Empresas
contratan profesionales especialmente para planificar el mañana.
Esos visionarios corporativos están ganando cada vez
más fuerza en las organizaciones.
Planificación
de largo plazo es algo que se transformó en leyenda
en las empresas. Puede hasta existir, pero la mayor parte
de los profesionales nunca la vio. Están tan sumergidos
en lo cotidiano que poco tiempo tienen para preocuparse con
el día de mañana. Esta realidad ha llevado a
muchas corporaciones a temer por la propia sobrevivencia,
ya que cualquier negocio depende esencialmente de capacidad
de innovación y por consiguiente, de visión
de futuro.
¿Sabe
usted cuál ha sido la salida de algunas empresas para
este desafío?
Destacar
representantes de sus mejores cuadros para la tarea de investigar
cómo será el mercado en un horizonte de cinco
años y preparar a los colegas para los cambios que
se anuncian a partir de esa investigación. Con eso
surge un nuevo modelo en sustitución de aquel en que
todos comparten la responsabilidad de consultar la bola de
cristal en medio de la correría del día a día:
mientras tanto un equipo se dedica a enfrentar la rutina diaria,
otro piensa en el futuro.
Los
cargos ocupados por los visionarios corporativos acostumbran
tener nombres genéricos, como “planificación
estratégica”, “desarrollo de nuevos negocios”
o “desarrollo e investigación”. Pero en
otras organizaciones la denominación puede ser más
explícita como “gerente de planificación
a largo plazo”.
En
estos casos se verifican reuniones semanales con sus subordinados,
en las cuales la pauta es simplemente el futuro. Hacer un
brain storm o lluvia de ideas, y a partir de ahí se
puede profundizar la investigación de lo que parece
más interesante y pertinente. La misión del
equipo es prevenir cambios de escenario significativos o suficientes
para, por ejemplo, llevar la compañía a apostar
en un proyecto o desistir de éste.
No
siempre ese tipo de discusión es comprendido por los
colegas dedicados a la batalla diaria por el “gana-pan”
de la empresa. En un mercado que exige decisiones siempre
urgentes, ser considerado para cuidar de la planificación
de largo plazo todavía puede ser visto como señal
de desprestigio, aunque ese trabajo tenga directa influencia
en decisiones que pueden envolver cifras millonarias.
Más
difícil aún para nuestra cultura latina, donde
el futuro y la innovación se limitan, en muchos casos,
a adaptar lo inventado o construido en la cultura anglosajona.
Un
dictado popular dice que “cuando alguien le copia a
alguien, eso se llama plagio, cuando alguien le copia a varios
eso se llama investigación”.
No
basta viajar anualmente a ferias internacionales donde se
muestran las nuevas tecnologías para hablar de innovación
y visión de futuro. Tampoco es válido dedicarse
a la planificación de largo plazo cultivando fuentes
de información de terceros y la aplicación de
modas administrativas que lo solucionan todo. Por encima de
todo, requiere del desarrollo de una forma empresarial creativa
que mire el futuro no como la continuación del presente
con algunas modificaciones. |