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La
gestión de conocimientos es un término surgido
a principios de la década de los ’90, que ha
adquirido mucha popularidad en los últimos años
y que puede definirse como el conjunto de procesos que dirigen
el análisis, diseminación, utilización
y traspaso de experiencias, información y conocimientos
entre todos los miembros de una organización para generar
valor.
Según
la definición de Ovum, se trata de "la tarea de
desarrollar y explotar los recursos tangibles e intangibles
del saber de una empresa". Los recursos tangibles serían
las patentes, licencias, información sobre clientes,
proveedores, productos y competidores, trabajos de investigación,
etc. Los intangibles serían los conocimientos y experiencias
de los empleados, el know-how de la empresa, etc.
Sin
embargo, la gestión de conocimientos no consiste en
el flujo indiscriminado de información a través
de una organización, ya que la información es
simplemente un conjunto de datos. Por el contrario, el conocimiento,
el saber, implica depurar y añadir valor a la información,
llegar a una solución o decisión en una situación
real, interpretando esos datos dentro de un contexto.
Esta
transferencia de conocimientos, de best practices,
de know-hows... es lo que realmente aporta un valor
diferencial a la empresa frente a sus competidores, y es por
ello que la mayoría de las empresas y multinacionales
están implantando este sistema de gestión de
dirección en sus respectivas organizaciones desde hace
ya varios años.
Este
tipo de gestión puede aportar grandes beneficios a
una empresa, como reducción de costes, del tiempo de
toma de decisiones, etc. Algunas empresas que han experimentado
estos beneficios son: IBM, que ha reducido el tiempo de redacción
de propuestas de 200 a 30 horas, debido a que comparten la
información; Xerox Corp., que ha reducido el tiempo
medio de las reparaciones en un 50 por ciento; British Petroleum
donde, según su jefe de gestión de conocimientos,
Kent Greenes, el valor añadido que han obtenido de
este tipo de gestión asciende a 100 millones de dólares,
etc. Según Bruce Taylor, de la revista americana KMWorld,
algunos estudios revelan que el retorno sobre la inversión
en la gestión de conocimientos suele ser del orden
de un 1.000 por ciento.
A
pesar de estos beneficios, también son muchas las organizaciones
que no han sabido implantar eficazmente la gestión
de conocimientos, ya que ésta puede presentar una serie
de problemas a los que no todas las empresas saben o pueden
dar una solución eficaz. Entre estos problemas cabría
citar:
1.
En primer lugar, es necesario saber diferenciar bien entre
información y conocimientos útiles para la organización,
ya que son estos últimos los que deben transmitirse.
2.
En segundo lugar, también hay que determinar cuáles
serán las herramientas a través de las cuales
se va a difundir y compartir esa información. Evidentemente,
la tecnología (video, audio, intranet, Internet, correo
electrónico...) es el método más rápido
y eficaz para dicha difusión, pero muchas empresas
han fracasado en el intento por considerar a la tecnología
un fin en sí mismo y no un medio de conocimiento, y
por usarla simplemente para almacenar sus datos, sin una estructuración
y gestión eficaz de los mismos.
3.
A pesar de que la mayoría de las organizaciones están
de acuerdo en que el conocimiento más valioso es el
que reside en los propios empleados, otro problema importante
en la gestión del conocimiento es el propio factor
humano, ya que estamos hablando de conocimientos que se guardan
en la cabeza y que hay que traspasar a los medios electrónicos.
Además, también hay que tener en cuenta la tendencia
que tiene la gente a acaparar conocimientos sin traspasarlos,
incluso de forma inconsciente debido, en la mayoría
de los casos, al desconocimiento sobre la importancia del
traspaso de esos conocimientos o, simplemente, a la falta
de tiempo o de medios.
Por
ello, se hace necesario potenciar el elemento social y la
comunicación humana en la transferencia de los conocimientos
a través de un cambio o reestructuración de
la cultura corporativa que facilite y fomente dicha comunicación.
El
propio Karl-Erik Sveiby, padre de la gestión de conocimientos,
sugiere ciertos cambios culturales y prácticas para
crear un espacio en el que prospere el conocimiento:
- Los
propios directores generales deberían resaltar el
hecho de que el éxito o el fracaso de la empresa
dependen de la capacidad creativa de la mente.
- Es
necesario animar a los empleados a reflexionar y, por supuesto,
darles el tiempo necesario para que lo hagan.
También
sería conveniente hacer una reforma de las oficinas
y reasignar los espacios en función de la creatividad.
Una
vez que se tiene el ambiente propicio, son los propios empleados
los que tienen que hacerse cargo de la gestión de conocimientos
y, al ser los últimos responsables de dicha gestión
y de los conocimientos, esto les motiva para intentar mantenerse
continuamente actualizados en sus conocimientos y en su traspaso,
ya que son las mismas personas las encargadas de reunir esos
conocimientos y de aplicarlos.
Por
último, también es importante tener en cuenta
que, una vez realizados estos cambios y creado un ambiente
propicio de comunicación, todo lo demás depende
del propio personal. Si los empleados de una empresa son alumnos
y profesores natos, el traspaso de conocimientos no presenta
problema alguno. En Intel, por ejemplo, se han formado 24
grupos de negocio que trabajan en proyectos de gestión
de conocimientos, ya que sus trabajadores son plenamente conscientes
de que su trabajo es inseparable del intercambio de conocimientos
día a día.
Por
ello, las empresas que están implementando o que ya
tienen implementado un sistema de gestión de conocimientos,
tienden cada vez más a cambiar sus modos de contratar
y de formar a sus empleados, y contratan a personas que quieran
colaborar y trabajar en equipo, que tengan habilidad para
aprender y transferir sus conocimientos de manera informal
en el trabajo.
En
resumen, el éxito en la implementación de un
sistema de gestión del conocimiento que aporte valor
a la empresa, depende de la dirección general, de la
cultura corporativa y del compromiso de los propios empleados
con el proyecto. Como comenta Arie de Geus en su libro "La
Empresa Viviente": "aprender más rápido
que la competencia es la única ventaja competitiva
sostenible".
Fuente:
Training & Development Digest, mayo de 2.000.
Reproducido con autorización de Canalwork.com
Fuente:
Training & Development Digest, mayo de 2.000.
Reproducido con autorización de Canalwork.com
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