Así por ejemplo, una estrategia
de cambio radical suele estar encabezada por la alta dirección,
mientras que los cambios rutinarios en la estructura pueden
quedar a cargo de los mandos intermedios. En tercer lugar,
y no menos importante, la organización informal puede
convertirse en una herramienta valiosa que facilite una ejecución
exitosa, ya que puede emplearse la red informal de comunicación
para estimular la rápida implementación de la
nueva estructura.
La
estructura formal puede presentar diversas clasificaciones,
desde las estructuras burocráticas hasta las meritocráticas,
con diferentes grados de formalidad. Nuestra intención
en el presente documento es la de avocarnos únicamente
a las de índole matricial (transversal), estructuras
que pueden ser empleadas para la implementación de
estrategias de aumento de la efectividad en las cadenas de
valor, tanto en la industria como en los servicios.
La
Estructura matricial (transversal)
El
origen de la estructura matricial está ligado a las
organizaciones de proyectos. Las mismas poseen un doble flujo
de autoridad (vertical desde el punto de vista jerárquico
y horizontal desde el punto de vista técnico o de proyecto).
Este tipo de estructura es conformado mediante la formación
de equipos con integrantes de varias áreas de la organización
para llevar a cabo un proyecto, dejando de existir con la
conclusión del mismo.
No
obstante su origen, este tipo de arreglo estructural comienza
a ser cada día más frecuente de manera definitiva
en muchas organizaciones, básicamente como producto
del reconocimiento de la necesidad de asegurar la satisfacción
del cliente o mercado, quien típicamente se ubica en
el extremo de la cadena de valor (value chain).
Este
enfoque tiene las siguientes ventajas principales:
- Permite
reunir a varios expertos en un equipo, lo cual asegura la
pluralidad de enfoques en la solución de problemas.
- Su
uso demanda y aporta una mayor flexibilidad de la organización,
por lo que es más fácil conseguir la satisfacción
del mercado en un ámbito cambiante.
- Permite
asignar los recursos a los proyectos de mayor importancia
desde el punto de vista estratégico, rompiendo con
el presupuesto por “centros de costo” o por
área. De esta forma el recurso más importante
se coloca donde está la oportunidad más redituable.
- Ayuda
a mitigar los conflictos entre los objetivos generados por
las distintas áreas funcionales de la organización.
Si bien la transversalidad aumenta la conflictividad por
requerirse de enfoques plurales, su instrumentación
rompe con los cotos de poder y las visiones de experto,
causas frecuentes de conflicto en las organizaciones actuales.
- Los
miembros tienden a motivarse más, pues están
más conscientes y cercanos a la satisfacción
del usuario final.
- Sirve
para el desarrollo gerencial “in house”, pues
demanda que cada manager actúe poniendo en juego
sus habilidades de influencia y no solamente su dominio
técnico o la jerarquía del puesto.
- Contribuye
a aumentar la implicación y el compromiso de los
integrantes de los equipos. Esto último no ocurre
de forma automática pero, con un tratamiento especializado,
los integrantes de cada proceso adoptan un compromiso con
el logro de un producto completo y no solamente con una
parte de este.
- Evita
la esclerosis y la rigidez organizacional de los equipos
gerenciales y de sus integrantes, pues la movilidad que
demanda es muy superior a la requerida por una estructura
funcional (vertical).
Aun
cuando los beneficios del funcionamiento de un planteamiento
estructural transverso o matricial son muchos y más
que palpables, a menudo no se consideran las implicaciones
de operar bajo un enfoque de este tipo. Entre las más
importantes podemos citar:
- El
doble flujo del proceso (la especialidad y el usuario),
así como de autoridad, en ocasiones origina conflictos,
especialmente si no se dedica atención a la clarificación
de los roles, así como de los vínculos de
colaboración entre especialidades y usuarios.
- De
manera semejante, el enfoque orientado a proceso y no a
función, demanda un replanteamiento sobre los entregables
(outcomes) en cada posición. De no hacerse esto,
es bastante común que la gente tienda a seguir los
patrones de actuación (y de comportamiento) que se
tenían por válidos en el planteamiento por
función (vertical).
- La
estructura funcional (vertical) se sustenta primordialmente
en las destrezas técnicas y en el uso de la autoridad;
la estructura matricial o enfocada a procesos ( y por ende,
transversal) apoya su efectividad en la colaboración
y en el uso de la influencia. Si se desea realizar una migración
hacia un arreglo matricial, se deben desarrollar las habilidades
para la colaboración (trabajo en equipo, manejo de
conflictos, manejo de la diversidad, etc.), así como
las que hacen posible la influencia.
- Mientras
que en las estructuras por función la coordinación
entre equipos es extraordinaria o irregular, bajo el arreglo
matricial los procesos de comunicación y sincronización
de esfuerzos tienen que operar intensivamente y de forma
exponencial, dirigiéndose en todas direcciones y
entrelazando muchas operaciones simultáneamente.
¿Como
impulsar el cambio
de una estructura funcional a una matricial?
Es
evidente que un cambio en esta dirección puede ofrecer
múltiples beneficios para una organización.
Sin embargo, a la luz de sus implicaciones no parece una misión
sencilla y, a menudo, algunos gerentes llegan a tener la impresión
de que una búsqueda en este sentido puede traducirse
en un sinsentido o en un afán interesante pero utópico.
El
proceso de migración de un estado al otro entraña,
más que un esfuerzo de cambio, uno de transformación,
pues por principio es necesario desafiar y desmantelar los
paradigmas que le dan sustento a su funcionamiento. Entrar
en el territorio de la transformación implica comprender
los elementos sustantivos que requerirán modificarse
a fin de dar paso a la nueva estructura, y éstos comúnmente
los podemos resumir en tres grandes conjuntos, diferenciados
pero muy relacionados entre sí: la cultura organizacional,
las capacidades individuales y los sistemas de trabajo y gestión.
Si
bien estos son conjuntos de elementos que tienen una fuerte
vinculación entre sí, cada uno, a su vez, requiere
un tratamiento diferenciado, en la inteligencia de que por
esta condición de vinculación, las acciones
de transformación en cada uno deben ser congruentes
y complementarias.
Existen
en la bibliografía muy diversos enfoques de transformación,
los cuales han rendido muy diferentes grados de beneficio.
Más que proponer una única fórmula, pensamos
que un proceso de transformación debe contemplar acciones
contundentes y congruentes en materia de cultura, capacidades
y sistemas, de acuerdo con una secuencia lógica que
favorezca una correcta integración de las partes.
En
la práctica hemos podido comprobar que un proceso de
transformación de este tipo tiene cuatro episodios
o fases que conducen del estado de la estructura funcional
a la matricial, los que identificamos con los siguientes rubros:
- Alineación
- Integración
- Sincronización
- Colaboración
A
continuación se hace una breve descripción de
cada fase.
El
punto de partida: la Alineación
¿Por
qué algunos enfoques de trabajo han sido muy exitosos
en algunos casos e impalpables, cuando no decepcionantes,
en otros? Por supuesto que para responder a esta cuestión
podríamos enlistar muchos posibles factores, entre
los que figuran desde el liderazgo de la cabeza, hasta el
manejo de la “curva de aprendizaje”. Pero cualesquiera
que fueran las variables de este tipo que hayan intervenido,
lo que figura como un factor determinante es algo mucho más
sutil y por lo tanto más complicado de descifrar: lo
que es decisivo en el éxito o fracaso de una iniciativa
de transformación es el grado en el que todos los elementos
que intervienen en ésta –estrategias, enfoque
de dirección y organización del esfuerzo–
son congruentes entre sí. Cuanto mayor es la congruencia,
mayor será la probabilidad de éxito del proceso.
Desde
esta perspectiva la “alineación” implica
el aseguramiento de la congruencia de las estrategias con
las estructuras y, todo ello, con el enfoque de dirección.
Un principio de transformación en este sentido reza:
“la estrategia más efectiva para modificar la
estructura es la que se parece a la organización y
a sus líderes”.
Algunos
teóricos en el pasado (Chandler, 1962; Thain, 1969;
Wrigley, 1970; Stop Ford y Wells, 1972;, Scott, 1973 y Cannon,
Franko, 1974, entre otros) han propuesto que “la estructura
sigue a la estrategia”, en directa alusión al
hecho de que estos dos elementos no pueden ser tratados con
diferentes medidas que los hagan incompatibles (incongruentes).
Incluso ya desde entonces se observa que el paso de una estructura
organizacional a otra no puede ser instantáneo, así
como la estructura no es el único factor que influye
en la estrategia (Menguzzatto, 1994). Además, debe
tenerse en cuenta el entorno en el que coexiste la organización,
es decir su cultura y dirección.
La
fase de alineación, por su naturaleza, tiene un marcado
acento estratégico, en la que se establece con profundidad
y rigor el tipo de transformaciones que son necesarias en
la cultura organizativa, en los sistemas de trabajo y de información,
así como en las estrategias típicas del negocio.
Esta es la fase que por el perfil práctico de muchas
empresas, se tiende a subestimar por considerarla una pérdida
de tiempo, ya que después de todo “ya sabemos
por lo que vamos”. Se tiende a pensar que el deseo por
arribar a un nuevo arreglo estructural es ya de por sí
un esfuerzo estratégico. Las consecuencias de no invertirle
tiempo se dejan sentir cuando, al paso del tiempo y de la
implementación del proceso, surgen obstáculos
e inconvenientes cuya probabilidad nunca se contempló.
La
fase de integración
Entrar
a una operación bajo una estructura matricial supone
un cambio drástico y en ocasiones violento. Sin embargo,
la gradualidad no siempre es posible. Desde esta óptica
la fase de integración consiste en la armonización
del nuevo arreglo estructural, clarificando las nuevas interfaces
de actuación, la modalidad de los sistemas de trabajo
bajo este enfoque, los originales estándares de desempeño
y los indicadores de efectividad en el nuevo enfoque. Consiste
de tejer las nuevas relaciones estructurales e interpersonales,
pero no en el papel, sino en la conciencia de las personas,
dando paso a una visión de valor agregado claramente
diferenciada y con la que la gente se comprometa.
Este
es un trabajo que debe realizarse desde la cúspide,
iniciando con el management y aterrizando después con
el personal de la operación. En este particular hay
quienes opinan que asegurar la integración en el nivel
de mando –típicamente entre el 12 al 25% de la
nómina– impacta en el 75% de los efectos de la
transformación, por lo que llevarla a la operación
podría hasta llegar a tener un efecto inercial.
Esta
fase no siempre tiene el mismo efecto entusiasta de la alineación,
por lo que es bastante predecible que se manifestará
una importante resistencia al cambio. Interpretándola
objetivamente y dándole un manejo profesional, esta
no debiera ser un obstáculo para la transformación.
Pasarla por alto o darle un manejo superficial seguramente
se traducirá en un esfuerzo fracasado.
En
un reciente estudio, la consultora Arthur Andersen (1998)
concluyó que en un número elevado de empresas
que iniciaron un proceso de cambio de este tipo o similar,
las principales causas de fracaso o de resultados incompletos
e insatisfactorios, fueron las siguientes:
| FACTOR |
% |
| Resistencia
al cambio |
60 |
| Limitaciones
de los sistemas en uso |
42 |
| Falta
de compromiso de los ejecutivos |
39 |
| Falta
de un sponsor de nivel ejecutivo |
37 |
| Expectativas
no realistas |
35 |
| Falta
de equipo interfuncional |
33 |
| Equipo
y habilidades inadecuados |
31 |
| Falta
de involucramiento del peresonal |
19 |
| Alcance
del proyecto demasiado limitado |
17 |
El
momento de la verdad: la sincronización
En
lenguaje de la ingeniería, la fase de sincronización
equivale a “la puesta a punto” de los procesos,
sus habitantes y su funcionamiento. Un recurso estratégico
en este tenor corresponde a la planeación gerencial
y operacional; más aún sin planes gerenciales
y operacionales sincronizados, la nueva operación se
tornaría atropellada y torpe.
Esta
es la fase del conflicto y la negociación por definición.
Si la organización se ha preparado desarrollando estas
y otras habilidades, se puede esperar que “habrá
ruido, muchísimo ruido, pero no traumas operacionales”.
Una cultura de transversalidad es una puerta abierta al conflicto
y la diversidad, por lo que atravesar esta etapa con éxito
puede ser, a menudo, una evidencia de “madurez”
organizacional.
El
elemento decisivo en la sincronización es que “no
hay ya vuelta atrás”, o mejor dicho, que no haya
la oportunidad de hacerlo. Por naturaleza cultural, toda persona
tendería a actuar bajo el patrón que hasta hoy
fue exitoso, por lo que es preciso estar atento de la sujeción
a la nueva forma de operar. El rol de la gerencia en esta
parte debe ser mixto, asegurando el apego de los acuerdos
en la fase anterior, por un lado y, por el otro, manejando
la participación para permitir la libre expresión
de los problemas que se presentan en la implementación.
Aun cuando en esta fase el elemento ”plan” es
de una enorme importancia, la gerencia debe ser sensible y
suficientemente flexible para permitir ajustes a los objetivos,
las estrategias y acciones acordadas.
La
práctica de la colaboración
En
el lenguaje organizacional actual, el término “colaboración”
tiene un nuevo significado, que va más allá
de la simple voluntad para ayudar a los demás; ya no
es un atributo basado en las actitudes personales y culturales,
sino un rasgo que matiza los elementos humanos e infraestructurales.
La colaboración es la finalidad de los sistemas de
gestión e información gerencial, así
como el distintivo de los esquemas de apreciación y
estímulo. Colaborar en términos de este enfoque
de transformación, implica una elaborada red de condiciones
culturales, individuales e infraestructurales, que orientan
toda decisión en materia organizacional. Cualquier
nueva práctica de trabajo deberá ser adoptada
en función de su contribución a la colaboración
transversal, y descartada con firmeza si pone en peligro el
funcionamiento matricial, por medio de enfoques lineales y
basados en la efectividad parcial.
Aun
cuando a estas alturas del proceso las antiguas prácticas
han quedado en el pasado, un gerente con mentalidad proactiva
valora el uso del refuerzo de comportamientos y rasgos culturales
de transversalidad. La administración de competencias
organizacionales, gerenciales y operacionales en este punto
debe asumir un nuevo cariz. Incluso las relaciones laborales
de esta fase frecuentemente reclaman nuevas prácticas
basadas en la flexibilidad y la satisfacción de los
estándares del usuario.
Es
posible que cuando la organización ha atravesado exitosamente
estos cuatro estadios, ya haya comenzado a recoger los beneficios
de la nueva estructura, pero, por interesantes que puedan
ser éstos, no debieran ser considerados una meta en
sí mismos. No es extraño que entre la segunda
y tercera fase se dé una importante optimización
del headcount, como resultado de la nueva integración
de los procesos, pero antes de eliminar definitivamente el
personal sobrante, el gerente de mentalidad matricial (exponencial)
debiera resolver qué decisión en torno a este
personal agregará una mayor competitividad a la organización.
Algunos managers tienden a caer en la tentación de
mirar los subproductos del proceso como fines en sí
mismos, lo cual limita su imaginación y, por lo tanto,
sus opciones. Así como la estructura funcional (vertical)
desarrolla en la gente y reclama una visión lineal
de la efectividad, la transversalidad demanda de los oficiales
a cargo de una estructura matricial, razonamientos basados
en un pensamiento exponencial, donde las alternativas desaparecen
y ceden su sitio a las opciones.
La
instrumentación de la estructura matricial no sólo
demanda un enorme esfuerzo de la organización, sino
que además precisa de una elevada madurez personal
y cultural, ya no para aprovechar mejor las oportunidades
sino para trabajar en la creación de las oportunidades
que permitan el crecimiento sostenido de la ventaja competitiva.
Es
de esta forma que la transversalidad figura como una opción
para la creación de las condiciones del futuro de las
organizaciones efectivas.
Bibliografía
de consulta
(y para el pensamiento transversal)
Hammer
M . & Champy J.; Reingeniería; 1993, Ed. Norma.
Hesselbein, F, Goldsmith M., Beckhard, R; La comunidad del
futuro; 1999, Granica.
Maristany, J.; La acción para el cambio; 1998, Granica.
Hamel, G. y otros; Repensando el futuro; 1997, Norma.
Steiner, G.; Planeación estratégica; 1996, CECSA.
Kofman, F.; Metamanagement (vol. I-II-II); 2001, Granica.
Hamel, G.; Competing for the future; 1994, Harvard Business
School Press. |
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