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La
figura del –según mi entender– erróneamente
denominado “Mando Medio”, es normalmente representada
como el “jamón del sándwich”, “el
amortiguador” y otras tantas calificaciones que no hacen
más que desfigurar un rol clave en toda organización.
La
denominación “Mando Medio” remite a una
arcaica pero vigente concepción organizacional en donde
pocos piensan (generalmente el Gerentes y los Directores)
y muchos hacen (Mandos Medios), en un mundo organizacional
donde el organigrama pronto será una pieza de museo.
En
el párrafo anterior, casi por deformación profesional
se nombran tres funciones, tres rótulos que no son
más que eso: Director-Gerente-Mando medio. El contexto
actual, signado entre otros indicadores por la nueva relación
hombre-trabajo, terminará supeditando todo “cargo”
a un conjunto de responsabilidades, entre las que destaco
la toma de riesgos responsables para administrar proyectos,
y no para gestionar rutinas.
Gradualmente,
el cargo dará espacio al rol, y los roles no se grafican
en ningún organigrama, sino que se asumen, por lo que
la actitud responsable (incluso más allá del
conocimiento técnico específico requerido para
la función) será, entre otras, el valor agregado
de este “nuevo” profesional, ex Mando Medio.
En
este escenario, el aún denominado Mando Medio deberá
reconvertirse hacia una figura que yo llamo “Implementador
de Proyectos”. Hoy las personas, más que conocimiento,
aportan (o deberían hacerlo), el saber qué hacer
con ese conocimiento, cómo convertirlo en aprendizaje
organizacional, incluso a través del error, por eso
hablo de asumir riesgos, pero de manera responsable.
Adicionalmente,
en un contexto donde cada vez pierde más peso el concepto
de “carrera profesional”, para migrar lenta pero
sostenidamente al de “proyecto profesional”, más
acotado y con metas claras de permanencia en la empresa, continuar
encasillando a personas en una función plenamente operativa,
puede resultar costoso, desde todo punto de vista, a las organizaciones.
Sostengo
esta afirmación basado en las investigaciones del psicólogo
del MIT Edgar Schein, creador del concepto “Amarres
de Carrera”, o “Anclajes de Carrera”, quien
realizó un seguimiento de las carreras de egresados
universitarios durante más de veinte años.
Schein
observó que la forma en que una persona toma sus decisiones
de trabajo se encuentra “prefigurada” en las decisiones
que ha tomado en su etapa de formación universitaria,
por lo que va configurando una imagen de sí mismo que
incluye tres aspectos predominantes.
-
La percepción que posee de sus propias capacidades,
destrezas y de su talento natural.
-
Los valores (creencias rectoras profundas) que guían
su devenir como profesional (poder, libertad, lealtad,
responsabilidad, etcétera).
-
Los motivos y las necesidades que irán modificándose
a lo largo del tiempo, o “movilidad motivacional”,
por el hecho de que vamos migrando de necesidades a medida
que nos desarrollamos profesionalmente.
Esta
autopercepción, o imagen de sí mismo, evoluciona
bajo la forma de “loop”, o tirabuzón, impactando
de manera gradual pero sostenida en los tres componentes enunciados
por Schein.
De
esta forma, se configura un patrón constante, que “ancla”
las decisiones laborales, por lo que las personas, en la búsqueda
de satisfacer la imagen que tienen de sí mismas, refuerzan
el patrón y van consolidando el ancla. Así,
siendo uno capaz de, o ayudado a, descubrir la propia imagen,
obtendrá una fuerza que permita pensar con mayor asertividad
y criterio las decisiones laborales que tomará a lo
largo de su “proyecto” profesional.
Considerando
este tipo de conocimientos que nos permiten indagar y conocer
más de las motivaciones trascendentes y su impacto
en el desempeño laboral, hay dos actores clave que
deberían empezar a pensar esto: los “jefes”
de los “Mandos Medios”, reformulándose
de cara a su contexto de negocios, qué pretenden de
dicha función, si “caros” asistentes, impulsadores
de rutinas, pero capaces de auto percibirse y decidir sobre
su proyecto profesional, o líderes de proyectos rentables
que faciliten la implementación de la estrategia de
negocios definida.
La
reformulación de la “misión” del
mando medio, su aporte al negocio, la definición de
indicadores, y la formulación de índices que
permitan conocer su verdadero valor agregado, deberían
ocupar una agenda un poco más abultada entre los Gerentes
de área y, especialmente, de Recursos Humanos, como
aporte a su generalmente deslucida percepción de su
rol dentro de la organización.
Por
otro lado, ciertas escuelas de negocios siguen ofreciendo
Programas de “Desarrollo para Mandos Medios”,
algunas de ellas con una concepción a mi criterio alejada
del nuevo escenario, ya sea desde su diseño, desde
sus contenidos, o incluso desde los mensajes.
NUEVAS
COMPETENCIAS PARA UN NUEVO ROL:
De
acuerdo con nuestras investigaciones, efectuadas en prácticamente
toda Latinoamérica a lo largo de los últimos
cinco años, la que sigue bien podría ser la
dinámica esperada para la función de los todavía
llamados “Mandos Medios”.

DIAGNOSTICAR:
Capacidad
para leer e interpretar tanto el contexto de negocios (variables
micro y macro económicas, oportunidades y riesgos,
etc.), como las de entorno (administración de recursos
escasos, motivaciones de su equipo, gerenciamiento de opuestos,
tales como calidad vs. costos, corto plazo vs. largo plazo,
etc.).
DECIDIR
RESPONSABLEMENTE:
El
nuevo profesional deberá ir más allá
del diagnóstico, no quedarse en la foto. Asumir riesgos
de manera responsable “pese a…”, ya que
hoy no se requieren del Mando Medio solamente diagnósticos,
sino toma de riesgos y de decisiones responsables, desde una
actitud profesional proactiva y orientada a resultados.
INFLUENCIAR
CON VISIÓN 360º:
La
nueva figura debe ser capaz de influenciar a su equipo a través
de un concepto de influencia “radial” ó
de 360 grados, es decir, deberá encaminar a las personas
(colaboradores, jefe, equipo, proveedores, etc.) al logro
de sus objetivos, pero sobre la base de una decisión
efectiva, alimentada a su vez por información confiable.
IMPLEMENTAR
/ MEJORAR:
Hacer
y hacer que otros hagan, desde la práctica de un liderazgo
justo, ser consciente de que es miembro de una cadena de valor,
que posee proveedores y clientes, tanto internos como externos,
a quienes brindar un servicio de calidad. Para lo cual cuenta
con procesos operativos clave, que deben ser actualizados
y ajustados de acuerdo a las nuevas demandas de dichos clientes.
A partir de allí, medir y detectar posibles nuevas
brechas, con lo que el circuito deberá retroalimentarse
permanentemente.
El
rol del aún denominado Mando Medio está en una
etapa de reformulación, explícita o no, pero
gradualmente nada será como antes. Queda en manos de
gerencias funcionales y de Recursos Humanos hacer la necesaria
reconversión, orientada a reposicionar un rol crítico
en la implementación de la estrategia y en la decodificación
de la información para la toma de decisiones gerenciales. |
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