Mucho
se ha hablado del trabajo en equipo; se ha definido, estructurado
y empaquetado para que todo aquel que requiera explorar su
concepto y ponerlo en práctica tenga en sus manos todo
lo que se cree necesario para ello.
El
trabajo en equipo es una bandera que enarbolan casi todas
las empresas e instituciones, en especial aquéllas
donde se requiere la participación de un importante
número de personas para completar una tarea. Se habla
de equipos multidisciplinarios, equipos de alto desempeño,
y de equipos autodirigidos, entre otros conceptos, destacando
sus características como si se estuviera describiendo
una computadora o un auto de última generación,
cuando en realidad, en esto del trabajo en equipo, se debe
dar crédito a las palabras que alguna vez dijo Luís
XIV de Francia, al referirse al Estado, pero en este caso,
la frase ha de ser: ¡El “equipo” soy Yo!
¿Qué
cómo es eso? Sencillo: el trabajo en equipo no es cuestión
de muchos, corresponde únicamente a la persona. En
este breve resumen observará algunas de las exposiciones
que se hacen en el capítulo del mismo nombre de mi
libro Gerentes Ineptos, donde se explica a detalle
por qué el concepto de esta herramienta no sólo
debe ser revisado sino que ha de sufrir una reorientación,
pues tal y como se le ve en el presente, no pareciera cubrir
la magnitud de lo que representa en realidad.
Ahora
bien, una de las fantasías administrativas más
generalizadas ronda en torno al trabajo en equipo. Aunque
no lo parezca, tanto personas experimentadas como inexpertas
concluyen que esta herramienta puede ser introducida en un
departamento o empresa a través de charlas, cursos
o encuentros con su personal. Hay quienes la introducen en
sus políticas y normas, incluso imaginan que es posible
garantizarla si al momento de la entrevista de selección
se le pregunta al candidato si se siente bien trabajando en
equipo, o sometiendo al mismo a actividades donde lo demuestre.
Algunas
otras dan por obvia la respuesta, afirmando para sí
mismas que la gente tiene que trabajar en equipo, que es una
exigencia propia de los tiempos que vive la administración,
y por ende no debe ser siquiera consultada.
Pues
bien, la realidad es otra. El trabajo en equipo, más
que una herramienta, es una aptitud.
El
trabajo en equipo no se decreta, no se implanta como un chip
en la cabeza de los empleados ni en los representantes de
la empresa y, más aún, no puede ser considerado
una exigencia o una obligación, ya que al instante
de presentarse como tal no se observarán más
que rechazos.
El
trabajo en equipo es una aptitud propia de cada persona. Los
seres humanos no están programados genéticamente
para trabajar en equipo ni deben estarlo. Algunos muestran
ese talento y otros no, esto no hace descartables a quienes
no logran desarrollar esta competencia. Recuerde que algunos
de los más grandes genios de la historia han ofrecido
al mundo productos extraordinarios desde la soledad de sus
talleres o aposentos.
Si
la persona no posee la aptitud del trabajo en equipo, por
más charlas, cursos, seminarios o imposiciones a los
que sea sometida, no logrará engranarse y demostrar
lo que la imaginativa colectiva exige y el paradigma dominante
reclama con relación a ese concepto.
El
trabajo en equipo, tal y como se entiende, tiene más
relación con el concepto de equipos de trabajo que
con la verdadera idea de lo que ha de ser un equipo per se.
Veamos:
•
Los equipos de trabajo son el resultado de la agrupación
de personas con competencias específicas y desarrolladas,
que al alinearse producen sinergia y agregan valor, pero eso
puede ocurrir sin que exista el idílico sentido que
le imprime al concepto del “equipo”, aunque no
se puede negar que cuando ello sucede los resultados suelen
superar todas las expectativas.
•
Los equipos de trabajo responden a la planificación
y el ordenamiento de la empresa. Es ella la que determina
quiénes y cuánto tiempo han de entrelazar sus
conocimientos en pro de una meta específica, por lo
que contiene todo lo que usualmente se le atribuye de manera
errada al trabajo en equipo, esto es: jerarquía, liderazgo,
metas y procedimientos.
En
cambio, el trabajo en equipo es una expresión espontánea,
natural, que obedece más a la empatía, la conexión
emocional y la visión compartida de sus integrantes
que a elementos de índole formal o administrativos
impuestos por agentes exógenos. Aun cuando trabajan
por un objetivo común, no existen imposiciones ni compromiso,
reina la intradisciplina, la identificación y la coestima.
Pero
solo si la persona posee la aptitud para el trabajo en equipo
es que este fenómeno administrativo, soñado,
deseado, y hasta forzado por muchos, se hace presente, e imprime
a los resultados esa energía que requieren para sobresalir
y alcanzar lo que se han propuesto. De lo contrario el trabajo
se hace, sí, pero con altos costos de frustración,
malestar e imposición experimentados en diferentes
niveles.
Luis
XIV de Francia se equivocó, el Estado somos todos,
pero cuando se trata de trabajar con sinergia y agregando
valor, prevalece la aptitud y ahí, sin duda alguna:
¡el “equipo” soy Yo! |