La
mejor reunión es la que nunca fue convocada.
¿Usted
se siente agobiado por tantas reuniones de trabajo? ¿Sabe
que sería más productivo sin ellas? ¿Acostumbra
pasar de una reunión a otra y llegar al final del día
con la sensación de que no hizo nada? Entonces usted
necesita descubrir que es posible vivir con pocas reuniones,
y no me refiero a mejores reuniones, sino a la posibilidad
de eliminar por completo las reuniones inútiles en
su organización.
Las
reuniones son fallas de la naturaleza.
¿Es
imposible arreglar algo que nunca funcionó? El problema
es que acabar con el hábito de agendar personas en
salas no es fácil. A los gerentes y profesionales les
gusta mucho asistir a éstas, porque se sienten importantes
y con el control de la situación.
Los
colegas se preocupan en asistir a las reuniones porque tienen
la esperanza de que serán tratados temas e informaciones
útiles. Con la valorización de las estructuras
matriciales, del trabajo en equipo y de la gestión
participativa, parece ser imposible trabajar sin reuniones.
Pero ¿cómo hacer para sobrevivir sin éstas?
Trabajar
con pocas reuniones
El
primer paso para acabar con las reuniones es convencerse de
la inutilidad de éstas. Para tal efecto, considere
lo siguiente:
- Las
estadísticas indican que las personas pasan más
de la mitad del día en reuniones.
- Las
mismas difícilmente son bien administradas.
- Se
estima que más del 45% del tiempo ocupado es improductivo.
- Las
reuniones acostumbran a ser dominadas por juegos de poder
y por el deseo de las personas de figurar. El momento en
que usted verá más exhibiciones de inmadurez
es durante una reunión de trabajo.
- Cuando
una reunión se lleva a cabo, el resto para.
Es
posible señalar que las ventas no se cierran en reuniones
internas, y los trabajadores de la construcción no
levantan murallas en reuniones.
Valorizando
el liderazgo
La
mejor forma de crear empresas que no requieran del hábito
de las reuniones, es reforzando la importancia del liderazgo.
Encuentros de trabajo en reuniones pueden ser sustituidos
por comunicación individualizada, delegación
de tareas y coaching. Las jefaturas deben preocuparse en comunicar
objetivos individuales, ayudar a cada subordinado a definir
sus prioridades y acompañar diariamente lo que es hecho.
En otras palabras, deben controlar el rumbo y las acciones
de las personas para que no sean necesarias reuniones a toda
hora.
Es
posible que inicialmente los contactos individuales consuman
más tiempo que una reunión. La diferencia es
que cuando hay apenas dos personas envueltas, las chances
de que la comunicación cumpla su propósito son
mayores. Las historias de gerentes exitosos que he conocido
indican que ellos ahorran tiempo comunicándose separadamente
con los miembros del equipo. Además de eso, mantener
conversaciones individuales regulares tiene un efecto benéfico
sobre la forma en que usted es visto por los otros, ampliando
la responsabilidad personal en la organización y contribuye
para que las personas respondan a la orientación más
pertinente. Esta técnica es llamada de coaching.
Huya de las reuniones ajenas
OK,
usted es un líder y prefiere tratar los asuntos individualmente.
Pero continúa siendo convocado a reuniones de otras
áreas. ¿Qué hacer? Presente su contribución
con anticipación. Esto lo podrá dispensar del
encuentro. Manténgase ocupado y productivo, en otras
palabras no sea blanco fácil. Finalmente, dé
el ejemplo. Al administrar el trabajo sin reuniones, usted
influenciará al resto del equipo.
Si
no se pudo escapar, prepárese
Hay
momentos en que dejar de asistir a una reunión es inevitable.
Para esas situaciones, van aquí algunos consejos:
Restrinja
los objetivos y el temario:
Reuniones
para discutir un montón de cosas suelen terminar sin
que nada sea resuelto. Señale por escrito sus objetivos,
seleccionando los dos o tres más viables. Defina el
abordaje de cada asunto y las preguntas que hará a
los participantes.
Limite
la lista de invitados:
No
caiga en la tentación de convocar a todos los que podrán
verse afectados por el asunto de la reunión. Llame
apenas a quien tiene influencia y podrá tomar decisiones
sobre el tema.
Fíjese
un límite de tiempo:
Las
reuniones deben tener una hora para comenzar y otra para acabar.
Piense en el horario marcado para el fin y esfuércese
para terminar el encuentro, si es posible, antes.
Tabla
de la reunión:
Prepare
los temas que usted va a tratar con otros anticipadamente.
Así todos podrán prepararse. Mientras menos
planificada la reunión, mayor la posibilidad de que
ésta se salga de su foco.
Inicie
a la hora:
La
mejor forma de establecer su autoridad en la reunión
es iniciarla a la hora.
¿Terminó?
Salga de la sala:
Esta
es la mejor señal que usted puede dar de que su tiempo
y su equipo valen mucho. Si no fue todo resuelto, no extienda
la reunión para poder “salvarla”. Sea cual
fuere la dinámica que le impidió llegar a los
objetivos, ésta estará presente aún en
la sala.
Finalmente,
recuerde que la mejor forma de tomar decisiones es en reuniones
de cuatro personas, tres de las cuales estén ausentes. |